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martes, 15 de septiembre de 2020

MARÍA DEL CARMEN OÑA ESPER

OÑA ESPER, María del Carmen
[Sanlúcar de Barrameda, 30 de julio de 1884 / Madrid, abril de 1932]

María del Carmen Oña Esper nació en la localidad de Sanlúcar de Barrameda, en la provincia de Cádiz, el día 30 de julio de 1864 y falleció en la ciudad de Madrid en el mes de abril de 1932. Tuvo al menos un hermano, Inocencio, que en el año 1890 consiguió también el título de licenciado en Filosofía y Letras en la Universidad Central madrileña.
En 1887 comenzó sus estudios de Bachillerato en el Instituto de segunda enseñanza de Sevilla, siendo la primera mujer que, en la capital andaluza, optó por la matrícula oficial y que acudió a clase con sus compañeros. Esta singularidad, ser la primera mujer que asistía regularmente a las aulas y ser la única junto a más de medio centenar de alumnos varones, pusieron de manifiesto que las dificultades de las jóvenes para su acceso a la instrucción no se circunscribían al marco legal vigente. María del Carmen Oña nos dejó, por medio de un artículo titulado “Digno de memoria”, que se publicó en la revista barcelonesa La Universidad en su número de febrero de 1888, un testimonio de su experiencia: cuando “apareció como llovida entre ellos, la primera impresión fue de sorpresa; pero a la salida, como ya estaban bien enterados de lo que se trataba, fue otra cosa. […] el silencio hubiera sido en aquellos momentos la esencia de la oportunidad, […] lo que hubo fue un millón de escolares que se desahogaron en la silba más espantosa que jamás oyeron oídos humanos”. No fue el único; en la revista de La Ilustración de Barcelona del 13 de enero de 1889 publicó otro artículo con el título de “Ella y ellas”.
Ni este acoso ni la segregación que soportó, debía concurrir acompañada de un familiar y entrar la primera en el aula para sentarse junto al profesor y separada del resto de alumnos, no la desanimaron, pero la convencieron para pedir el traslado al Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, donde se matriculó para el curso de 1888 y donde realizó el examen final del Bachillerato el día 24 de junio de 1892, mereciendo la nota de Sobresaliente.
En 1895, con 31 años ya cumplidos, María del Carmen Oña se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid, siendo la primera alumna del Instituto de Sevilla, junto con Ester Alonso López, que se matriculó en una Universidad española. Mediante una Real Orden del 11 de junio de 1888 se había regulado el acceso de las mujeres a los estudios universitarios superiores, pero se establecían una larga serie de limitaciones que hacían muy difícil que una mujer se matriculase en la Universidad española, por lo que volvió a encontrarse con dificultades semejantes a las que padeció en el Instituto sevillano. En solo tres cursos aprobó todas las asignaturas, y el 20 de junio de 1898 obtuvo la licenciatura, obteniendo un Sobresaliente en el examen de grado. En los cursos de 1901 y 1902 se matriculó en las asignaturas para el Doctorado, pero no llegó a defender la tesis, pues se impusieron sus obligaciones como profesora.

En la Escuela Normal de Guadalajara
En 1899 había conseguido el título de Maestra Superior y al año siguiente comenzó su actividad docente en la Escuela Normal de Valladolid. En 1905 obtuvo una plaza, como profesora interina, en la Normal de Pontevedra, y por una Real Orden de 14 de julio de 1909 fue nombrada, en virtud de oposición, profesora numeraria de la Sección de Ciencias de la Escuela Normal Superior de Maestras de la misma ciudad gallega. En 1913 se trasladó, mediante concurso, a la Normal de Maestras de Guadalajara como numeraria de su Sección de Ciencias. Después de ampliar estudios en la Escuela Superior del Magisterio en el curso 1913-1914, se encargó de todas las asignaturas de Pedagogía en la Normal de Maestras alcarreña, permaneciendo en activo hasta su muerte en el mes de abril de 1932.
Sin embargo, en 1931 presentó su solicitud para ocupar una plaza de profesora de Pedagogía en la Escuela Normal de Maestros de Madrid, pero su petición fue desestimada por no cumplir todos los requisitos exigidos y no pudo participar en el concurso de traslados. Para entonces era una de las cincuenta primeras profesoras del escalafón de las Escuelas Normales y disfrutaba de un sueldo de 12.000 pesetas anuales.
Si había sido una de las pioneras en el acceso a la enseñanza media y una de las primeras mujeres licenciadas en España, también fue innovadora en su labor docente en Guadalajara. En el año 1915 se le abrió un expediente disciplinario “con motivo de varias excursiones que hizo a Madrid con alumnas” de la Escuela Normal de Guadalajara, aunque finalmente el expediente quedó sobreseído. Igualmente, llevó a las aulas este espíritu de renovación, desarrollando, por ejemplo, su método activo conversacional, sobre el que publicaría un interesante artículo.
A partir de 1916 encontró un ambiente más propicio en las Escuelas Normales para Maestros y Maestras alcarreñas, con la incorporación de nuevos profesores, entre los que destacaban los hermanos Bargalló, que desde Guadalajara animaron una profunda renovación teórica y práctica de la enseñanza primaria. En 1921 fundaron la Asociación del Profesorado de Escuelas Normales, a cuya primera Junta Directiva perteneció María del Carmen Oña, que tenía como portavoz a la Revista de Escuelas Normales en la que ella colaboraba. Fue vicepresidenta de la Sociedad para el estudio del niño, una organización nacida en 1917 como consecuencia de las charlas de pedagogía experimental que se habían impartido pocos meses atrás en Guadalajara bajo la organización del profesor Alberto Blanco Roldán, y que presidía el conde de Romanones. Y en 1924 ingresó en la Asociación Española para el Progreso de las Matemáticas, junto a Pilar Blasco Medrano y Visitación Puertas Latorre, también profesoras de la Normal alcarreña.
Hasta en siete convocatorias, entre los años 1910 y 1929, solicitó María del Carmen Oña una de las becas que concedía la Junta para la Ampliación de Estudios para realizar viajes de estudio al extranjero. Finalmente, entre los meses de abril a octubre de 1930 fue pensionada para el estudio de la pedagogía en las Escuelas Normales, visitando centros e instituciones educativas en Francia, Suiza y Bélgica (como la Universidad de la Sorbona, donde recibió clases, la Escuela Normal de Saint Cloud o algunas escuelas basadas en la pedagogía de Decroly) y entrevistándose con reconocidos profesores como el sicólogo Henry Wallon.
Fue, además, una entusiasta defensora de la Naturaleza; impulsó la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Guadalajara y a su iniciativa se debió la apertura y funcionamiento de un "consultorio para irracionales", es decir, de un centro veterinario en la capital alcarreña.
JUAN PABLO CALERO DELSO

martes, 1 de septiembre de 2020

PILAR BLASCO MEDRANO

BLASCO MEDRANO, Pilar
[Olite, 1879 / El Escorial, 3 de octubre de 1974]

Pilar Blasco Medrano nació en el año 1879 en la localidad navarra de Olite, hija del teniente coronel de Infantería Balbino Blasco Hernández, que murió el 9 de marzo de 1922, y de Agapita Medrano Álvarez, fallecida en Madrid el 22 de diciembre de 1932. No tuvo hermanos y tampoco contrajo matrimonio. Falleció el día 3 de octubre de 1974 en el pueblo de El Escorial, en la sierra madrileña, celebrándose su funeral en la parroquia local de San Bernabé, aunque fue enterrada en un panteón familiar del cementerio madrileño de la Almudena.
Se matriculó en la Escuela Normal de Maestras de Guadalajara y, simultáneamente, cursó estudios de piano hasta convertirse en una pianista tan consumada que ganó el primer premio de piano del Conservatorio Nacional. Más tarde, cuando se permitió a las mujeres realizar estudios de segunda enseñanza, obtuvo el título de Bachillerato.
Su actividad docente
Al concluir sus estudios de Magisterio quiso ocupar una plaza como profesora de música en una Escuela Normal, consiguiendo en 1906 acceder interinamente a la de Guadalajara para maestras. En las oposiciones convocadas en el último trimestre de 1907 concurrió a las plazas vacantes para profesoras de Música de las Escuelas Normales Superiores de los distritos universitarios de Zaragoza y de Madrid, mereciendo en marzo de 1908 el número uno por unanimidad de este último tribunal y, como se ofrecían las vacantes de los centros de Ciudad Real, Toledo y Guadalajara, optó por el de la capital alcarreña, tomando posesión de su plaza el 16 de julio de 1908, siendo considerada "modelo de profesora, no tan solo por su extraordinaria competencia, sino por su intachable conducta y su afable trato". A partir del año 1918 compaginó ese puesto con la docencia de la misma asignatura en la Escuela Normal de Maestros, también de la ciudad arriacense.
Desde muy pronto buscó su promoción profesional y ya en 1909 se presentó a la oposición para ocupar una plaza de profesora auxiliar de Música en la Escuela Normal Superior de Madrid. A pesar de que fue excluida, en agosto del año siguiente quiso optar a la plaza de profesor numerario de piano en el Conservatorio de Música y Declamación de Madrid, pero presentó la instancia fuera de plazo, por lo que fue de nuevo excluida del concurso, y en 1913 solicitó una plaza en la Escuela Hogar y Profesional de la Mujer, también sin éxito. Sin embargo, en 1914 formó parte del tribunal de oposición para plazas de Música para las Escuelas Normales Superiores de Cuenca y Ciudad Real, y volvió a estar en un tribunal similar en el año 1930.
Finalmente, para el curso 1927-1928, y como resultado de un concurso de traslados, fue nombrada profesora especial de Música de la Escuela Normal Superior de Magisterio de Madrid, en la calle de San Bernardo. Durante la Guerra Civil siguió residiendo en Madrid y ejerciendo en su Escuela Normal, afiliándose a la sección de Segunda Enseñanza del Sindicato Único de Enseñanza de la capital de España, adherido a la CNT. Sin embargo, después de pasar el preceptivo expediente de depuración, se le confirmó en su puesto mediante una Orden Ministerial del 30 de noviembre de 1940, así que siguió impartiendo clase hasta que otra Orden ministerial decretó su jubilación como profesora especial de Música a partir del 4 de octubre de 1949.
A pesar de la posición social de su padre, que, por ejemplo, fue vocal de la Junta de Beneficencia Provincial alcarreña, durante los casi cincuenta años que vivió en Guadalajara Pilar no participó muy activamente de su vida social, aunque en abril de 1907 presidió la becerrada organizada por el Club taurino arriacense. Fue socia, como otras profesoras de la Escuela Normal de Guadalajara, de la Asociación Española para el Progreso de las Matemáticas por lo que suponemos que participó del espíritu de renovación pedagógica que se impulsó desde ese centro educativo. También perteneció a la sociedad de Amigos de la Música, que se fundó en Guadalajara en 1921 y formó parte del tribunal encargado por la Diputación Provincial alcarreña para conceder una beca para proseguir los estudios de piano. Como pianista, apenas hemos encontrado noticia de algún concierto suyo, como el ofrecido en el Círculo Aragonés de Madrid el día 27 de mayo de 1911.
Fue autora de varios libros de texto dedicados a la pedagogía musical; el primero fue su Programa explicado de teoría musical, publicado en la imprenta de Antero Concha de Guadalajara en 1906, el mismo año en que comenzó su carrera docente. En 1923 dio a la imprenta una Pedagogía e historia musical para alumnos de Escuelas Normales, que se publicó primero en la imprenta del Colegio de Huérfanos de Guerra de Guadalajara, pero la obra tuvo una segunda edición ampliada con 130 páginas que, en esta ocasión, salió de la madrileña Imprenta Clásica Española. En 1927 apareció su Teoría práctica de solfeo para el 1º y 2º cursos, que decía escrita para alumnos de Escuelas Normales y que volvió a imprimirse primero en los talleres tipográficos del Colegio de Huérfanos de Guerra de Guadalajara y que en 1930 conoció también una segunda edición ampliada que salió otra vez de la madrileña Imprenta Clásica. Por último, junto a Antonio Fernández del Pino Alonso escribió una Metodología musical para la formación del maestro en las escuelas normales y primarias, un librito de sólo 78 páginas editado en Madrid en las Gráficas Alpinas que atendía a la nueva legislación pedagógica de la República y que se basaba en el decreto ministerial del 29 de septiembre de 1931.
JUAN PABLO CALERO DELSO

sábado, 15 de agosto de 2020

JOSÉ CARRASCO CABEZUELO

CARRASCO CABEZUELO, José
[Guadalajara, 16 de abril de 1883 / 21 de enero de 1936]

José Carrasco Cabezuelo nació en Guadalajara el 16 de abril de 1883 y falleció por "colapso" en la misma ciudad el día 21 de enero de 1936, siendo enterrado al día siguiente por el rito católico en el cementerio municipal. Era hijo del abogado Juan Carrasco González, que murió en Guadalajara el 26 de abril de 1906, y de María Antonia Cabezuelo, fallecida en la capital alcarreña el 19 de junio de 1898, que tuvieron cuatro hijos: Juan, José, María Luisa y Antonio, residiendo en el número 28 de la calle Museo, hoy doctor Benito Hernando. José Carrasco Cabezuelo contrajo matrimonio con Ascensión Medrano y tuvieron su domicilio, sucesivamente, en la calle Museo número 21, en el número 6 de Santa Clara y en la calle del Amparo en el número 23, siempre de la capital alcarreña.
En la primavera de 1902, con solo diecinueve años de edad, inició su carrera administrativa como escribiente temporal de la Oficina de Estadística de Guadalajara, mientras durasen los trabajos del censo, pero en realidad su empleo no se debía a una momentánea carga de trabajo sino a la influencia del conde de Romanones y tenía, por eso mismo, una fecha de caducidad mucho más prolongada. De hecho su nombramiento fue criticado en la prensa local por los republicanos, que ofrecían así la noticia: “Ha sido nombrado Amanuense de la oficina provincial del Censo de Población el joven don José Carrasco y Cabezuelo. Este hace el número 14 en los oficinistas censales que nombra Romanones, y dicen no será el último. El jefe de dicha oficina Sr. Martínez no ve el medio de colocar convenientemente al personal por insuficiencia del local”.
Su padre, Juan Carrasco, había sido durante el Sexenio Revolucionario un activo dirigente carlista, pero al comenzar la Restauración abandonó las filas del pretendiente y se afilió al Partido Conservador de Antonio Cánovas del Castillo, grupo político que en la provincia de Guadalajara estaba condenado al ostracismo ante la hegemonía de liberales y republicanos. Quizás atendiendo, otra vez, más a intereses personales que ideológicos, desde 1900 se puso incondicionalmente a las órdenes del conde de Romanones y en el año 1903 ingresó en el Partido Liberal, consiguiendo empleos de funcionarios para sus hijos: José en la oficina del censo y Juan en la sección de pósitos de la provincia.
En noviembre de 1904 José Carrasco Cabezuelo ingresó como funcionario después de aprobar las oposiciones a auxiliar segundo de Estadística, siendo destinado a Zaragoza, hasta que en enero de 1908 fue ascendido a oficial de cuarta clase del Cuerpo de Estadística y reubicado en la Oficina de Trabajos Estadísticos de Guadalajara, donde continuó trabajando hasta su muerte. Durante la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera fue ascendido a Jefe Provincial de Estadística, cargo que siguió disfrutando durante la etapa republicana.
Además de su empleo como funcionario del Cuerpo de Estadística, José Carrasco Cabezuelo inició estudios en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid, aunque finalmente obtuvo la licenciatura en Derecho, haciendo su debut como nuevo abogado en abril de 1912.
Sin embargo, no se mostró particularmente activo en la sociedad alcarreña de su tiempo y sólo podemos reseñar que en 1930 era secretario general de la Cámara de Comercio de Guadalajara, que presidía Vicente Pedromingo de la Riva, otro antiguo romanonista. Se dice que perteneció a la masonería, a pesar del firme catolicismo de su padre y de su hermano Juan, pero desde luego no formó parte de la Logia Arriaco, que fue la única activa en la provincia de Guadalajara en esos años.
Su actividad parlamentaria
Para el día 19 de noviembre de 1933 se convocaron nuevas elecciones legislativas, una vez que las Cortes Constituyentes concluyeron su tarea. En esta ocasión, los partidos que habían traído la República de la mano de la conjunción republicano-socialista se presentaron desunidos; en la circunscripción de Guadalajara presentaron sus propios candidatos: el PSOE a Marcelino Martín González del Arco, la Acción Republicana de Manuel Azaña a José Serrano Batanero, el Partido Radical-Socialista a Ceferino Palencia Álvarez-Tubau, el Partido Republicano Federal a Fabián Talanquer López, y el Partido Republicano Radical a José Carrasco Cabezuelo y Luis Barrena Alonso de Ojeda, a los que había que sumar el candidato supuestamente progresista independiente Luis Casuso Obeso.
Esta fragmentación del voto permitió una victoria aplastante de las derechas no republicanas, que obtuvieron los tres escaños reservados a la mayoría: el agrario monárquico Álvaro de Figueroa Torres, conde de Romanones, José Arizcún Moreno, de Acción Popular, y Cándido Casanueva Gorjón, del Partido Agrario, que obtuvieron más de cincuenta mil votos cada uno de ellos.
Como ninguno de los demás candidatos alcanzó el mínimo de votos exigido para hacerse con el escaño reservado a la minoría en la ley electoral vigente, fue necesario realizar una segunda vuelta el día 3 de diciembre de 1933. En esta ocasión competían dos candidatos del Partido Republicano Radical, los ya citados Carrasco y Barrena, pero aquél contó con el apoyo explícito de Acción Regional Agraria, por lo que Luis Barrena fue derrotado con una amplia diferencia. José Carrasco Cabezuelo vio reconocida su acta el 19 de diciembre de 1933, tomó posesión de su escaño el día 30 y se mantuvo en activo hasta la disolución del Congreso, el 7 de enero de 1936.
En los dos años que estuvo en el Parlamento perteneció a la Diputación Permanente y a la Comisión de Hacienda, pero su actividad fue prácticamente nula y ofreció un perfil político muy bajo, por lo que nos ha sido imposible encontrar discursos en el pleno o iniciativas legislativas suyas. Sí hemos visto alguna gestión relacionada con el Colegio de Huérfanos de Guerra, establecido en el Palacio del Infantado, y alguna carta de recomendación.
En los primeros días del mes de diciembre de 1935 fue uno de los diputados que se separó del Partido Republicano Radical, como consecuencia del clima de corrupción que envolvía al propio partido y a su líder, Alejandro Lerroux, sobre todo como consecuencia del escándalo llamado del estraperlo. Su temprana muerte, dos semanas después del final de la legislatura, nos impide saber cuál habría sido su orientación política posterior.
JUAN PABLO CALERO DELSO

sábado, 1 de agosto de 2020

VICENTE PEDROMINGO DE LA RIVA

PEDROMINGO DE LA RIVA, Vicente
[Viñuelas, 1873 / Guadalajara, 7 de julio de 1943]

Vicente Pedromingo fue un conocido impresor, político y escritor de Guadalajara. Nació en la localidad alcarreña de Viñuelas en 1873, hijo de Francisco y de Filomena, y falleció en Guadalajara a los 69 años de edad el día 7 de julio de 1943. Se casó con Catalina Cotayna Concha, que murió en 1951, con la que tuvo cuatro hijos: José, Filomena, Cándida y Mario.
Una boda que le emparentó con el impresor Antero Concha, tío de Catalina y dueño de una imprenta y papelería situada en el número 2 de la Plaza de San Esteban de Guadalajara, un enlace matrimonial que determinó su actividad profesional, pues en la citada imprenta trabajó la mayor parte de su vida. Si bien ya había sido regente en el establecimiento tipográfico de Felipe Pérez Cerrada, cuando Antero Concha falleció el 7 de abril de 1917, legó su negocio tipográfico y el edificio en el que estaba instalado, el antiguo palacio del vizconde de Palazuelos, a sus sobrinos, Catalina Cotayna y sus hermanos Francisco, Elicio, Petra y Manuel; desde entonces un rótulo que rezaba “La Aurora. Sucesores de Antero Concha” presidió el caserón y Pedromingo se convirtió en el administrador de la imprenta y papelería. Aunque se decía que no por eso dejó de vestir la blusa para seguir componiendo galeradas y corregir pruebas, sin más recreo que “una hora de billar en el Casino, a la caída de la tarde, cuando se cierra el taller”, lo cierto es que amasó una notable fortuna, como se puso de manifiesto al terminar la Guerra Civil y reclamar los bonos y valores perdidos durante la contienda. Como empresario de artes gráficas, fue vocal de la Cámara Oficial de Comercio e Industria en los últimos años de la Restauración.

Su acción política
Vicente Pedromingo fue, también, un destacado activista político. A pesar de su empleo de tipógrafo, y del protagonismo de los trabajadores de artes gráficas en el desarrollo del movimiento obrero alcarreño, se adhirió al Partido Fusionista Liberal, aunque con el paso de los años sufrió una notable evolución ideológica que estuvo marcada por la familia de su mujer, extremadamente religiosa.
Como hemos señalado, en sus primeros años militó en liberalismo dinástico, que en la provincia de Guadalajara lideraba con mano firme el conde de Romanones. En noviembre de 1907 formó parte de una comisión municipal establecida para gestionar la Tienda-Asilo arriacense, a la que pertenecían algunos concejales y otros ciudadanos ajenos a la corporación municipal entre los que se encontraba la que muy pronto sería la plana mayor del romanonismo local: Antonio Vicenti, Miguel Fluiters y Vicente Pedromingo.
En las elecciones municipales celebradas el 2 de mayo de 1909 salió elegido concejal por el Tercer Colegio de la capital con el apoyo del partido liberal, y se convirtió en un fiel colaborador del nuevo alcalde, el también romanonista Miguel Fluiters Contera. Reelegido en sucesivos comicios, fue nombrado Regidor Síndico y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Guadalajara, mientras ocupaba distintos cargos municipales; así, por ejemplo, le encontramos como vocal de la Junta Provincial de Instrucción Pública.
Alcalde de Guadalajara
Finalmente, el 18 de octubre de 1918 se convirtió en alcalde de la ciudad. En el mes de agosto de ese año se vivió en la capital alcarreña el conflicto social más grave del último siglo. La falta de trigo provocó un aumento de los precios del pan que sacó a las calles a las mujeres de las clases populares; cuando los obreros se declararon en huelga en solidaridad con ellas, el gobernador civil, el granadino Diego Trevilla Paniza, envió al ejército y a las fuerzas bajo su mando, que dispararon sobre la multitud desarmada, causando un muerto y varios heridos graves. Durante esas jornadas decisivas, el alcalde Miguel Fluiters no estaba en la ciudad, y Vicente Pedromingo le sustituyó, interviniendo en las negociaciones con las mujeres. Calmados los ánimos, Miguel Fluiters dimitió, un año después de que lo hubiese hecho por primera vez aunque, en esa primera ocasión, el clamor popular le impidió consumar el abandono, y Vicente Pedromingo le sustituyó al frente del concejo arriácense.
De su paso por el municipio guadalajareño, merece destacarse su preocupación por la educación primaria, solicitando la apertura de nuevas escuelas, adecentando las ya establecidas, consiguiendo subvenciones para ampliar su material pedagógico, o promoviendo iniciativas más novedosas como la fundación de La Cantina Escolar, las sesiones cinematográficas educativas para la infancia o el proyecto de llevar niños enfermos a colonias veraniegas.
En 1920 dejó de ser la primera autoridad de la ciudad y tres años después el régimen constitucional fue violentamente desplazado por la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera. El conde de Romanones se opuso activamente al dictador y con él lo hicieron la práctica totalidad de los liberales de Guadalajara, siendo Vicente Pedromingo uno de los pocos romanonistas que se adhirió al nuevo régimen. Ocupó de nuevo una concejalía y, como demostración de su integrismo católico, en 1928 formó parte de la comisión encargada de supervisar la Escuela Laica con la intención, frustrada, de forzar su clausura.
Fue elegido presidente de la Cámara de Comercio, cargo del que dimitió en 1931, y como consecuencia fue nombrado diputado provincial en los últimos años del reinado de Alfonso XIII, cuando la Diputación era elegida por sufragio corporativo y se reservaba un escaño al presidente de la citada Cámara, estando Antonio Bernal Algora como presidente de la corporación provincial. Después de la Guerra Civil, tan trágica para él y su familia, volvió a hacerse cargo del establecimiento tipográfico familiar y de otros negocios, pero abandonó toda actividad política.
Participó muy activamente en el Ateneo Instructivo del Obrero. En los primeros años del siglo XX fue uno de los socios más activos y comprometidos, como demuestra la obra de teatro El primer ensayo que escribió con el maestro Manuel Rueda a propósito para el grupo de teatro del Ateneo; en esos años también actuó en alguna función como actor aficionado. Más adelante, en el año 1917, fue elegido su presidente, precisamente en una Junta Directiva en la que los trabajadores desplazaron a la burguesía y tomaron definitivamente el control del Ateneo.

Escritor y periodista
Como tantos tipógrafos de su tiempo, escribió a menudo en la prensa y sintió la llamada de la literatura. Además de la obra teatral que comentamos, dio a la imprenta una recopilación de sus artículos, publicada en 1905 bajo el título de Esbozos literarios. Artículos suyos se pueden encontrar en El Atalaya de Guadalajara, en cuyo cuadro de redactores aparecía, La Colmena, de la que fue redactor desde su primer número el 5 de febrero de 1899 bajo la dirección de José María Aragón y que acabó dirigiendo, en Flores y Abejas desde 1896, en La Orientación, un semanario profesional para maestros del que acabó siendo propietario, imponiendo un rígido y creciente sectarismo, y en cuya dirección fue precedido precisamente por su amigo Manuel Rueda, en La Alcarria Ilustrada, El Republicano, La Palanca y en otras cabeceras periodísticas de fuera de la provincia, pues fue corresponsal en Guadalajara de prestigiosos periódicos nacionales, como El Liberal; después de la Guerra Civil colaboró con Nueva Alcarria. Con tanta actividad, no es de extrañar que perteneciese varios años a la Junta Directiva de la Asociación de la Prensa de Guadalajara, sociedad que se constituyó en la segunda década del siglo XX.
También publicó un anuario, la Guía Pedromingo de Guadalajara y su provincia, cuyo primer número, que creemos fue el único, salió en 1917, un poco en la línea de los almanaques de Juan Gómez Crespo y de lo que había sido el Anuario-Guía de Tomás Bravo y Lecea. También fue autor del libro Un viaje a Roma, editado en 1926 en su propia imprenta.
En 1940 publicó una nueva obra titulada Escenas del tiempo rojo, que con el subtítulo de “Notas de mi cartera” ofrecía una imagen muy personal del más reciente período histórico de España. Vicente Pedromingo y su hijo José, jesuita, fueron detenidos en julio de 1936 en el pueblecito de Romancos, donde pasaban sus vacaciones estivales; al mismo tiempo, su hijo Mario era detenido en Brihuega. A mediados del mes de noviembre se puso en libertad a Vicente Pedromingo, pero sus hijos corrieron peor suerte: Mario fue fusilado el 4 de agosto de 1936 y José murió después del asalto a la cárcel de Guadalajara, el 6 de diciembre de 1936.
JUAN PABLO CALERO DELSO