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sábado, 9 de junio de 2018

GREGORIO GARCÍA MARTÍNEZ

GARCÍA MARTÍNEZ, Gregorio
[Guadalajara, 1824 / 1894]

Nació en Guadalajara en 1824, y falleció en la misma ciudad el 30 de abril de 1894, en su domicilio del número 1 de la Calle de San Ginés. Hijo de Gregorio García Tabernero y de Andrea Martínez Gutiérrez, era hermano de Joaquina, Diego y Clementina García Martínez. Su biografía estuvo marcada por su pertenencia a la principal familia de la élite burguesa de la provincia, pero siempre estuvo a la sombra de su hermano mayor. Permaneció soltero toda su vida.
Hijo de uno de los principales terratenientes de la provincia, fue un rico propietario urbano y agrícola, que durante el Sexenio Revolucionario aparecía en el puesto número 37 de la lista de mayores contribuyentes de la provincia por imposición territorial. Incrementó notablemente la rica herencia recibida, sobre todo gracias a la desamortización puesta en marcha por Pascual Madoz en 1855, proceso que respaldó públicamente con un extenso y bien argumentado artículo, publicado en el Boletín Oficial de la Provincia de Guadalajara el 14 de mayo de 1855, en el que alentaba a los municipios a vender sus bienes de propios y proponía fundar un banco provincial.
Sólo en la ciudad de Guadalajara tenía un molino aceitero en la travesía de Santo Domingo y contaba con sus propias bodegas en la capital, que competían con las de su hermano Diego. Además poseía algunas fincas urbanas, como la del número 1 de la Plaza de San Ginés en la que residía, y varias fincas rústicas en diferentes localidades de la provincia.

Su acción política
Se inició en política en las filas del liberalismo más progresista de la mano de su padre, Gregorio García Tabernero, y más tarde su carrera institucional creció a la sombra de su hermano, Diego García Martínez, participando en las corporaciones alcarreñas en todos los períodos de gobierno progresista, aunque sin salir del ámbito provincial, a diferencia de su padre y hermano.
En 1854 ya formaba parte de la dirección informal del liberalismo alcarreño, como se puso de manifiesto al firmar la convocatoria de una asamblea de progresistas de la provincia para fijar la candidatura para las próximas elecciones a Cortes Constituyentes. Fue elegido diputado provincial cuando el general Baldomero Espartero se hizo con el poder el verano de ese mismo año, y por ocupar la vicepresidencia de esta corporación fue Jefe Político interino hasta que Benigno Quirós y Contreras volvió a hacerse cargo del gobierno civil de Guadalajara. Además, en 1855 fue nombrado comisionado subalterno para el partido judicial de Pastrana de la Comisión provincial de Venta de Bienes Nacionales, encargada de gestionar la Desamortización decretada ese año por el ministro Pascual Madoz; seguramente, este puesto le permitió actuar con ventaja en la compra de bienes desamortizados que, como hemos indicado, tanto beneficio reportó a él y a toda su familia.
Caído el gabinete de Espartero, el nuevo gobierno nombró una nueva Diputación Provincial y se vio apartado de las instituciones políticas hasta que en 1860 fue nombrado teniente de alcalde del concejo arriacense, con Juan de Dios González como alcalde, pero éste no completó el bienio para el que había sido elegido, siendo sustituido primero por Joaquín Sancho Garrido y luego por Gregorio García, que desde el 13 de julio de 1861 fue la primera autoridad de la ciudad, como ya lo habían sido su hermano, su padre, su abuelo y su bisabuelo.
Su participación política alcanzó su punto más álgido en septiembre de 1868, con motivo de la Revolución Gloriosa, formando parte de la Junta Revolucionaria y del Comité Electoral liberal de la provincia para las Cortes Constituyentes de 1869. Se hizo cargo del Ayuntamiento de la capital alcarreña de forma provisional después la Revolución Gloriosa de septiembre de 1868 y se vio ratificado en este puesto tras las elecciones celebradas en diciembre de ese mismo año, permaneciendo al frente de la ciudad hasta su dimisión, en el año 1870, y al año siguiente volvió a ser elegido diputado provincial.
En julio de 1872 fue propuesto para ser nombrado Comisario regio de agricultura de la provincia de Guadalajara, cargo que compartiría con su primo Camilo García Estúñiga y con Luciano Lanza, los tres ricos propietarios agrarios de filiación progresista; sin embargo, finalmente el nombramiento recayó sobre el citado Luciano Lanza y sobre José Gamboa Calvo, cuya familia había emparentado con la suya a través del matrimonio entre su hermano Diego y Casilda Gamboa González.
Durante los primeros años de la Restauración se mantuvo al margen de la política provincial a causa de la hegemonía de los conservadores de Cánovas del Castillo, pero cuando los antiguos progresistas reorganizaron sus fuerzas y bajo el liderazgo de Práxedes Mateo Sagasta volvieron al gobierno de la nación, fue de nuevo requerido para ocupar distintos cargos institucionales. El primer día de julio de 1881 volvió a ser elegido alcalde de la capital alcarreña, y en 1886 volvió a ocupar un escaño de diputado provincial, ocupando en esta ocasión el puesto de Presidente de la Diputación hasta el final de la legislatura, en el año 1890.
Además, entre otros cargos, fue miembro de la Comisión Provincial de Monumentos Histórico-Artísticos en 1844, secretario de la Junta de Agricultura, Industria y Comercio de la provincia durante el Sexenio y vicepresidente del Jurado General de la Exposición Provincial de Guadalajara de 1876. Una presencia que se incrementó durante la regencia de María Cristina de Habsburgo: vocal de la Junta Provincial de Beneficencia en 1881, de la Junta Provincial de Agricultura, Industria y Comercio...
JUAN PABLO CALERO DELSO

sábado, 2 de junio de 2018

CRISTÓBAL ESPEJO DE HINOJOSA

ESPEJO DE HINOJOSA, Cristóbal
[Alhama de Granada, 8 de agosto de 1870 / Madrid, 25 de febrero de 1939]

Nació en Alhama de Granada el 8 de agosto de 1870 en una familia con preocupaciones intelectuales; su hermano Ricardo también se dedicó a la investigación histórica y fue autor de algunos libros de texto de esta materia, ejerciendo como Catedrático de la Escuela de Altos Estudios Mercantiles de Barcelona, y su hermano Juan aspiró en el año 1897 a ocupar una plaza de funcionario. Por su parte, Cristóbal cursó estudios de Bachillerato en el granadino Colegio de San Bartolomé y Santiago y alcanzó el título de licenciado en Derecho en la Universidad de Granada.
En 1895 ingresó por oposición en el Cuerpo Facultativo de Archivos y Bibliotecas, siendo su primer destino el Archivo Central de Alcalá de Henares, en el que permaneció hasta 1901, año en el que se trasladó al General de Simancas. En 1906 fue el primer director del Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, una instancia judicial cuyos fondos, desde su desaparición en el año 1835, estuvieron a cargo de la Audiencia Territorial vallisoletana, hasta que él los organizó.
Entre los años 1908 y 1916 estuvo en excedencia como funcionario del Cuerpo de Archivos del Estado porque ocupó el puesto de Secretario de la Diputación Provincial de Almería, que esos años estuvo bajo el mandato del Partido Conservador, con el que Cristóbal Espejo de Hinojosa se identificaba políticamente; una etapa muy turbulenta en las comarcas almerienses, en la que según opinión del escritor José Martínez Ruiz Azorín, que fue diputado por el distrito de Purchena, en esa provincia, “este asunto [la constitución de la Diputación de Almería] trae apasionados todos los ánimos, y aquí la pasión reviste caracteres singulares de encono”, según se puede leer en la carta que escribió a Antonio Maura en abril de 1907.
En 1910, mientras estuvo en excedencia, solicitó una beca a la Junta para la Ampliación de Estudios con el propósito de visitar distintos archivos españoles para investigar la “organización de la Hacienda castellana en tiempos de Felipe II”, ayuda que le fue concedida en 1912 por un importe total de 1.690 pesetas, recorriendo durante cinco meses los archivos de Simancas, Medina del Campo, Burgos, Madrid y Sevilla. En enero de 1919 solicitó una nueva beca para completar sus estudios, pero le fue denegada a pesar de la recomendación ante José Castillejo de su cuñado, Julián Paz Espeso, que era jefe de la Sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional y con el que Cristóbal Espejo había escrito en 1908 su primer libro, titulado Las antiguas ferias de Medina del Campo.

Su paso por Guadalajara
En 1916, después de tan larga excedencia, reingresó en el Cuerpo Facultativo de archiveros, ganando un destino en el Archivo de la Delegación de Hacienda de Guadalajara, ciudad en la que residió en el número 3 del Paseo del Doctor Fernández Iparraguirre, trasladándose en 1920 al Registro de la Propiedad Intelectual de Madrid, donde ya permaneció hasta su muerte. En Guadalajara publicó algunos artículos de carácter histórico relacionados con la provincia alcarreña, dentro de una sección fija de periodicidad irregular que con el nombre de Cosas de Antaño había iniciado en el semanario Flores y Abejas el médico Emiliano Cordavias en la primavera de 1917; en esa sección, los artículos de Cristóbal Espejo destacaban por su interés y porque ofrecían abundante y novedosa documentación, prueba de su labor archivística.
Más allá de su producción divulgativa, fue autor de diversas obras de historia económica de la España de los siglos XVI y XVII, entre las que podemos citar El interés del dinero en los reinos españoles bajo los tres primeros Austrias, editada en la Tipografía del Archivo de Investigaciones Históricas de Madrid en 1911, La renta de salinas hasta la muerte de Felipe II, que se tiró en la Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos de Madrid en 1919, La carestía de la vida en el siglo XVI y medios de abaratarla, que se imprimió en el mismo taller tipográfico en 1921, El Consejo de Hacienda durante la presidencia del Marqués de Poza, con igual pie de imprenta en 1924, El encabezamiento de Madrid por Alcabalas de 1547 a 1556, publicado en la capital del reino en 1927, y Estudio sobre la vida en la Alpujarra en sus aspectos económico y social durante las centurias XVII y XVIII.
También dio a conocer varios artículos de esta misma especialidad en distintas publicaciones periódicas, como por ejemplo su texto sobre “Arbitrio sobre imposición tributaria en el trigo y la cebada” que apareció en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos en su número correspondiente a abril de 1923. Fue un historiador positivista y meticuloso que, como archivero de formación, concedía la mayor importancia a los documentos escritos.
Fue presidente de la Comisión Organizadora de la Asamblea del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, que se celebró en Madrid entre los días 23 a 29 de octubre de 1923, en la que presentó diversas ponencias sobre la incorporación del Archivo del Tribunal de Cuentas a los archivos del Estado y sobre la incorporación de archivos municipales y provinciales.
Falleció en Madrid el 25 de febrero de 1939.
JUAN PABLO CALERO DELSO

sábado, 12 de mayo de 2018

ANTOLÍN GARCÍA LOZANO

GARCÍA LOZANO, Antolín
[Atienza, 1779 / Salamanca, 15 de mayo de 1852]

Antolín García Lozano nació en la villa de Atienza el 2 de septiembre de 1779 y falleció en Salamanca, de cuya diócesis era obispo, el 15 de mayo de 1852.
Ingresó en el Seminario conciliar de San Bartolomé de Sigüenza para seguir su vocación sacerdotal. Muy pronto demostró gran inteligencia y aplicación, por lo que se trasladó a la Universidad eclesiástica de Santa Catalina, en la vecina diócesis de El Burgo de Osma, donde en 1800 consiguió el Doctorado en Teología. Después de ser ordenado sacerdote, fue presbítero en la diócesis de Sigüenza y ganó por oposición una cátedra de Filosofía en la Universidad de la diócesis de Osma, donde, con el tiempo, también ejerció como profesor de Teología y de Cánones.

En la Guerra de la Independencia
Cuando al comenzar la Guerra de la independencia se extendieron por todo el Imperio las Juntas patrióticas, Antolín García Lozano fue elegido para formar parte de la del reino de Aragón, donde se mostró particularmente activo. Su oposición al nuevo rey José I Bonaparte fue tan firme y decidida que abandonó el territorio bajo ocupación francesa y marchó a Andalucía, donde aún se combatía y resistía la invasión de los soldados franceses.
El 6 de enero de 1810, ya estaba en Sevilla, donde solicitó a la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino que se le concediese una prebenda en la Catedral del Burgo de Osma y, como no obtuviese respuesta, nueve días después insistía pidiendo “algún beneficio” de los que disfrutaba el estado eclesiástico en atención a sus constantes desvelos por el reino.
Derrotadas las tropas napoleónicas y sus aliados afrancesados, recuperada la paz y devuelto Fernando VII al trono del imperio español, en 1813 obtuvo Antolín García Lozano la recompensa que había solicitado y accedió a una canonjía en la catedral de El Burgo de Osma, reincorporándose al mismo tiempo a su cátedra en su Universidad de Santa Catalina.
En 1816 ganó por oposición la plaza de canónigo penitenciario en la catedral de Calahorra, y muy poco después ocupó la misma canonjía en la Real Colegiata de la Santísima Trinidad en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, en la provincia y diócesis de Segovia. Allí pudo conocer y aún frecuentar el trato con el rey Fernando VII, que gustaba de pasar temporadas en ese lugar. El monarca quedó tan impresionado por su celo y aptitud que en 1818 le nombró Inquisidor General de Valladolid, sede de uno de los diez tribunales del Santo Oficio en el reino de Castilla y León; fue uno de los últimos en ocupar este puesto, pues la temida Inquisición fue suprimida definitivamente en 1820, después del pronunciamiento liberal de Rafael del Riego. Precisamente, ese mismo año de 1820 fue nombrado predicador de Su Majestad.
En 1823, cuando la presión de las partidas guerrilleras absolutistas sobre el gobierno constitucional se vio reforzada por la invasión de la Península de un ejército francés, conocido como los Cien Mil Hijos de San Luis, Antolín García Lorenzo fue detenido, junto a otros destacados eclesiásticos y laicos realistas, por el liberal conde de Abisal, detención a la que puso fin la derrota del ejército español y la vuelta de Fernando VII al ejercicio del poder absoluto.
Esta nueva prueba de lealtad al monarca y al Antiguo Régimen fue también recompensada por el rey, que en 1824 le nombró deán de la catedral de Segovia, donde permaneció durante más de un cuarto de siglo. Tampoco en esta ocasión, su estancia estuvo exenta de sobresaltos, y cuando el general Baldomero Espartero fue regente de la reina niña, estuvo temporalmente desterrado en Ciudad Rodrigo. La consolidación en el poder de la fracción más moderada del liberalismo y la temprana declaración de la mayoría de edad de Isabel II en 1844 pusieron punto final a persecuciones e incertidumbres.
En mayo de 1851 fue nombrado obispo de Salamanca y el 16 de noviembre de ese mismo año se le consagró en la madrileña catedral de San Isidro, presidiendo la ceremonia el arzobispo de Toledo, Juan José Bonel y Orbe, y siendo apadrinado el nuevo prelado por el duque de Osuna, por lo que la prensa no dejaba de señalar que “a esta ceremonia está convidada la alta sociedad de Madrid, y es de presumir que estará el templo muy concurrido”.

Su legado
Apenas seis meses después, fallecía en Salamanca, siendo sustituido en la sede episcopal salmantina por Fernando de la Puente y Primo de Rivera. Durante su estancia en la capital salmantina, según una carta publicada en La España, “su pastoral solicitud se hizo notable por el respeto y amor al trono de nuestros reyes, por la inculcación de estos y de los principios religiosos en las escuelas de primera enseñanza, por la extirpación de lecturas depravadas, por la creación de nuevos ministros para el santuario, y en el seminario de San Carlos por sus reformas económicas y literarias”.
Sus virtudes religiosas estuvieron siempre acompañadas de una marcada intolerancia religiosa y de una arraigada intransigencia política, reconociéndose públicamente a su muerte que “en todos estos cargos y otras muchas comisiones muy delicadas é importantes, el Sr. García Lozano había manifestado siempre una entereza de carácter acompañada de una rigidez de principios así en religión, como en política, que le hacían un hombre sumamente digno y á propósito para empuñar el báculo pastoral”.
Hombre de acción y consecuente con sus ideas, no se limitó a una defensa intelectual de sus ideas, sino que militó activamente en las filas absolutistas, como puso de manifiesto con la publicación de su “Exhortación religiosa al benemérito cuerpo de Voluntarios Realistas de la Ciudad de Segovia pronunciada en la Santa Iglesia Catedral a la bendición de su bandera, el día 30 de mayo de 1831”.
Perteneció al círculo íntimo del rey Fernando VII y tuvo entre sus amigos a algunos personajes de la “camarilla” absolutista del rey, como los duques del Infantado y Osuna o Pedro Alcántara Díaz Labandero, que fue intendente de la provincia de Segovia desde diciembre de 1823 y que diez años después llegó a ocupar la Consejería de Hacienda en el gobierno carlista del pretendiente Carlos María Isidro de Borbón.
JUAN PABLO CALERO DELSO

sábado, 5 de mayo de 2018

RAMÓN DÍAZ DELGADO DE LUNA

DÍAZ DELGADO DE LUNA, Ramón
[Horcajo de Santiago (Cuenca), 1814 / ]

Juan Ramón Díaz Delgado de Luna nació en el año 1814 en la localidad alcarreña de Horcajo de Santiago, próxima a Uclés, a cuyo Priorato de Órdenes Militares pertenecía hasta que en 1833 se integró en la recién establecida provincia de Cuenca.
El 17 de mayo de 1852 se casó con Victoriana Sánchez y Muñoz, sobrina carnal de Fernando Muñoz, duque de Riansares, que era el marido de la reina María Cristina de Borbón, con la que contrajo matrimonio morganático poco después de que ésta enviudase del rey Fernando VII y que era oriundo de esa misma comarca. Fueron padrinos de la boda Alejandra Muñoz, madre de la contrayente y hermana del duque, y Nicanor Llanos, rico propietario establecido en La Habana pero que en esos años residía en Madrid y era amigo y correligionario del novio. Enlazaba así, aunque con un vínculo colateral, con la Familia Real española.
Ramón Díaz había cursado estudios de Derecho en la Universidad Literaria de Madrid, alcanzado los grados de Bachiller y Licenciado en Leyes. El 13 de septiembre de 1839 fue habilitado por la Audiencia Territorial madrileña para ejercer como abogado ante los Reales Consejos, después de haber cumplido la preceptiva mayoría de edad. El día 16 de ese mismo mes y año pidió el ingreso en el Colegio de Abogados de Madrid, incorporándose al mismo con fecha de 1 de octubre de 1839, y estableciendo su residencia en la capital del reino, en el número 116 de la calle Mayor, donde ejerció la abogacía. De sus actuaciones en el foro, tuvo especial trascendencia su participación en el conocido como “Pleito de las Marquesas”, que enfrentó a una familia nobiliaria por el reparto de una herencia y que fue muy comentado en todo el país.

Su actividad política
No se le conoció actividad política hasta su boda, pero desde ese mismo momento pasó a ocupar diferentes cargos representativos, siempre en las filas del partido moderado, como no podía ser de otra manera por su relación familiar con la reina María Cristina de Borbón, lo que se pone además de manifiesto sólo con ver los procesos electorales en los que fue elegido diputado o concejal, siempre bajo gobiernos del liberalismo más conservador o de la Unión Liberal y con el forzado paréntesis del Bienio Progresista.
El 4 de febrero de 1853 se celebraron elecciones legislativas con sufragio censitario, en las que Ramón Díaz Delgado fue elegido diputado a Cortes por el distrito alcarreño de Pastrana, obteniendo 302 de los 397 votos emitidos, sobre un censo electoral de 520 ciudadanos con derecho al sufragio activo. El 18 de marzo juró su cargo y se incorporó a las tareas del Congreso de los Diputados. Sin embargo, esa legislatura se caracterizó por su brevedad, pues fue clausurada el 9 de abril de ese mismo año, así que nada podemos reseñar de su actividad parlamentaria durante esas tres semanas.
Permaneció cerrada la Cámara hasta el 19 de noviembre de 1853, cuando empezó la trigésimo segunda Legislatura que correspondía al año 1854. Ramón Díaz Delgado mantuvo su escaño por la circunscripción de Pastrana y en esta ocasión formó parte de la comisión creada para asistir en representación del Congreso a las ceremonias por el alumbramiento de la reina Isabel II, que dio a luz a la Infanta María Cristina. Sólo intervino en la sesión que debatía las actas electorales del distrito de la Misericordia, en la ciudad de Zaragoza, pero fue uno de los elegidos para integrar la Diputación permanente del Congreso.
El pronunciamiento del general Leopoldo O’Donnell en junio de 1854 hizo caer al régimen moderado y dio paso a una coalición de centristas y progresistas que convocó Cortes Constituyentes, que abrieron sus sesiones el día 8 de noviembre y en las que no participó Ramón Díaz Delgado, por lo que su etapa parlamentaria en ambas legislaturas apenas excedió de los seis meses. Fue un diputado cunero, sin relación con el distrito de Pastrana ni, en general, con la provincia de Guadalajara, en la que ni había nacido, ni residía, ni sabemos que tuviese intereses particulares.
Cerrado el ciclo del Bienio Progresista, volvió Ramón Díaz Delgado a ocupar cargos políticos electivos, pero en esta ocasión como concejal del Ayuntamiento madrileño, siempre por el distrito de Correos, situado en el centro de la capital y con un sufragio censitario muy restringido. Su primer triunfo electoral se produjo en febrero de 1857, ocupando al año siguiente la presidencia del Distrito de la Inclusa y la tenencia de alcaldía del de Universidad en 1859; y las segundas elecciones que ganó se celebraron en noviembre de 1860, siendo entonces designado quinto teniente de alcalde y presidente del distrito de Correos.
En los comicios de 1860 fue acusado públicamente de intentar influir en el cuerpo electoral, primero por formar “parte muy principal e influyente de la comisión nombrada para la rectificación de las listas, y ya se deja conocer, aun sin que se niegue la buena fe de dicho señor, que no habrá quedado excluido de ellas ninguno de sus amigos personales y políticos”, y después por que “penetró en el local con el bastón de autoridad, que al fin tuvo que dejar fuera, no sin repugnancia y en virtud de mandato expreso y terminante del presidente; y procuró también que la elección se verificase fuera del distrito en la Sala de audiencia de su alcaldía, lugar sumamente estrecho é incómodo, donde era difícil escribir con libertad las papeletas; pero en el que sin embargo, se respiraba cierta atmósfera oficial y se dejaba sentir la influencia de la autoridad tutelar de uno de los candidatos”.
No volvió a presentarse a nuevos comicios, pero conservó su militancia dentro del partido moderado, llegando a ser elegido presidente de la agrupación del Distrito Centro de Madrid en 1864, y siguió vinculado al municipio madrileño, ocupando el cargo de juez de paz del Distrito de Audiencia de la capital del reino hasta la caída de Isabel II tras el triunfo de la Revolución Gloriosa.
Hostil a la política progresista, durante el Sexenio se recluyó el ejercicio libre de la abogacía, aunque en 1872 fuese elegido por el Colegio de Abogados de Madrid para ser vocal de la junta calificadora para el examen de los que pretendían ingresar en el cuerpo de aspirantes al ministerio fiscal. Con la monarquía restaurada en la persona del rey Alfonso XII, volvió a la actividad política y acudió en mayo de 1875 a la reunión que se celebró en el Senado para conformar el nuevo Partido Conservador a partir de las distintas facciones que apoyaban la nueva situación, grupo político al que se afilió llegando a formar parte del Comité electoral del Distrito de Buenavista de Madrid para el año 1877.
Participó activamente en la vida cultural madrileña y en 1849 era socio del Ateneo Científico Literario y Artístico de Madrid. Perteneció a la redacción de la Revista económica de Madrid, un periódico mensual “consagrado a las cuestiones agrícolas, industriales, comerciales, administrativas y rentísticas, publicada por don Ruperto Navarro y Zamorano y don José Álvaro de Zafra”.
JUAN PABLO CALERO DELSO