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martes, 31 de diciembre de 2013

UBALDO PASARÓN LASTRA

PASARÓN LASTRA, Ubaldo
[Vivero, 16 de agosto de 1827 / Santo Domingo, 1 de marzo de 1864]

Nació en Vivero, en la provincia de Lugo, el 16 de agosto de 1827 y falleció en Santo Domingo, capital de la República Dominicana, el 1 de marzo de 1864.
Como sus hermanos mayores Antonio, Celso y Benito, también siguió la carrera de las armas, tutelado por sus hermanos, que siempre le protegieron y ayudaron en su carrera militar. Perteneció al Arma de Ingenieros, como Antonio, y se formó en la Academia de Guadalajara. Terminado su período de formación, y con el empleo de Subteniente, estuvo destinado en el Regimiento de Granaderos de la Reina, en el que su hermano Celso era Teniente Coronel. Pasó al Regimiento de Soria y el 11 de julio de 1844 ascendió al empleo de teniente, siendo destinado al Regimiento de África número 7, que dejó temporalmente en mayo de 1847 para disfrutar de una licencia sin sueldo. Se reincorporó en 1848 en la Primera Compañía del 2º Batallón del Regimiento de Ingenieros.
En 1855 fue trasladado a la isla de Cuba, donde su hermano Ramón había sido nombrado Intendente General. En 1861 la República Dominicana solicitó ser anexionada de nuevo a España, aunque esta decisión contó con la firme oposición de muchos dominicanos, por lo que el general Domingo Dulce, que entonces era Capitán General de Cuba, envió tropas españolas a la isla de Santo Domingo. Ubaldo Pasarón Lastra ya había permanecido seis años en el Caribe, por lo que podía haber solicitado un nuevo destino en la Península, pero prefirió formar parte de esta expedición militar.
Aunque la Guerra de la Restauración no comenzó hasta 1863, desde 1862 hubo actividad guerrillera en la República Dominicana (asalto a la guarnición de Moca, partidas armadas en El Cercado...). Ubaldo Pasarón, que tenía una salud delicada, contrajo unas fiebres en el campamento de Santa Cruz del Seibo y el 1 de marzo de 1864 falleció en la ciudad de Santo Domingo.
Su obra literaria
Desde muy joven mostró una gran inclinación por la literatura. Durante su estancia en la Academia de Ingenieros militares de Guadalajara publicó sus primeros artículos en El Buen Deseo, un periódico publicado en la capital alcarreña en el año 1846. En su número del 16 de septiembre de 1846 se reprodujo este soneto, titulado “A un sauce”:
“¡Sauce! Tu lloras sin hallar consuelo / y destilas el llanto del rocío / y siempre solitario y siempre frío / empapas con tus lágrimas el suelo. // Tu no encuentras solaz a tu desvelo / ni te placen las auras del estío / y sufres el horror del hado impío / sumido en triste y eternal anhelo. // Tu indiferente escuchas los cantares / que te brindan los dulces ruiseñores / en combinado y armonioso trino... // Cargado yo también con mis pesares / cual tú, Sauce, sucumbo a mis dolores / llorando siempre mi fatal destino”.
Siguió colaborando con otras revistas como la madrileña El Trono y la Nobleza, en la que también escribió Gustavo Adolfo Becquer. Además, publicó una colección de poemas en dos tomos, titulada Poesías y Leyendas, y varias obras para el teatro: Una página de amor, Todos son locos, Por honor, vida y amor o La verdad contra el derecho y se puso música a alguna de sus composiciones poéticas, como La tórtola.
Supo aunar su afición por la literatura y su conocimiento militar escribiendo numerosos artículos y tratados de la ciencia castrense. Fue redactor de La Iberia Militar y colaborador de otras publicaciones. Escribió el volumen sobre “Arte Militar” de la Enciclopedia Moderna del impresor Francisco de Paula Mellado, la primera enciclopedia publicada en España y que constaba de 34 tomos que fueron publicados entre 1851 y 1855. También publicó Instrucción castramentaria o breve método para acampar la Infantería en yermos y despoblados y Milicia y Organización, donde consignaba curiosas noticias acerca de la literatura militar española. A él se debe también un Atlas crítico de la historia de España y Universal del Adelanto humano desde la edad más remota hasta nuestros días, publicado en 1860.
También mostró interés por las relaciones de España con el norte de África, redactando el prólogo para una nueva edición del Compendio de la historia de los árabes y bereberes de Florián Caballero que vio la luz en Nueva York en 1860, o publicando tres notables artículos bajo el título común de “Marruecos y su plan de conquista por España”. En 1860 publicó en cuatro volúmenes sus obras completas, que abarcaban todas las materias, editadas en Nueva York y en La Habana.
Precursor de la aerostación
Pero lo más destacado de su biografía, siendo notable lo demás, fue su faceta como inventor. En las primeras semanas de 1862, y poco antes de embarcar hacia Santo Domingo, solicitó patentar tres inventos: la locomoción eléctrica, los transportes aerostáticos por gas y, sobre todo “la navegación aereostática de fijo rumbo y velocidad arbitraria”, proyecto del que se recogía una breve información en la Gaceta de La Habana del 24 de abril de 1862. En La Prensa de La Habana se publicó que el gobierno le había concedido una patente por cinco años “para el uso y propiedad de una máquina aeronáutica que ha inventado para la traslación de lastres y personas a cualquier distancia”, y la noticia se difundió por toda España.
La solicitud de la patente no estaba basada exclusivamente en una quimera, y llegó a exponer sus teorías en un folleto titulado “Pilotaje aereonáutico por Don Ubaldo Pasaron y Lastra, descubridor de la navegación atmosférica”, en el que explicaba que utilizado para el reparto del correo, su “flotante correo universal circunnavegador” podría transportar hasta cien millones de cartas en una sola semana.
Aunque su estudio le convierte en un precursor de los dirigibles y, por lo tanto, de la navegación aérea, la noticia fue acogida en Cuba y en España con escepticismo o con burla. En La Discusión se leía “Pronto volaremos. El gobierno superior de la isla de Cuba ha concedido patente de privilegio por cinco años á D. Ubaldo Pérez Pasaron Lastra y Trelles, para el uso y propiedad de una máquina aeronáutica que ha inventado para la traslación de lastres y personas á cualquiera distancia”, añadiendo La España que si el invento no se caía, quizás “no pueda trasportar los muchos laureles con que le adornará el mundo”.
Sin embargo, y a pesar de sus intentos por desmontar las críticas públicas con la publicación de su libro, no cesaron las bromas sobre el inventor, hasta el punto que hasta el periódico satírico madrileño El Moro Muza le dedicó un artículo jocoso en la primera página de uno de sus números. Su temprana muerte le impidió llevar a la práctica su proyecto y acallar las dudas sobre la viabilidad de su dirigible.
JUAN PABLO CALERO DELSO

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