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sábado, 15 de agosto de 2020

JOSÉ CARRASCO CABEZUELO

CARRASCO CABEZUELO, José
[Guadalajara, 16 de abril de 1883 / 21 de enero de 1936]

José Carrasco Cabezuelo nació en Guadalajara el 16 de abril de 1883 y falleció por "colapso" en la misma ciudad el día 21 de enero de 1936, siendo enterrado al día siguiente por el rito católico en el cementerio municipal. Era hijo del abogado Juan Carrasco González, que murió en Guadalajara el 26 de abril de 1906, y de María Antonia Cabezuelo, fallecida en la capital alcarreña el 19 de junio de 1898, que tuvieron cuatro hijos: Juan, José, María Luisa y Antonio, residiendo en el número 28 de la calle Museo, hoy doctor Benito Hernando. José Carrasco Cabezuelo contrajo matrimonio con Ascensión Medrano y tuvieron su domicilio, sucesivamente, en la calle Museo número 21, en el número 6 de Santa Clara y en la calle del Amparo en el número 23, siempre de la capital alcarreña.
En la primavera de 1902, con solo diecinueve años de edad, inició su carrera administrativa como escribiente temporal de la Oficina de Estadística de Guadalajara, mientras durasen los trabajos del censo, pero en realidad su empleo no se debía a una momentánea carga de trabajo sino a la influencia del conde de Romanones y tenía, por eso mismo, una fecha de caducidad mucho más prolongada. De hecho su nombramiento fue criticado en la prensa local por los republicanos, que ofrecían así la noticia: “Ha sido nombrado Amanuense de la oficina provincial del Censo de Población el joven don José Carrasco y Cabezuelo. Este hace el número 14 en los oficinistas censales que nombra Romanones, y dicen no será el último. El jefe de dicha oficina Sr. Martínez no ve el medio de colocar convenientemente al personal por insuficiencia del local”.
Su padre, Juan Carrasco, había sido durante el Sexenio Revolucionario un activo dirigente carlista, pero al comenzar la Restauración abandonó las filas del pretendiente y se afilió al Partido Conservador de Antonio Cánovas del Castillo, grupo político que en la provincia de Guadalajara estaba condenado al ostracismo ante la hegemonía de liberales y republicanos. Quizás atendiendo, otra vez, más a intereses personales que ideológicos, desde 1900 se puso incondicionalmente a las órdenes del conde de Romanones y en el año 1903 ingresó en el Partido Liberal, consiguiendo empleos de funcionarios para sus hijos: José en la oficina del censo y Juan en la sección de pósitos de la provincia.
En noviembre de 1904 José Carrasco Cabezuelo ingresó como funcionario después de aprobar las oposiciones a auxiliar segundo de Estadística, siendo destinado a Zaragoza, hasta que en enero de 1908 fue ascendido a oficial de cuarta clase del Cuerpo de Estadística y reubicado en la Oficina de Trabajos Estadísticos de Guadalajara, donde continuó trabajando hasta su muerte. Durante la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera fue ascendido a Jefe Provincial de Estadística, cargo que siguió disfrutando durante la etapa republicana.
Además de su empleo como funcionario del Cuerpo de Estadística, José Carrasco Cabezuelo inició estudios en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid, aunque finalmente obtuvo la licenciatura en Derecho, haciendo su debut como nuevo abogado en abril de 1912.
Sin embargo, no se mostró particularmente activo en la sociedad alcarreña de su tiempo y sólo podemos reseñar que en 1930 era secretario general de la Cámara de Comercio de Guadalajara, que presidía Vicente Pedromingo de la Riva, otro antiguo romanonista. Se dice que perteneció a la masonería, a pesar del firme catolicismo de su padre y de su hermano Juan, pero desde luego no formó parte de la Logia Arriaco, que fue la única activa en la provincia de Guadalajara en esos años.
Su actividad parlamentaria
Para el día 19 de noviembre de 1933 se convocaron nuevas elecciones legislativas, una vez que las Cortes Constituyentes concluyeron su tarea. En esta ocasión, los partidos que habían traído la República de la mano de la conjunción republicano-socialista se presentaron desunidos; en la circunscripción de Guadalajara presentaron sus propios candidatos: el PSOE a Marcelino Martín González del Arco, la Acción Republicana de Manuel Azaña a José Serrano Batanero, el Partido Radical-Socialista a Ceferino Palencia Álvarez-Tubau, el Partido Republicano Federal a Fabián Talanquer López, y el Partido Republicano Radical a José Carrasco Cabezuelo y Luis Barrena Alonso de Ojeda, a los que había que sumar el candidato supuestamente progresista independiente Luis Casuso Obeso.
Esta fragmentación del voto permitió una victoria aplastante de las derechas no republicanas, que obtuvieron los tres escaños reservados a la mayoría: el agrario monárquico Álvaro de Figueroa Torres, conde de Romanones, José Arizcún Moreno, de Acción Popular, y Cándido Casanueva Gorjón, del Partido Agrario, que obtuvieron más de cincuenta mil votos cada uno de ellos.
Como ninguno de los demás candidatos alcanzó el mínimo de votos exigido para hacerse con el escaño reservado a la minoría en la ley electoral vigente, fue necesario realizar una segunda vuelta el día 3 de diciembre de 1933. En esta ocasión competían dos candidatos del Partido Republicano Radical, los ya citados Carrasco y Barrena, pero aquél contó con el apoyo explícito de Acción Regional Agraria, por lo que Luis Barrena fue derrotado con una amplia diferencia. José Carrasco Cabezuelo vio reconocida su acta el 19 de diciembre de 1933, tomó posesión de su escaño el día 30 y se mantuvo en activo hasta la disolución del Congreso, el 7 de enero de 1936.
En los dos años que estuvo en el Parlamento perteneció a la Diputación Permanente y a la Comisión de Hacienda, pero su actividad fue prácticamente nula y ofreció un perfil político muy bajo, por lo que nos ha sido imposible encontrar discursos en el pleno o iniciativas legislativas suyas. Sí hemos visto alguna gestión relacionada con el Colegio de Huérfanos de Guerra, establecido en el Palacio del Infantado, y alguna carta de recomendación.
En los primeros días del mes de diciembre de 1935 fue uno de los diputados que se separó del Partido Republicano Radical, como consecuencia del clima de corrupción que envolvía al propio partido y a su líder, Alejandro Lerroux, sobre todo como consecuencia del escándalo llamado del estraperlo. Su temprana muerte, dos semanas después del final de la legislatura, nos impide saber cuál habría sido su orientación política posterior.
JUAN PABLO CALERO DELSO

sábado, 1 de agosto de 2020

VICENTE PEDROMINGO DE LA RIVA

PEDROMINGO DE LA RIVA, Vicente
[Viñuelas, 1873 / Guadalajara, 7 de julio de 1943]

Vicente Pedromingo fue un conocido impresor, político y escritor de Guadalajara. Nació en la localidad alcarreña de Viñuelas en 1873, hijo de Francisco y de Filomena, y falleció en Guadalajara a los 69 años de edad el día 7 de julio de 1943. Se casó con Catalina Cotayna Concha, que murió en 1951, con la que tuvo cuatro hijos: José, Filomena, Cándida y Mario.
Una boda que le emparentó con el impresor Antero Concha, tío de Catalina y dueño de una imprenta y papelería situada en el número 2 de la Plaza de San Esteban de Guadalajara, un enlace matrimonial que determinó su actividad profesional, pues en la citada imprenta trabajó la mayor parte de su vida. Si bien ya había sido regente en el establecimiento tipográfico de Felipe Pérez Cerrada, cuando Antero Concha falleció el 7 de abril de 1917, legó su negocio tipográfico y el edificio en el que estaba instalado, el antiguo palacio del vizconde de Palazuelos, a sus sobrinos, Catalina Cotayna y sus hermanos Francisco, Elicio, Petra y Manuel; desde entonces un rótulo que rezaba “La Aurora. Sucesores de Antero Concha” presidió el caserón y Pedromingo se convirtió en el administrador de la imprenta y papelería. Aunque se decía que no por eso dejó de vestir la blusa para seguir componiendo galeradas y corregir pruebas, sin más recreo que “una hora de billar en el Casino, a la caída de la tarde, cuando se cierra el taller”, lo cierto es que amasó una notable fortuna, como se puso de manifiesto al terminar la Guerra Civil y reclamar los bonos y valores perdidos durante la contienda. Como empresario de artes gráficas, fue vocal de la Cámara Oficial de Comercio e Industria en los últimos años de la Restauración.

Su acción política
Vicente Pedromingo fue, también, un destacado activista político. A pesar de su empleo de tipógrafo, y del protagonismo de los trabajadores de artes gráficas en el desarrollo del movimiento obrero alcarreño, se adhirió al Partido Fusionista Liberal, aunque con el paso de los años sufrió una notable evolución ideológica que estuvo marcada por la familia de su mujer, extremadamente religiosa.
Como hemos señalado, en sus primeros años militó en liberalismo dinástico, que en la provincia de Guadalajara lideraba con mano firme el conde de Romanones. En noviembre de 1907 formó parte de una comisión municipal establecida para gestionar la Tienda-Asilo arriacense, a la que pertenecían algunos concejales y otros ciudadanos ajenos a la corporación municipal entre los que se encontraba la que muy pronto sería la plana mayor del romanonismo local: Antonio Vicenti, Miguel Fluiters y Vicente Pedromingo.
En las elecciones municipales celebradas el 2 de mayo de 1909 salió elegido concejal por el Tercer Colegio de la capital con el apoyo del partido liberal, y se convirtió en un fiel colaborador del nuevo alcalde, el también romanonista Miguel Fluiters Contera. Reelegido en sucesivos comicios, fue nombrado Regidor Síndico y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Guadalajara, mientras ocupaba distintos cargos municipales; así, por ejemplo, le encontramos como vocal de la Junta Provincial de Instrucción Pública.
Alcalde de Guadalajara
Finalmente, el 18 de octubre de 1918 se convirtió en alcalde de la ciudad. En el mes de agosto de ese año se vivió en la capital alcarreña el conflicto social más grave del último siglo. La falta de trigo provocó un aumento de los precios del pan que sacó a las calles a las mujeres de las clases populares; cuando los obreros se declararon en huelga en solidaridad con ellas, el gobernador civil, el granadino Diego Trevilla Paniza, envió al ejército y a las fuerzas bajo su mando, que dispararon sobre la multitud desarmada, causando un muerto y varios heridos graves. Durante esas jornadas decisivas, el alcalde Miguel Fluiters no estaba en la ciudad, y Vicente Pedromingo le sustituyó, interviniendo en las negociaciones con las mujeres. Calmados los ánimos, Miguel Fluiters dimitió, un año después de que lo hubiese hecho por primera vez aunque, en esa primera ocasión, el clamor popular le impidió consumar el abandono, y Vicente Pedromingo le sustituyó al frente del concejo arriácense.
De su paso por el municipio guadalajareño, merece destacarse su preocupación por la educación primaria, solicitando la apertura de nuevas escuelas, adecentando las ya establecidas, consiguiendo subvenciones para ampliar su material pedagógico, o promoviendo iniciativas más novedosas como la fundación de La Cantina Escolar, las sesiones cinematográficas educativas para la infancia o el proyecto de llevar niños enfermos a colonias veraniegas.
En 1920 dejó de ser la primera autoridad de la ciudad y tres años después el régimen constitucional fue violentamente desplazado por la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera. El conde de Romanones se opuso activamente al dictador y con él lo hicieron la práctica totalidad de los liberales de Guadalajara, siendo Vicente Pedromingo uno de los pocos romanonistas que se adhirió al nuevo régimen. Ocupó de nuevo una concejalía y, como demostración de su integrismo católico, en 1928 formó parte de la comisión encargada de supervisar la Escuela Laica con la intención, frustrada, de forzar su clausura.
Fue elegido presidente de la Cámara de Comercio, cargo del que dimitió en 1931, y como consecuencia fue nombrado diputado provincial en los últimos años del reinado de Alfonso XIII, cuando la Diputación era elegida por sufragio corporativo y se reservaba un escaño al presidente de la citada Cámara, estando Antonio Bernal Algora como presidente de la corporación provincial. Después de la Guerra Civil, tan trágica para él y su familia, volvió a hacerse cargo del establecimiento tipográfico familiar y de otros negocios, pero abandonó toda actividad política.
Participó muy activamente en el Ateneo Instructivo del Obrero. En los primeros años del siglo XX fue uno de los socios más activos y comprometidos, como demuestra la obra de teatro El primer ensayo que escribió con el maestro Manuel Rueda a propósito para el grupo de teatro del Ateneo; en esos años también actuó en alguna función como actor aficionado. Más adelante, en el año 1917, fue elegido su presidente, precisamente en una Junta Directiva en la que los trabajadores desplazaron a la burguesía y tomaron definitivamente el control del Ateneo.

Escritor y periodista
Como tantos tipógrafos de su tiempo, escribió a menudo en la prensa y sintió la llamada de la literatura. Además de la obra teatral que comentamos, dio a la imprenta una recopilación de sus artículos, publicada en 1905 bajo el título de Esbozos literarios. Artículos suyos se pueden encontrar en El Atalaya de Guadalajara, en cuyo cuadro de redactores aparecía, La Colmena, de la que fue redactor desde su primer número el 5 de febrero de 1899 bajo la dirección de José María Aragón y que acabó dirigiendo, en Flores y Abejas desde 1896, en La Orientación, un semanario profesional para maestros del que acabó siendo propietario, imponiendo un rígido y creciente sectarismo, y en cuya dirección fue precedido precisamente por su amigo Manuel Rueda, en La Alcarria Ilustrada, El Republicano, La Palanca y en otras cabeceras periodísticas de fuera de la provincia, pues fue corresponsal en Guadalajara de prestigiosos periódicos nacionales, como El Liberal; después de la Guerra Civil colaboró con Nueva Alcarria. Con tanta actividad, no es de extrañar que perteneciese varios años a la Junta Directiva de la Asociación de la Prensa de Guadalajara, sociedad que se constituyó en la segunda década del siglo XX.
También publicó un anuario, la Guía Pedromingo de Guadalajara y su provincia, cuyo primer número, que creemos fue el único, salió en 1917, un poco en la línea de los almanaques de Juan Gómez Crespo y de lo que había sido el Anuario-Guía de Tomás Bravo y Lecea. También fue autor del libro Un viaje a Roma, editado en 1926 en su propia imprenta.
En 1940 publicó una nueva obra titulada Escenas del tiempo rojo, que con el subtítulo de “Notas de mi cartera” ofrecía una imagen muy personal del más reciente período histórico de España. Vicente Pedromingo y su hijo José, jesuita, fueron detenidos en julio de 1936 en el pueblecito de Romancos, donde pasaban sus vacaciones estivales; al mismo tiempo, su hijo Mario era detenido en Brihuega. A mediados del mes de noviembre se puso en libertad a Vicente Pedromingo, pero sus hijos corrieron peor suerte: Mario fue fusilado el 4 de agosto de 1936 y José murió después del asalto a la cárcel de Guadalajara, el 6 de diciembre de 1936.
JUAN PABLO CALERO DELSO

sábado, 18 de julio de 2020

LORENZO ROMO Y GAMBOA FERNÁNDEZ

204.- ROMO Y GAMBOA FERNÁNDEZ, Lorenzo
[Cañizar, ¿? / ]

Lorenzo José Romo y Gamboa Fernández nació en el pueblo alcarreño de Cañizar, donde lo hicieron todos sus hermanos, entre los años 1780 y 1784. Era su padre Francisco Romo y Gamboa, que también había venido al mundo en Cañizar el 13 de diciembre de 1746, hijo único de Carlos Romo, nacido en Cañizar el 19 de noviembre de 1705, y de María Teresa Gamboa, que vio la luz en Torija el 7 de mayo de 1713. Su padre fue, por lo tanto, quien primero unió los apellidos de sus progenitores, Romo y Gamboa, para formar un único apellido compuesto, que legó a sus hijos. Contrajo matrimonio con Ramona Fernández Manrique, hija también de una ilustre familia de la nobleza alcarreña, y tuvieron seis hijos; cuatro varones, Lorenzo, Francisco, Judas José y José, y dos mujeres, una de las cuales fue religiosa de las Gerónimas de Brihuega y la otra se casó con Andrés Briones, coronel del Regimiento de Granaderos a Caballo de la Guardia Real.
Toda su familia pertenecía al estamento nobiliario; desde el siglo XV, los Gamboa ocupaban una posición eminente en Hita, Brihuega, Jadraque y Sigüenza, en cuya catedral disponían de una capilla, la de Santiago el Cebedeo, para los enterramientos familiares. Al quebrar el Antiguo Régimen, a raíz de la Guerra de la Independencia, supieron convertir los viejos privilegios nobiliarios en una sólida posición política y económica.
Lorenzo Romo y Gamboa cursó estudios en la Universidad de Alcalá de Henares a partir del año 1792, pero pesó más la tradición familiar. Su padre siguió la carrera de las armas; estuvo destinado como capitán en el Regimiento de Infantería de Sigüenza y alcanzó el grado de brigadier cuando se encontró al mando de la Columna de Granaderos Provinciales de Castilla la Vieja durante la Guerra de la Independencia; en 1776 fue investido como caballero de la orden de Santiago. Tanto Lorenzo Romo y Gamboa como su hermano Francisco siguieron, como su padre, la carrera militar. Aquél ganó el grado de Capitán de Fusileros y el 4 de marzo de 1803 el rey Carlos IV le nombró Capitán del Regimiento de Granaderos de Sigüenza, en el que ya había servido su padre y serviría su hermano Francisco.
Al comenzar la Guerra de la Independencia, en mayo de 1808, era capitán del Cuerpo de Granaderos Provinciales de Castilla la Vieja. Fue hecho prisionero en una de las primeras acciones bélicas, siendo traslado como prisionero hasta Saumur, en la región de Loira, en Francia. Allí tuvo la desgracia de ver llegar, poco después, a su padre, Francisco Romo y Gamboa, brigadier del mismo Cuerpo de Granaderos, que había sido herido y hecho prisionero en la batalla de Cardedeu, que tuvo lugar cerca de esa localidad catalana el 16 de diciembre de 1808, muriendo poco más tarde en sus brazos a causa de las heridas de guerra y de las penalidades del viaje.
Terminado el conflicto, abandonó la carrera de las armas y volvió a su provincia natal. Cuando en 1834 fue elegido para representar a Guadalajara en el Estamento de Procuradores, figuraba como propietario agrícola y su renta era superior a los 12.000 reales exigidos; así que antes del proceso de Desamortización puesto en marcha por Juan Álvarez Mendizábal en 1836, ya contaba Lorenzo Romo con extensas fincas agrarias en tierras alcarreñas.
En 1839 le encontramos como socio de la Sociedad para propagar y mejorar la educación del pueblo, que tenía como Patrona a la Reina Gobernadora María Cristina de Borbón y como presidente efectivo al duque de Gor.

Elección y actividad parlamentaria
Convocadas las elecciones para el Estamento de Procuradores, los comicios se celebraron en la Casa Consistorial de Guadalajara el día 30 de junio de 1834, siendo elegido para el cargo Gregorio García Tabernero, que sin embargo no pudo acreditar una renta superior a los 12.000 reales que era preceptiva para ocupar el escaño en esa Cámara. Celebradas nuevas elecciones el 15 de octubre de 1834, fue designado Juan Francisco Morate, que también vio sus poderes desaprobados por el Estamento de Procuradores, admitiéndose su renuncia al cargo el 7 de noviembre de ese mismo año.
Convocadas de nuevo, y por tercera vez, las elecciones en la circunscripción de Guadalajara, resultó elegido Lorenzo Romo y Gamboa, que pudo acreditar que cumplía todos los requisitos, por lo que el 12 de febrero de 1835 juró su cargo y ocupó su escaño hasta el día 27 de enero de 1836, cuando cesó en sus funciones parlamentarias. Durante los once meses que perteneció al Estamento de Procuradores no formó parte de ninguna comisión ni pronunció ningún discurso, según consta en las actas parlamentarias de ese periodo.
Aunque en 1834 las divergencias entre las dos ramas del liberalismo, moderados y progresistas, apenas empezaban a manifestarse en las Cámaras, Lorenzo Romo y Gamboa llegó a las Cortes como procurador liberal y afín al gobierno que entonces presidía Francisco Martínez de la Rosa. Sin embargo, la tibieza del presidente del Consejo de Ministros para plantear las reformas constitucionales que exigía la nación determinó que aquél votase generalmente a favor del gabinete progresista de Juan Álvarez Mendizábal en algunas decisiones de especial importancia.
En las elecciones a diputados en Cortes celebradas en julio de 1836 para la renovación de la Cámara, obtuvo una votación testimonial, apenas cuatro votos frente a los 367 del candidato más votado. En las de 1837, en la que los moderados se alzaron con la victoria en la provincia alcarreña, participó en la segunda vuelta de los comicios, en la que se debía elegir al senador suplente de la provincia, aunque el elegido fue Bonifacio Fernández de Córdoba.
JUAN PABLO CALERO DELSO

sábado, 4 de julio de 2020

DÁMASO MIÑÓN VILLANUEVA

MIÑÓN VILLANUEVA, Dámaso
[Burgos, 1886 / ]

Dámaso Miñón Villanueva nació en la ciudad de Burgos en el año 1886.
Después de cursar sus estudios primarios y secundarios, se matriculó en la Sección de Letras de la Escuela Superior de Magisterio de Madrid y, tras aprobar la correspondiente oposición en 1909, fue destinado como maestro a la localidad alcarreña de Mondéjar, donde permaneció hasta que en 1917 ingresó, también por oposición directa, en el Cuerpo de Inspectores de Primera Enseñanza, siendo su primer destino la zona educativa de Ponferrada y Zamora, dejando testimonio de su misión en un artículo publicado en el número del mes de enero de 1923 de La Escuela Moderna que tituló “Estado de la escuela primaria en la provincia de León”.

Inspector de Enseñanza Primaria
En 1920 ocupó el mismo puesto en la provincia de Ciudad Real, donde su labor inspectora fue causa de conflictos. Por ejemplo, en junio de 1922 dio con sus huesos en la cárcel, pues al realizar una visita de inspección con motivo del expediente a una maestra de Villanueva de los Infantes tuvo un enfrentamiento en el Casino local con un abogado, que salió en defensa de la docente y que, como consecuencia de ese encontronazo, puso una denuncia que llevó al juez a decretar su ingreso temporal en prisión. Por ese motivo, y tras una breve estancia en Albacete desde el mes de julio, ese mismo otoño fue destinado de nuevo, mediante permuta, a la provincia de Guadalajara, donde como Inspector giró una completa visita a todas las escuelas de la provincia, cuyos exhaustivos informes permiten conocer con detalle el estado de la educación primaria en tierras alcarreñas.
En 1925 fue expulsado del Cuerpo de Inspectores como resultado de un expediente disciplinario que le fue abierto por su insólita conducta en el desempeño de sus funciones: abandono de su destino, hacer caso omiso de los requerimientos oficiales, amenazas y coacciones contra sus superiores… Aunque la Comisión Permanente del Consejo de Instrucción Pública atendió sus alegaciones reincorporándole al Cuerpo de Inspectores, sostenía que Dámaso Miñón tenía una “constitución paranoide” que no le hacía responsable de sus actos, eximiéndole de incorporarse a sus funciones y concediéndole dos años para su recuperación. Sin embargo, pronto se reincorporó a su puesto y aún fue trasladado a la Inspección de Enseñanza Primaria de la provincia de Madrid y adscrito a la Escuela Central de Anormales.
Quizás influyese en la resolución favorable de su expediente disciplinario y en su ascenso a Madrid, su adscripción política a la extrema derecha, pues tan pronto le vemos participando en un acto de homenaje al tradicionalista Juan Vázquez de Mella en marzo de 1928, como interviniendo en el mismo como "caballero asesor" en una reunión de la Orden del Santo Cáliz, una asociación católica de tinte integrista, como podemos leer el 13 de marzo de 1931 en el diario carlista El Siglo Futuro un anuncio de su conferencia sobre “Las Universidades en la Edad Media” en el Centro Nacionalista Español, vinculado al doctor José Luis Albiñana y su partido ultranacionalista, aunque el 6 de febrero había impartido otra sobre un tema muy similar en el Círculo Liberal madrileño.
Pero en 1931 el nuevo gobierno republicano decidió declarar nulos y sin efectos todos los traslados de inspectores realizados durante la Dictadura de Primo de Rivera por no haberse hecho de acuerdo a la legislación vigente y con perjuicio de otros con más derecho, por lo que su destino en Madrid fue revocado, volviendo a su anterior destino en la provincia de Ciudad Real. No debió de quedar Dámaso Miñón muy satisfecho con el cambio de destino, pues en julio de 1931 y en octubre de 1932 le encontramos optando a una plaza de Inspector para las provincias de Madrid y Barcelona.
En mayo de 1935 fue destinado por concurso de traslados, a la Inspección de Primera Enseñanza de la provincia conquense, y pasó a residir en la ciudad de Cuenca. Atento más a sus intereses particulares que a la lealtades políticas, se afilió a Izquierda Republicana y empezó a colaborar en el semanario republicano Heraldo de Cuenca, en cuya capital pasó la Guerra Civil y desde la que, en agosto de 1936, se ofreció a acoger un niño víctima de la guerra. Prueba del verdadero propósito de su mudanza ideológica, pronto escribió una carta a Eduardo Ortega y Gasset, muy bien relacionado con las autoridades del régimen republicano, solicitando una recomendación para ser nombrado Inspector jefe de Primera Enseñanza en la provincia de Cuenca.
Finalizado el conflicto bélico, y después de haber superado con éxito el expediente de depuración, se le mantuvo como Inspector de Enseñanza Primaria en Cuenca, pero dadas sus circunstancias, el Ministerio acordó suspenderle de empleo, que no de sueldo, y abrirle un expediente de jubilación por incapacidad física, contra el que presentó un recurso que no fue atendido. Finalmente, el 14 de enero de 1956 el ministro de Educación, Joaquín Ruiz-Giménez Cortés, firmó el cese como inspector por jubilación de Dámaso Miñón Villanueva, al haber cumplido la edad reglamentaria en su destino en la provincia de Cuenca.

Su preocupación pedagógica
Su personalidad conflictiva no le impidió mostrar un profundo interés por la pedagogía. En octubre de 1914 participó en un curso breve de formación para maestros organizado por la Junta para la Ampliación de Estudios, que se impartió durante diez semanas en la Residencia de Estudiantes madrileña, en la que se alojaron, y que estuvo dirigido por Luis de Zulueta. Satisfecho con la experiencia, en 1920 y aún en años sucesivos, solicitó a la citada Junta la concesión de una beca particular o el encargo de coordinar alguno de los grupos de maestros que, a instancias de la JAE, visitaban las Escuelas primarias y Normales de Francia, Bélgica o Suiza, con el objetivo de conocer nuevos métodos pedagógicos aplicados a la Geografía y la Historia. Pero, a pesar de sus reiteradas reclamaciones administrativas y de su insistente correspondencia a la Junta, no le fue concedida ninguna de las becas que solicitó.
Con poco más de veinte años colaboró con los eminentes profesores Alfonso Retortillo y Rufino Blanco en la redacción de unos Rudimentos de Geografía y de Historia Universal, obra erudita de casi quinientas páginas que fue adoptada como libro de texto en distintas Escuelas Normales. Y entre los días 16 y 25 de octubre de 1949 se celebró en Madrid el I Congreso Interiberoamericano de Educación, convocado por el Instituto de Cultura Hispánica, por iniciativa de su director, Alfredo Sánchez Bella, y organizado por el Seminario de Problemas Hispanoamericanos, que dirigía Manuel Fraga Iribarne, y en el que participó Dámaso Miñón con un texto sobre las entonces llamadas Escuelas de Anormales. Fue autor, además, de varios artículos sobre diferentes aspectos pedagógicos en revistas especializadas y pronunció algunas conferencias sobre enseñanza.
Participó muy activamente en el movimiento asociativo de los Inspectores de enseñanza primaria, y tenemos constancia de su intervención para solicitar mejoras en las retribuciones del Cuerpo en la Asamblea que estos funcionarios celebraron en Madrid en el mes de enero de 1923. En esos mismos años formó parte de la Junta Directiva de la Asociación de Inspectores de Primera Enseñanza.
JUAN PABLO CALERO DELSO