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domingo, 1 de diciembre de 2013

AGAPITO FRÍAS SÁEZ

FRÍAS SAEZ, Agapito
[ ¿?, 24 de marzo de 1862 / ]

Agapito Frías, popularmente conocido como Tito Frías, nació el 24 de marzo de 1862. Tuvo dos hermanos: Dolores Frías, que falleció el 14 de abril de 1901 en Peñalver, donde su hermano Agapito estaba empleado como Secretario municipal, y otro hermano que en esa misma fecha era Secretario en el pueblo de Casa de Uceda.
En diciembre de 1896 contrajo matrimonio con Salud Gilolmo Retuerta, maestra de Primera Enseñanza, que en 1908 formó parte de la Junta Provincial de Instrucción Pública. Uno de sus hijos nació en agosto de 1905 y falleció en diciembre de 1906 y otro, de nombre Nazario, falleció a los doce años en junio de 1918.

Su militancia carlista
Su derrota en 1876 en la Tercera Guerra había llevado el desánimo a los carlistas alcarreños, condenados además a la ilegalidad hasta las reformas emprendidas por el gabinete liberal de Sagasta a partir de 1881. Fue entonces cuando salieron a la luz las profundas diferencias internas que cuarteaban al partido carlista, en parte como consecuencia de la derrota militar y del análisis de sus causas. En esos años el carlismo provincial tenía a Isidoro Ternero Garrido, que había sido diputado y conspirador, como su militante más reconocido.
Pero en 1891 Isidoro Ternero abandonó el carlismo y en una sorprendente pirueta ideológica se integró en el Partido Radical, furibundamente republicano, de Manuel Ruiz Zorrilla; bien podía decir en 1895 la prensa de Guadalajara que “el partido carlista cuenta con numerosos defensores, pero sin un jefe caracterizado y de prestigio”. Lo encontró en José de Sagarmínaga, un joven abogado cuya popularidad no había dejado de crecer dentro y fuera de las filas del carlismo desde 1886. Fue él quien constituyó en 1895 una nueva Junta Directiva Provincial, que presidía, con la colaboración del catedrático Miguel Rodríguez de Juan, del notario José Carabaño, del propietario agrícola José Trillo, de los industriales Mariano Hernández, Antonio Pellés y Julián Poyatos, y con el apoyo de Claro Abánades, al frente de las juventudes del partido, del periodista Benigno Bolaños, un molinés que dirigía El Correo Español con el seudónimo de Eneas, y de Agapito Frías, que intervino como secretario en el acto de constitución de esta nueva Junta.
 Una vez reconstruido, el partido realizó una amplia campaña de propaganda con la celebración de numerosos mítines, como el que reunió en septiembre de 1895 a casi medio millar de carlistas en Sacedón que, tras oír misa oficiada por Ramón Arrazola, escucharon a José de Sagarmínaga, Julián Poyatos, Pedro Lorente y Agapito Frías. Además publicaron diversos periódicos de influencia carlista: La Verdad de Guadalajara, que dirigía Miguel Rodríguez de Juan, y La Torre de Aragón y El Vigía de la Torre de Molina de Aragón, que impulsaba Claro Abánades. Hasta se distribuyeron libritos de papel de fumar con retratos carlistas que fueron retirados por las autoridades.
Como resultado de este esfuerzo propagandístico, en muy poco tiempo se crearon 129 Comités en otras tantas localidades de la provincia, una cifra muy elevada pues, a pesar del agobiante caciquismo liberal, en uno de cada tres pueblos de la circunscripción alcarreña existía organización del partido carlista, aunque en algunos casos, como Rillo de Gallo en el Señorío de Molina, la Junta se disolvía bajo la presión del caciquismo, que contaba con los resortes del Estado, incluida la Guardia Civil, inquietos ante la reconstrucción carlista y no sin razón, pues en 1897 hubo en Millana un motín protagonizado por grupos de carlistas armados.
Pero la temprana e inesperada muerte de José de Sagarmínaga en 1897 provocó una crisis de confianza en el seno del Partido y debilitó al carlismo alcarreño, que sufrió un lento goteo de deserciones hacia los partidos dinásticos, que incluyó a Agapito Frías y a Miguel Rodríguez de Juan, abandonos a los que se sumó al traslado a Madrid de Claro Abánades y la muerte de Benigno Bolaños. En los años de transición del siglo XX al siglo XX, el carlismo vivía en Guadalajara una evidente decadencia.
A principios del año 1899 se advirtió un viraje ideológico en Tito Frías; ese año una coalición de socios que pertenecían a la burguesía más rancia y conservadora se hizo temporalmente con el control del Ateneo Instructivo del Obrero, que hasta entonces dirigían los republicanos: Facundo Martínez, Alfonso Martín Manzano y Manuel María Vallés presidían una Junta Directiva que tenía a Agapito Frías como bibliotecario. Al año siguiente, los republicanos recuperaron el control del Ateneo Obrero de la mano de Ubaldo Romero de Quiñones, Tiburcio Fernández y Felipe Pérez Cerrada; pero Agapito Frías se mantuvo en la directiva como vicepresidente de la Mesa de Discusión. Ya no abandonó su actividad como socio del Ateneo Obrero; en 1914 formó parte como su delegado en la comisión que se formó en la provincia para impedir la ejecución de los llamados “reos de Maranchón”, que habían sido condenados a la pena de muerte por la Audiencia Provincial, y todavía dos años después fue elegido contador en su Junta Directiva.
En los comicios municipales de 1903 fue interventor electoral a propuesta de los candidatos conservadores, pero esa fugaz adscripción al partido conservador sólo fue el paso intermedio hasta las filas del liberalismo. Esa travesía desde el carlismo más montaraz hasta el conservadurismo dinástico para recalar en las filas del liberalismo romanonista estuvo favorecida por la astucia del conde de Romanones que siempre procuraba atraer a sus filas a sus enemigos políticos más acérrimos, en lugar de perseguirlos o arrinconarlos: lo hizo con conservadores como Mariano Villanueva, con republicanos como Félix Alvira, con carlistas como Miguel Rodríguez de Juan o con socialistas como Juan Gómez Crespo.

Su actividad profesional
Esa metamorfosis ideológica permitió a Agapito Frías conseguir réditos sustanciales en su vida profesional. En el año 1883 había entrado a trabajar como empleado de la Diputación Provincial con un modesto sueldo de 500 pesetas, y en la corporación provincial desarrolló una notable carrera administrativa. En noviembre de 1901 fue destinado a la Sección de Cuentas de la Diputación, y en 1916 era Jefe de dicha dependencia, obteniendo una subida salarial de 2.500 a 3.500 pesetas anuales de acuerdo con un nuevo Reglamento que acababa de ser aprobado, un cargo que seguía conservando en 1925, pero por el que percibía unos haberes de 6.000 pesetas.
Mientras tanto, y de forma interina, fue nombrado Secretario de Ayuntamiento: en 1901 ocupó este destino en el Ayuntamiento de Peñalver y en 1912 lo fue del de Torija por cese del anterior Secretario, Mariano Segovia.
Su vocación política no se agotó con su salida del carlismo, y fue un miembro activo de la Asociación de Secretarios municipales de la Provincia de Guadalajara, participando en representación de sus compañeros alcarreños en diferentes encuentros nacionales. Así en mayo de 1914 participó en la Asamblea de Secretarios municipales que se convocó en Madrid, formando parte de una de las comisiones elegidas para el estudio de algunas reformas legales que afectaban a estos funcionarios, y en 1918 les representó en la Junta Directiva de la Asociación de funcionarios provinciales y municipales.
El 2 de noviembre de 1906 salió de imprenta el primer número del periódico El Descubridor, que había nacido del impulso y se publicaba bajo la dirección de Tito Frías; sin embargo, su vida no pudo ser más fugaz, pues en diciembre de ese mismo año dejó de publicarse. Ni siquiera en tan breve plazo pudo librarse de una denuncia del Ayuntamiento arriacense por haber denunciado la desaparición de un montón de cal que había en el patio de la Casa Consistorial.
JUAN PABLO CALERO DELSO

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