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miércoles, 19 de junio de 2024

SUCESO PORTALES CASAMAR

PORTALES CASAMAR, Suceso

[Zahínos, 4 de marzo de 1904 / Sevilla, 23 de enero de 1999]

Suceso Portales Casamar nació el 4 de marzo de 1904 en el pueblo de Zahínos, situado en el suroeste de la provincia de Badajoz y próximo a la frontera portuguesa. Era hija de Luisa Casamar Portales y Francisco Portales Sirgado, que estaban lejanamente emparentados. El matrimonio, según declaraba el padre, tuvo dieciséis hijos, aunque solo seis llegaron a la edad adulta: Francisco, Luis, Juan, Suceso, Luisa y Hortensia; extraordinaria fecundidad que Suceso, que era neomalthusiana como la mayoría de los anarquistas, criticaba en sus padres. Ella, por su parte, formó pareja con José Molina Ortega, militante del Sindicato de Construcción de la CNT de Madrid que usaba el seudónimo de Acracio Ruiz, con el que solo tuvo una hija, llamada Hortensia.

Suceso y sus hermanos se criaron en el seno de una familia anarquista. En su juventud, y a lo largo de varias legislaturas, su padre fue alcalde y concejal de Zahínos como candidato del Partido Republicano Federal, lo que no excluye su militancia libertaria como demuestra que en 1905 Francisco Portales figurase como suscriptor de La Revista Blanca y en 1907 de Tierra y Libertad y de Humanidad Nueva de Valencia. Como fue común durante la Restauración, muchos anarquistas optaban por desarrollar discretamente su activismo en asociaciones que no eran específicamente libertarias; en su caso, siendo cofundador en 1902 de la Sociedad El Progreso, que gestionaba los bienes comunales de Zahínos o, más tarde, formando parte de la Confederación Nacional de Maestros en Guadalajara.

Al mismo tiempo, ejercía como maestro elemental en Zahínos, hasta que en 1919 solicitó una escuela fuera de Badajoz, quizás influido por el proceso que se le abrió en 1914 denunciado por un cacique; primero fue destinado al municipio de Santas Martas, en la provincia de León, y en 1922 se trasladó a Sesnández de Tábara, hoy en el Ayuntamiento zamorano de Ferreruela. Finalmente, en 1927 se le adjudicó escuela en la provincia de Guadalajara, tal y como solicitó en 1919; concretamente la de Carrascosa de Henares, una pequeña localidad que por entonces rondaba los 250 habitantes a pesar de contar con estación de ferrocarril. Posteriormente, se trasladó a Yélamos de Arriba, otro pequeño pueblo de la Alcarria situado a unos cuarenta kilómetros en línea recta del anterior, donde vivió hasta 1939, impartiendo también clase para adultos en el vecino Yélamos de Abajo.

Al terminar la guerra, Francisco Portales fue preso en Guadalajara y encausado. En su expediente de depuración del Magisterio se recogen los testimonios del párroco, Pedro del Río, del jefe del puesto de la Guardia Civil, Valeriano Vinuesa, y del alcalde, Galo Asenjo, entre otros, que denuncian su filiación anarquista desde que llegó a Yélamos. Fue expulsado de la carrera docente, y en junio de 1940 fue condenado por un Consejo de Guerra a 20 años de prisión. En su traslado al presidio de la isla de San Simón, hizo parada en la cárcel de Valladolid donde fue torturado hasta morir el día 18 de marzo de 1941.

Suceso Portales Casamar en la Guerra Civil

Estas consideraciones previas sobre Francisco Portales Sirgado, aunque extensas, son necesarias para enmarcar la biografía militante de su hija Suceso, a la que erróneamente se le reconoce como activista libertaria solo a partir de 1934 y, además, se señala que llegó a tierras alcarreñas solo una vez iniciada la Guerra Civil. Por el contrario, podemos asegurar que tanto la ideología anarquista –que compartía con sus padres y sus hermanos Luis y Juan- como su presencia en tierras alcarreñas son muy anteriores. A cambio, no sabemos nada de ella hasta que en 1934 la encontramos trabajando como modista en Madrid y afiliada a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT); aunque es inverosímil que una mujer de las clases populares no estudiase –su hermana menor. Hortensia. era maestra- o comenzase a trabajar hasta los treinta años. Suponemos que hasta entonces viviría en el hogar familiar y, desde 1927, en la provincia de Guadalajara.

Al llegar a Madrid entró en contacto con un grupo de jóvenes anarquistas que vivían en la capital de la República, como la doctora Amparo Poch Gascón que llegó desde Zaragoza ese mismo año, la escritora Lucía Sánchez Saornil y la abogada Mercedes Comaposada Guillén, que consideraban que, por más que el anarquismo ofrecía la emancipación de todo el género humano, era necesario un instrumento específico para la liberación de la mujer, idea que no compartían otras militantes anarquistas como Federica Montseny. Este grupo decidió publicar una revista con la cabecera de Mujeres Libres cuyo primer número apareció en mayo de 1936, el segundo salió el 15 de junio de ese año y el tercero vio la luz al mismo tiempo que estallaba la Guerra Civil, prosiguiendo su publicación hasta alcanzar los trece números.

En septiembre de 1936 este grupo anarquista organizado en Madrid en torno a la revista se unió con el Grupo Cultural Femenino de Barcelona también nutrido por mujeres anarquistas como Felisa de Castro, Concha Liaño, Soledad Estorach o Maruja Boadas, para formar la Agrupación de Mujeres Libres, que desde el primer momento constituyó una de las ramas del movimiento libertario español, junto a la CNT, la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL). La nueva organización se extendió por el territorio republicano hasta celebrar su primer congreso en agosto de 1937, al que acudieron representantes de noventa secciones locales, número que siguió creciendo hasta agrupar a 20.000 afiliadas.

A lo largo de este período, Suceso Portales desarrolló una doble actividad. Como una de las militantes más destacadas de Mujeres Libres en el ámbito nacional, a partir de 1936 fue articulista y editorialista de la revista, en 1937 participó en el congreso fundacional de la organización y en 1938 fue elegida Subsecretaria de su Comité Nacional, además de llevar la representación de la asociación en distintas ocasiones como, por ejemplo, en el congreso de las Juventudes Libertarias del Centro en 1937 o en el decisivo Pleno Nacional del Movimiento Libertario celebrado en Barcelona del 16 al 30 de octubre de 1938, donde presentó el informe de Mujeres Libres con Pura Pérez.

Por otro lado, en julio de 1936 regresó a la provincia de Guadalajara, donde impulsó Mujeres Libres, constituyendo secciones locales en Yélamos de Arriba, naturalmente, y en Albares, Guadalajara, Horche, Mazuecos, Mondéjar, Tendilla, Yebra y Yélamos de Abajo y acudiendo al congreso fundacional de Mujeres Libres como delegada de la provincia alcarreña. Pero como, según declaró ella misma, se sintió incapaz de matar a nadie, su actividad en Guadalajara durante el conflicto bélico se centró en la alfabetización de las mujeres, sobre todo en el medio rural, y en solucionar los problemas de abastecimiento, que también sufrían en primer lugar las mujeres. Así, la revista Mujeres Libres anunciaba en su número 8 que  “Por esta Agrupación [de Guadalajara] se ha intensificado la confección de prendas para el frente de la provincia. Nos anuncia la instalación de unos hogares escuelas y nos dan cuenta de una intensa labor de orientación y propaganda entre los campesinos, a cargo principalmente de la activa compañera Suceso Portales”.

En 1937 fue elegida concejala de la capital provincial, por designación del movimiento libertario de Guadalajara, siendo así la segunda mujer que llegaba a ese cargo en la ciudad, tras Elena Sánchez de Arrojo que había ocupado una concejalía durante la Dictadura de Primo de Rivera. Al empezar la Guerra Civil, las corporaciones municipales republicanas habían sido sustituidas por Consejos Municipales, con presencia paritaria de las distintas organizaciones antifascistas y en Guadalajara fueron designadas Concepción de la Torre Waldermeer, del Partido Comunista de España, y Adelaida Díaz Esteban, de las Juventudes Socialistas Unificadas, pero no hay constancia de que tomasen posesión del cargo ni que asistiesen, ni mucho menos interviniesen, en ningún pleno municipal, por lo que su nombramiento no se hizo efectivo. Sin embargo, sí que sabemos que Suceso Portales fue nombrada para el consejo municipal que se constituyo el día 29 de marzo de 1937 y que acudió y participó en la vida municipal.

Suceso Portales Casamar en el exilio

Cuando la derrota de la República fue inevitable, Suceso Portales se dirigió a Gandía, donde consiguió embarcar en el buque HMS Galatea, un cruzado ligero enviado por el gobierno británico y que estaba fondeado frente a la bocana del puerto gandiense. Gracias a las gestiones del cónsul del Reino Unido en Alicante cerca de doscientas personas, entre ellas el diputado socialista Wenceslao Carrillo, pudieron salvar su vida y desembarcar en Londres. En la capital inglesa, Suceso Portales y los suyos contaron con la protección de la familia de la bailarina Peggy Spencer, mientras la dictadura franquista la procesaba por su actividad política.

En el Reino Unido, donde vivió desde 1939 hasta 1972, siguió militando activamente a través de la CNT en las filas del exilio libertario que, a pesar de su reducido número en ese país, publicó su propia prensa, bajo la cabecera de Reconstrucción; a partir de abril de 1962 editaron un nuevo boletín, España fuera de España, dirigido a los emigrantes españoles que llegaban al Reino Unido huyendo de la miseria de la España franquista. Su compañero Acracio Ruiz acudió como delegado de los anarquistas exiliados en suelo británico a la II Conferencia Internacional del Movimiento Libertario Español en 1949, y a los congresos celebrados en 1960 y 1961 (Limoges), 1963 (Toulouse) y 1965 (Montpellier).

Solo en 1962, tras la celebración en el verano de 1961 en Limoges del Congreso de la CNT en el exilio que selló la unificación temporal del movimiento libertario roto desde 1945, Suceso Portales decidió retomar el contacto con sus compañeras de Mujeres Libres exiliadas en Francia y, como fruto de esa reactivación, en noviembre de 1964 apareció en Londres el primer número de la nueva etapa de la revista Mujeres Libres, en edición trilingüe –castellano, francés e inglés- que reflejaba la realidad de la diáspora del anarquismo hispano. En el año 1972, como la avanzada edad de Sara Berenguer la impedía seguir haciéndose cargo de la revista Mujeres Libres en el exilio, Suceso Portales y Acracio Ruiz se trasladaron a Montpellier, muy cerca de Montady donde aquella residía, para poder continuar con su publicación, que se prolongó hasta 1976.

Tras la muerte del general Francisco Franco, Suceso Portales y su familia retornaron a España, estableciendo su residencia en la localidad alicantina de Novelda, aunque pocos años más tarde se trasladaron a Móstoles, donde vivió junto a su hija. Allí falleció el 3 de enero de 1994 su compañero de toda una vida, José Molina Ortega, y algún tiempo después Suceso Portales se trasladó a Sevilla, donde murió el día 23 de enero de 1999.

A su regreso, con más de 70 años de edad, retomó en parte su activismo libertario y su protagonismo en la reconstruida organización de Mujeres Libres. El 27 de marzo de 1977 la CNT convocó en San Sebastián de los Reyes un mitin multitudinario que no fue el primero, pero sí el que dio señales inequívocas de su vitalidad tras la dictadura franquista, y en su tribuna de oradores se encontraba Suceso Portales aunque, en contra de lo que tantas veces se ha dicho, no intervino en el acto. Tampoco es cierto, aunque suele repetirse, que colaborase en la reconstrucción del movimiento libertario en la provincia de Guadalajara, como sí hizo Saturnino Mauricio a la vuelta de su exilio.

Su presencia fue reclamada en diferentes actos a los que acudía a dar su testimonio; así en 1996 estuvo en la conmemoración del sesenta aniversario de Mujeres Libres y en el de la Revolución Social en Guadalajara; además en 1989 participó en el documental De toda la vida, dirigido por Lisa Berger, que analizaba la labor de las mujeres anarquistas durante la Revolución Social española, en el que declaraba “nosotras no luchamos contra el fascismo como se lucha en una guerra, un poder contra otro. Luchábamos por crear una sociedad más justa y más humana”.

JUAN PABLO CALERO DELSO

viernes, 7 de junio de 2024

ANTONIA BRONCHALO LOPESINO

 BRONCHALO LOPESINO, Antonia

[Sayatón, 6 de marzo de 1917 / Madrid, 13 de septiembre de 1959]

Antonia Bronchalo Lopesino, conocida popular y artísticamente como Lupe Sino, nació el día 6 de marzo de 1917 en Sayatón, un pequeño pueblo de la Alcarria, y falleció en Madrid el 13 de septiembre de 1959, a causa de una rápida y cruel enfermedad. Sus padres, el jornalero Nicomedes Bronchalo Sánchez y Eugenia Lopesino Burgos, habían formado una familia tan humilde como numerosa en la que Antonia era la segunda de nueve hermanos, de los cuales siete eran mujeres.

Hacia el año 1931 Antonia y su hermana Visitación se trasladaron a Madrid para “ganarse la vida”, como tantísimas adolescentes alcarreñas. Pero, aunque se empleó muy brevemente en el servicio doméstico, labor a la que parecían destinadas todas las jóvenes menesterosas que llegaban a la gran ciudad, ella quiso convertirse en actriz. En la capital de la República asistió a clases de canto y baile y todo parece indicar que antes de 1936 Antonia ya actuó en salas de fiestas y cabarets. Esta vocación artística sirvió para cimentar su leyenda negra con insinuaciones de que se había dedicado a actividades lucrativas pero deshonrosas, como sostenía un informe de la policía franquista: “ha llevado una vida poco moral, tal vez porque desde que tenía quince o dieciséis años tuvo que ganarse la vida por sus propios medios, sin que nadie la frenara, ya que sus padres, gentes sin escrúpulos, se lucraban con sus ganancias”.

Ni siquiera su matrimonio alejó las maledicencias sobre su vida privada. En el mes de octubre de 1937, en pleno fragor de la Guerra Civil, contrajo enlace civil en el frente de Guadalajara con Antonio Verardini Díez de Ferretti, un joven ingeniero que, como oficial de las milicias confederales de la CNT, llegó a ser Jefe del Estado mayor del IV Cuerpo de Ejército, actuando como padrino el general José Miaja y firmando como testigos, entre otros, los dirigentes milicianos Cipriano Mera, anarquista y amigo particular del novio, y Valentín González el Campesino, comunista.

Por el contrario, su boda acrecentó esa leyenda negra sobre Antonia Bronchalo que la acompañó hasta el fin de sus días, convirtiéndola en el prototipo de la femme fatale, de la vividora sin escrúpulos que usa a los hombres en su exclusivo beneficio. La policía franquista informaba en 1942 que ella y Antonio Verardini “vivían en un hotel en [el Paseo de] la Castellana, con dos coches de gran lujo igualmente requisados, haciendo ostentación de pieles y alhajas, al parecer robadas”, aunque tenían informes discordantes sobre esa vida regalada, además del testimonio del propietario del chalé, Emilio González Llamas, que confirmó que cuando acabó la contienda Antonia Bronchalo le llamó para hacerle entrega de la casa y aclarar qué muebles no eran de su propiedad.

El 30 de junio de 1939 fue detenida por la policía franquista y presentada ante el Juzgado Permanente Militar número 4 de Madrid, mientras su padre cumplía una condena de doce años en el Penal de Ocaña por sus actividades políticas. Ante las declaraciones contradictorias sobre su actividad particular durante el período bélico y los testimonios sobre su supuesta orientación política derechista, no llegó a ser juzgada y se levantaron todas las medidas preventivas. En una Nota Informativa de la Brigada Político Social de Madrid, fechada el 4 de abril de 1942, se decía que de los informes recogidos se deducía “que es persona de buenos sentimientos y que su conducta durante la guerra debe ser considerada como de persona afecta al Movimiento Nacional”, lo que permitía deducir que su matrimonio con Antonio Verardini solo estuvo dictado por el interés económico a pesar de la supuesta enemistad ideológica entre ambos, obviando que el padre de Antonia era preso político y que uno de sus hermanos actuaba como enlace en el IV Cuerpo de Ejército y sería, posiblemente, el que presentó a la pareja.

Su carrera como actriz

Al finalizar la Guerra Civil su vocación artística seguía intacta y pudo canalizarla a través del cine, gracias al visto bueno que sobre su conducta política recibió el Sindicato de Espectáculos Públicos de la Jefatura Superior de Policía de Madrid. Parece ser que en 1941 participó con un pequeño papel en Tierra y cielo de Eusebio Fernández Ardavín, basada en la adaptación de una obra de los hermanos Álvarez Quintero con Armando Calvo y Maruchi Fresno como protagonistas, aunque su nombre no aparece en los títulos de crédito.

Su primera y única película como protagonista fue La famosa Luz María, que dirigía Fernando Mignoni, un italiano que durante la Guerra Civil había rodado Nuestro culpable producida por la CNT, y que coprotagonizaba Manolo Morán. Durante el rodaje la prensa ya se hacía eco del debut como protagonista de “una muchacha de dieciocho años que será un descubrimiento sensacional”, aunque ya tenía veinticuatro. Se estrenó en el Palacio de la Música de Madrid el 23 de marzo de 1942.

Dos años después se rodó El testamento del virrey, dirigida por Ladislao Vadja y con Lupe Sino, Irene Caba y José Isbert, entre otros, en un reparto que encabezaban Mercedes Vecino y Manolo Luna. Solo tuvo un papel secundario en esta producción a la que tampoco acompañó el éxito ni de crítica ni de público, lo que no ayudó a sostener la brillante carrera de actriz que prometía su iniciación en La famosa Luz María.

Tras la muerte de Manolete recibió varias propuestas para llevar a la gran pantalla su historia de amor con el torero, pero ella las rechazó todas. En 1948 participó, con un pequeño papel, en la película El marqués de Salamanca, una cinta de tono biográfico que dirigió Edgar Neville con guión suyo y de Tomás Borrás y que protagonizaron Alfredo Mayo y Conchita Montes. A pesar de ser premiada por el Sindicato Nacional del Espectáculo y de ofrecer una imagen romántica y edulcorada del Madrid de mediados del siglo XIX, tampoco esta producción se convirtió en un gran éxito.

Y en enero de 1950, se estrenó en México Un corazón en el ruedo o La dama torera, que narraba el drama de un torero enredado en un triángulo amoroso y que estaba dirigida por Miguel Morayta, un militar español exiliado que desarrolló una intensa actividad cinematográfica en su país de acogida. A pesar del morbo que podía despertar la presencia de Lupe Sino en el film, cuando no hacía ni tres años de la muerte de Manolete, tampoco fue ella la protagonista y se tuvo que conformar con un nuevo papel secundario, aunque en esta ocasión su nombre aparecía en el cartel de la película. Esta fue la última aparición de Antonia Bronchalo Lopesino en el cine, una carrera breve y de poco brillo a pesar de trabajar con algunos de los más conocidos directores y actores españoles de la época.

Su relación con Manolete

En cualquier caso, el 27 de octubre de 1943 y con motivo de una comida en el bar Chicote de la Gran Vía para homenajear a Manolete, el torero y la actriz se conocieron y, de inmediato, comenzó su relación. Esas Navidades, por primera vez, Manuel Rodríguez no la pasó con los suyos en Córdoba porque se quedó en Madrid con Antonia Bronchalo. Al año siguiente, la pareja convivía en el mismo domicilio, en el número 28 de la calle Hilarión Eslava de la capital, para escándalo de muchos, lo que puso sordina pública a su relación en esos primeros meses, presentándola Manolete en septiembre de 1946 como “mi secretaria […] encargada de llevar la contabilidad, despacho de correspondencia, etc.”.

En junio Antonia Bronchalo había solicitado que se le expidiese un pasaporte para acompañar a Manolete a América, pero la policía rechazó la petición alegando la relación que durante la Guerra Civil había tenido con el comunista Enrique Líster que, sin embargo, no había podido ser íntima ni frecuente, a causa de la rivalidad entre anarquistas y comunistas. Ante esta disposición, el torero escribió personalmente al Director General de Seguridad avalando la conducta política de Lupe Sino basándose en que “durante dos años, he tenido un conocimiento constante de sus actividades y modo de pensar”.

Se le concedió el permiso y al comenzar en octubre esa gira de Manolete en Perú, la prensa ya se hizo eco de la presencia junto al torero de la actriz Lupe Sino, a quien pronto calificaron como su novia. Al hacer escala en Nueva York el propio Manuel Rodríguez aseguró que, aunque era soltero, “posiblemente contraería matrimonio con la artista Lupe Sino”. No era una simple estratagema para acallar las críticas de sectores católicos a su convivencia irregular pues, según cuenta el periodista Antonio Bellón Uriarte que viajó con Manolete en el coche hasta Linares, el diestro le confesó que pensaba casarse con Lupe Sino el 18 de octubre de ese mismo año de 1947, a pesar de la rotunda oposición de la madre del torero, Angustias Sánchez. Mientras tanto, pasaban temporadas en el pueblo alcarreño de Fuentelencina, donde vivía una de las hermanas de Antonia, lejos de presiones y comentarios maledicentes.

Pero el 28 de agosto de 1947 el toro Islero, de la ganadería de Miura, corneó a Manolete en la plaza de toros de Linares. A la gravedad de la herida se le sumaron las pésimas condiciones sanitarias de la enfermería del coso y la extrema precariedad de la España de aquellos años. Fue operado de urgencia por el médico de la plaza, Fernando Garrido, y atendido después por el doctor Luis Jiménez Guinea, cirujano jefe de la madrileña plaza de toros de Las Ventas, que se desplazó hasta Linares al saber lo ocurrido con una bolsa de plasma en mal estado que, según parece, provocó su muerte.

Mientras Manuel Rodríguez Sánchez luchaba entre la vida y la muerte, a las puertas de la enfermería se desarrollaba una pugna por la herencia de Manolete. Lupe Sino, que se encontraba en el balneario de Lanjarón, acudió apresuradamente al ser informada de la cogida. Su deseo era entrar en la enfermería para acompañar al torero, pero su apoderado, José Flores Camará, y Álvaro Domecq se lo impidieron, por el temor de que Manolete quisiese casarse con Lupe Sino in articulo mortis y le dejase a ella su cuantiosa herencia, valorada en unos treinta millones de pesetas. Solo cuando el diestro ya había fallecido se le franqueó el paso a la enfermería.

La muerte de Manolete en la plaza de Linares avivó el odio y la inquina contra Lupe Sino, hasta el punto que el ministro falangista José Antonio Girón de Velasco afirmaba en sus memorias “yo siempre he pensado que a Manuel Rodríguez Manolete le mató Antoñita Bronchalo Lupesino [sic]”, recordando una conversación con el torero en el que éste le decía: “Esta hija de puta me va a matar. No puedo vivir sin ella”. Muerto Manuel Rodríguez Sánchez no había sitio para ella a la sombra de Manolete: se le llegó a recomendar que no acudiese al entierro del diestro.

Sus últimos años

Bien fuese por ese clima irrespirable que la rodeaba en todo momento o por romper amarras con un pasado doloroso, lo cierto es que en 1949 Antonia Bronchalo marchó a México para formar parte de la película Un corazón en el ruedo en respuesta a la llamada de Miguel Morayta. Y al año siguiente se casó, en un enlace religioso, con José Rodríguez Aguado, un acaudalado empresario mexicano con el que vivió en la capital. Y quien, según algunas fuentes, ejercía un férreo control sobre ella, que había sido siempre un espíritu libre.

El matrimonio no funcionó y en 1952 Antonia Bronchalo Lopesino volvió a su Madrid. Y allí sufrió un accidente de automóvil el 7 de septiembre de 1959; no parecía ser nada serio y el conductor, su amigo el actor Arturo Fernández que por entonces era un desconocido doce años menor que ella, salió ileso. Pero seis días después del percance, Antonia Bronchalo moría como consecuencia de una embolia cerebral, producida por un coágulo resultado del accidente de coche.

Tenía 42 años y había vivido libre en una sociedad que, a partir de 1939, la había querido sometida y encerrada como a todas las mujeres españolas. Su belleza y su pasión le permitieron disfrutar de esa libertad enfrentándose a quienes cuchicheaban que era una prostituta de lujo o la acusaban abiertamente de ser una buscavidas y una cazafortunas. Para unos una roja, para otros una superviviente, Antonia Bronchalo Lopesino vivió su vida en libertad cuando muy pocas mujeres podían hacerlo.

JUAN PABLO CALERO DELSO

sábado, 1 de junio de 2024

ELVIRA MALAGUILLA SÁNCHEZ-ARRIBAS

MALAGUILLA SÁNCHEZ-ARRIBAS, Elvira

[Guadalajara, 10 de agosto de 1900 / Madrid, 17 de mayo de 1985]

Elvira y Sofía Malaguilla Sánchez-Arribas fueron dos hermanas, nacidas en Guadalajara con solo dos años de diferencia, que durante sus primeros años en la capital alcarreña vivieron vidas casi paralelas cuyo interés trasciende la simple peripecia personal. Concretamente, Elvira nació en Guadalajara el día 10 de agosto de 1900 y falleció en Madrid el 17 de mayo de 1985, mientras que Sofía vino al mundo en Guadalajara en el mes de diciembre de 1902 y murió en Madrid en el mismo mes del año 1945.

Fueron sus abuelos paternos Eugenio Malaguilla, un jornalero nacido en Alovera que falleció el 15 de mayo de 1874 a los 37 años de edad, y Petra Antón Ruiz, que nació el 29 de abril de 1841 en Guadalajara, donde murió en febrero de 1923; y sus padres fueron Eduardo Malaguilla Antón y Sofía Sánchez-Arribas. Como en tantos hogares de aquel tiempo, sobre todo en los de las clases populares, la mortalidad infantil marcó la vida familiar de los Malaguilla Sánchez-Arribas: el 11 de febrero de 1897, a los cinco días de nacer, murió su primera hija, a la que también se le impuso el nombre de Sofía, y otras dos niñas perecieron el 21 de marzo de 1899, con solo mes y medio de vida y a la que también se bautizó como Sofía, y en el mismo mes de 1906. Finalmente, llegaron a la edad adulta Elvira, Sofía, Eugenia, Eduardo y Elena.

Aunque su abuelo era originario de Alovera, se trasladó a la capital provincial residiendo en el número 1 de la calle de San Juan de Dios, mientras que Elvira y Sofía vivieron con sus padres, sucesivamente, en el número 5 de la calle de San Bartolomé, en el número 20 de la calle de Jáudenes y en el piso principal del número 7 de la Plaza de Moreno. Su padre, Eduardo Malaguilla Antón, empezó su vida profesional como funcionario, primero de la Pagaduría de Hacienda y, más adelante, como Inspector del Timbre del Estado; pero, suponemos que cansado de las habituales cesantías, se convirtió en Agente de Negocios. Al mismo tiempo, participaba de la vida social de la capital alcarreña, ocupando cargos en las Juntas Directivas de la Sociedad Cooperativa cívico-militar, del Casino de Guadalajara, de la Cámara local de Comercio e Industria y de la Cámara Minera provincial, entre otras.

Elvira contrajo matrimonio en noviembre de 1928 en la iglesia de San Nicolás de la capital alcarreña con Pedro Egea, funcionario del Catastro destinado en Guadalajara, siendo apadrinados por su padre, Eduardo Malaguilla, y su hermana Sofía; el día 15 de noviembre de 1929 nació la única hija de la pareja, bautizada con el nombre de Elvira. A su vez, Sofía contrajo matrimonio con el periodista e historiador falangista Luis de Sosa, que fue catedrático de la Escuela de Periodismo madrileña tras acabar la Guerra Civil, con el que no tuvo hijos.

Su vida académica

Después de cursar sus estudios primarios, seguramente en el Colegio del Sagrado Corazón, popularmente conocido como “las Francesas”, Elvira y Sofía ingresaron en septiembre de 1913 en el Instituto General y Técnico de Guadalajara, estando entre las siete primeras mujeres que obtuvieron el título de Bachillerato en esta provincia y, antes de ellas, solo Amparo Bravo Bartolomé había nacido en tierras alcarreñas. Concretamente, en la convocatoria de junio de 1918 alcanzaron ese título de Bachillerato Superior las alumnas María Antonia López Medranda, de 17 años, Elvira Malaguilla Sánchez-Arribas, de 18, y su hermana Sofía Malaguilla Sánchez-Arribas, de 16. Ambas marcharon después a estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, en Madrid, completando su licenciatura en el curso 1923-1924 y mereciendo la calificación de sobresaliente. Además, tanto Elvira como Sofía cursaron, con matrícula libre, estudios de piano en el Real Conservatorio de Música de Madrid, obteniendo excelentes calificaciones.

Fueron, sobre todo, las primeras mujeres que impartieron clase en el Instituto de segunda enseñanza de Guadalajara. En marzo de 1926 Elvira Malaguilla Sánchez-Arribas, fue nombrada Profesora Ayudante Interina para las asignaturas de Psicología y Lógica, de Ética y de Fundamentos de Derecho, cesando el 30 de septiembre de ese mismo año porque se reincorporó el titular. Y, para el curso siguiente, fue su hermana, Sofía Malaguilla Sánchez-Arribas, a la que se designó el 30 de noviembre de 1926 como Ayudante interina en la Sección de Letras del mismo Instituto.

Pero una vez obtenido el título académico, y seguramente forzadas por las dificultades que enfrentaba el trabajo de las mujeres, optaron por presentarse a sendas oposiciones a funcionarias del Estado, un ámbito laboral exclusivamente masculino hasta solo doce años atrás. Por Real Orden del 24 de mayo de 1925 se convocaron oposiciones a Oficiales de tercera clase de la Administración Civil del Estado y a ellas concurrió Elvira Malaguilla. Tras los exámenes, celebrados en los meses de aquel invierno, aprobó la oposición con el número 1 de su promoción, siendo destinada al Gobierno Civil de Guadalajara, donde tomó posesión de su puesto en febrero de 1926. En abril de 1931, tras la proclamación de la Segunda República, fue ascendida a Oficial de segunda clase con el mismo destino, a pesar de que había mostrado públicas simpatías por la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera, ascendiendo solo tres meses después a Oficial primero.

Mientras tanto, Sofía Malaguilla se presentó a las oposiciones para el Cuerpo Auxiliar de Estadística, aprobando en 1926 al mismo tiempo que su hermana y siendo destinada a la provincia de Huesca, donde permaneció hasta el mes de octubre del mismo año en que fue trasladada a la misma oficina en la provincia de Guadalajara. Más adelante, en 1933, también su hermana Elena aprobó las oposiciones para el Cuerpo Administrativo de Mecanógrafos-calculadores del Cuerpo Nacional de Estadística.

Después de la Guerra Civil

El final de la Guerra Civil española en abril de 1939 supuso un punto de inflexión para Elvira, Sofía y el resto de los hermanos Malaguilla Sánchez Arribas. A todas las hermanas, que eran funcionarias de la Administración Civil del Estado, se les abrió el correspondiente expediente de depuración, y a Eduardo, que había tenido una actuación destacada durante el conflicto como militante del Partido Comunista de España (PCE) y decano del Colegio de Abogados de la provincia, se le puso en busca y captura.

Elvira Malaguilla había permanecido durante toda la contienda en su puesto de Jefe de Negociado de tercera clase del Gobierno Civil de Guadalajara en comisión de servicios, y el 10 de junio de 1939 se la apartó del puesto hasta concluir su expediente de depuración, cuya resolución favorable le permitió continuar en el servicio activo, ascendiendo a Jefa de Administración de Primera Clase el 31 de octubre de 1957 y jubilándose, después de casi cuarenta años de servicio activo, como Jefa Superior de la Administración Civil del Estado el 30 de septiembre de 1965, habiendo estado destinada en sus últimos años en la Dirección General de Administración Local del Ministerio de la Gobernación en Madrid, pero habiendo renunciado a su primera vocación docente.

Por otro lado, Sofía Malaguilla había sido declarada cesante por el gobierno de la República de acuerdo con lo establecido en un Decreto del 12 de octubre de 1935, amortizándose su plaza desde el 7 de enero de 1938. Pero en 1939, tras cerrarse su expediente de depuración, volvió al servicio activo como Oficial administrativo de primera clase, con pleno reconocimiento de todos sus derechos, y en el escalafón elaborado el 1 de julio de 1941 figuraba en el Cuerpo Facultativo Nacional de estadística.

Otra de las hermanas, Elena Malaguilla que estaba destinada en Madrid, tras el forzoso expediente de depuración al que se sometió a todos los funcionarios, fue readmitida en el Cuerpo Administrativo de Estadística con la sanción de separación del servicio durante un año. Sin embargo, el 2 de diciembre de 1952, y mediante una Orden firmada por el almirante Luis Carrero Blanco, se dejó sin efecto la citada sanción, “debiendo, por tanto, ser repuesta en el lugar que le correspondería ocupar actualmente en el Escalafón” en el cuerpo Estadístico Técnico de tercera clase.

Peor suerte corrió Eduardo Malaguilla, que debió de partir al exilio en compañía de su mujer e hijo, estableciéndose temporalmente en La Habana. El 16 de diciembre de 1941, dos días después de cumplir treinta y cinco años, desembarcó en el puerto mexicano de Veracruz y declaró llegar como exiliado y tener como oficio el de contable, siguiendo la recomendación de que manifestasen tener capacitación profesional para los empleos más útiles en el país anfitrión. En un primer momento, disfrutó de un subsidio mensual de mil francos proporcionado por la Junta de Auxilio a los Refugiados Españoles (JARE), lo que parece evidenciar su acercamiento a las filas del PSOE.

Pero, al margen de la vida particular de Elvira y Sofía Malaguilla, el proceso de emancipación de la mujer del que ellas habían sido pioneras en el Instituto de Bachillerato de Guadalajara como alumnas y profesoras, se interrumpió a partir del 1 de abril de 1939 como consecuencia de los esfuerzos del nuevo régimen dictatorial por recuperar el papel tradicional y subordinado de las mujeres españolas.

JUAN PABLO CALERO DELSO

jueves, 30 de mayo de 2024

JULIA MORROS SARDÁ

MORROS SARDÁ, Julia

[León, 27 de agosto de 1902 / Madrid, 1983]

Julia Morros Sardá nació en la ciudad de León el día 27 de agosto de 1902, hija de Julia Sardá Pedragosa y de Juan Morros García y falleció en Madrid en 1983. Vino al mundo en el seno de una familia de la burguesía profesional: su padre era médico y veterinario y entre 1908 y 1936 fue catedrático en la Escuela de Veterinaria de León, de la que llegó a ser director; sus hermanos José y Julio fueron médicos de prestigio y su hermano Juan fue abogado del Estado. El 29 de junio de 1932 contrajo matrimonio civil en el juzgado del distrito madrileño de Congreso con el pedagogo, periodista y autor dramático Salvador Ferrer Culubret, junto al que permaneció toda su vida y con el que no tuvo hijos. Por una poesía suya publicada en El Día del 16 de febrero de 1928, sabemos que, por su matrimonio, era prima de la deportista y periodista feminista Ana María Martínez Sagi.

Cursó estudios primarios en el Colegio Leonés, popularmente conocido como Colegio Belinchón por ser fruto de la iniciativa de la pareja de alcarreños Ramón Belinchón Llerena y María García-Abad Fuerte, y desde 1916 los de segunda enseñanza en el mismo centro, donde obtuvo excelentes calificaciones y tituló con Premio Extraordinario. Al finalizar el Bachillerato, se matriculó en la Escuela Normal de Maestras de León, obteniendo el título de magisterio en 1921.

Se trasladó entonces a Madrid, residiendo hasta 1930 en la famosa Residencia de Señoritas, para estudiar en la Escuela Superior de Magisterio, donde conoció al que luego sería su marido, y donde se graduó con el número 1 de la promoción de 1925-1926 en la Sección de Ciencias. Se matriculó entonces en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, donde obtuvo primero la licenciatura con premio extraordinario en la sección de Naturales y, posteriormente, el grado de doctorado con una tesis titulada “Contribución al Estudio de la Antropología Española. El crecimiento en la edad escolar”, que le valió ser admitida poco después como socia de número en la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria, que publicó su tesis doctoral.

 Completó su período de formación con un viaje de estudios por Francia, Bélgica y Suiza iniciado en 1932, después de su boda, junto con su marido Salvador Ferrer, gracias a sendas becas de la Junta para Ampliación de Estudios. En su peculiar luna de miel, que se prolongó durante diez meses, en París residió en el número 41 del Boulevard Saint Michel y asistió a clases en el Institut de Psychologie, el Instituto de Orientación Profesional y la École d’Anthropologie; en Ginebra fue alumna de Éduard Claparède y Jean Piaget y visitó diversos centros escolares en Bélgica.

 Su actividad docente

Profesionalmente, muy pronto se inclinó por la práctica docente. En el curso 1926-1927 fue profesora de la Sección de Primaria del Instituto Escuela y al curso siguiente, por una Real Orden del 28 de septiembre de 1927, fue nombrada Ayudante interina de las clases prácticas de la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio, con un sueldo anual de 1.250 pesetas, siendo renovada como propietaria de esa misma plaza en julio de 1930, aunque en diciembre de ese mismo año fue declarada excedente como consecuencia de la reforma del citado centro educativo.

Alejada de la Escuela Superior, emprendió nuevos proyectos y a partir del mes de marzo colaboró como profesora en un curso para la formación de médicos escolares organizado por la Escuela Nacional de Sanidad y el Ministerio de Instrucción Pública. En noviembre de 1931, y seguramente bajo la influencia de su padre, fue nombrada profesora para las Cátedras de Botánica, Geología y Zoología de la Escuela de Veterinaria de León.

En enero de 1932, y dentro del programa de reforma educativa de la República, el gobierno decidió suprimir definitivamente la Escuela Superior de Magisterio, declarando la excedencia forzosa de Julia Morros Sardá y del resto del profesorado, que conservaban el derecho a percibir dos tercios del sueldo que tenían asignado, que en su caso eran 1.500 pesetas al año, Finalmente, en junio de 1932 fue nombrada Inspectora de Enseñanza para la provincia de A Coruña, adscribiéndola al partido judicial de Órdenes y el Ayuntamiento de Negreira, mientras que su marido Salvador Ferrer era nombrado para igual puesto en la provincia de León, hasta que en enero de 1933, en virtud del derecho de consorte reconocido en el Magisterio español, Julia Morros fue destinada en la Inspección educativa de la provincia de León, encargada de la zona escolar de Murias de Paredes, mientras su marido lo era de la de Sahagún.

En el verano de 1933 formó parte del tribunal provincial en León que juzgaba a los aspirantes admitidos al cursillo de selección profesional para ingreso en el Magisterio nacional. Además, ese mismo verano, realizó el cursillo que capacitaba para dar clase en Enseñanza Secundaria en los colegios que sustituirían a los hasta entonces regentados por órdenes religiosas, aprobando con el número 7 de la Sección de Ciencias Naturales. Finalmente, el 1 de noviembre de 1933 fue nombrada encargada de curso en la asignatura de Historia Natural en el Instituto de Bachillerato de León.

 Al año siguiente ella junto con Salvador Ferrer, pusieron en marcha una colección de material escolar titulada “Documentos Pedagógicos” formada por unos cuadernillos de sesenta y cuatro páginas, al económico precio de dos pesetas, que anunciaban formar “una utilísima colección” que permitía “conocer los problemas de la educación en su estado más actual”. A ella se le deben también los libros Problemas de Física y Química, Ciencias de la Naturaleza y su didáctica, cuya primera edición es de 1954, e Iniciación a la Química, también publicado en 1954 por la Editorial Juvenal.

Después de la Guerra Civil

La rebelión militar que dio paso a la Guerra Civil truncó las carreras profesionales y las expectativas de toda la familia. En un primer momento, fueron separados del servicio y quedaron sin sueldo Julia Morros, tanto de su plaza como profesora interina de la Facultad de Veterinaria como del Instituto de segunda enseñanza, donde era encargada de curso, como de la Inspección de Enseñanza Primaria; su padre, Juan Morros García, de la cátedra en la Facultad de Veterinaria, y su marido, también en la Inspección educativa provincial. Suspensión de empleo y sueldo que se ratificó con posterioridad mediante una Orden de la Presidencia de la Junta Técnica del Estado. Además, Julia Morros fue sancionada por las autoridades franquistas y, como se negase a abonar la multa, fue encausada por el Juzgado de Primera Instancia de León para forzarla al pago. Por su parte, Salvador Ferrer fue detenido, encausado y condenado a cadena perpetua bajo la delirante acusación de auxilio a la rebelión.

Durante los años de la Segunda República tanto Julia Morros como su marido se habían señalado políticamente, no solo por su matrimonio civil, sino también por colaborar con el Ateneo Obrero de León, una institución sin vinculación partidista pero de clara orientación política, impartiendo clases en el curso 1934-1935: él de Cultura General, Literatura y Arte y ella de Ciencias, bajo el título de “Divulgaciones científicas”. Además, ella había estado afiliada a la Agrupación Femenina del Partido Republicano Radical-Socialista leonés y Salvador formaba parte de la Masonería.

Sin embargo, muy pronto se reincorporó al servicio activo, quizás con la ayuda de alguno de sus hermanos más proclives al régimen franquista, según una Orden Ministerial de 8 de marzo de 1942 que la destinaba forzosamente en la Escuela Nacional, así que, aunque otra Orden del 15 de abril de 1943 ya la situaba en el escalafón de Inspectores de Primera Enseñanza con un sueldo de 8.400 pesetas anuales, lo cierto es que estando inhabilitada temporalmente para el Servicio de Inspección, a partir del 14 de julio de 1942 estuvo destinada como maestra en varias Escuelas Nacionales: en la parroquia de San Pedro de Arante de la localidad lucense de Ribadeo, en Becerreá, en la escuela de Os Campos, en el pueblo coruñés de Arzúa y, desde el curso 1944-1945, en la de Aranda de Duero, donde el caciquismo local y la estricta vigilancia policial a la que estaba sometida la pareja le privaron de la escuela a la que tenía derecho, estando allí destinada pero sin actividad docente, por lo que al comenzar 1945 solicitó la excedencia voluntaria para atender su salud.

Con el paso del tiempo fue rehabilitada, mediante Orden Ministerial del 5 de diciembre de 1951, que, sin embargo, la sancionaba con un destierro de la provincia leonesa durante cinco años y la prohibición de ocupar cargos directivos o de confianza, y se reincorporó a la docencia del profesorado, primero en la Escuela Normal de Maestras de Ávila, desde el 22 de enero de 1953, y a partir del 1 de enero de 1957 en la de Guadalajara, ejerciendo como profesora numeraria de Ciencias Naturales. En la capital alcarreña completó su rehabilitación profesional, hasta el punto de ser nombrada directora de la Escuela Normal femenina en 1963. El 23 de septiembre de ese año, y con motivo de la inauguración del nuevo edificio de la Escuela, fue la encargada de recibir al ministro Manuel Lora Tamayo, uno de los principales responsables de la depuración del profesorado que ella y su familia más directa habían sufrido en 1936. Durante su estancia en Guadalajara publicó El Museo de Ciencias Naturales en la escuela primaria, editado en 1962.

En el verano de 1964, y según Resolución de la Dirección General de Enseñanza Primaria, fue nombrada profesora numeraria de Historia Natural, Fisiología e Higiene y Agricultura de la Escuela de Magisterio María Díaz Jiménez de Madrid, de la que fue nombrada directora el 30 de octubre de 1969 y donde se jubiló al cumplir los 70 años. Unos meses después de su retiro, el 5 de mayo de 1973, se le tributó un homenaje conjunto con su marido por ser “figuras señeras de la extinguida Escuela Superior de Magisterio”, institución a la que Salvador Ferrer dedicó uno de sus libros.

JUAN PABLO CALERO DELSO