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viernes, 17 de enero de 2014

PEDRO GÓMEZ DE LA SERNA TULLY

GÓMEZ DE LA SERNA Y TULLY, Pedro
[Mahón, 21 de febrero de 1806 / Madrid, 12 de diciembre de 1871]

Nació en Mahón en 1807, hijo de Gaspar Gómez de la Serna, brigadier del ejército y Caballero Comendador de la Orden Militar de Santiago, y de Ana Tully, Camarista de Su Majestad. Falleció en Madrid, el 12 de diciembre de 1871.
Al comenzar la Guerra de la Independencia la familia se trasladó a la Península y Gaspar Gómez de la Serna se unió a las tropas que luchaban contra los ejércitos napoleónicos, falleciendo a finales de 1808 en la localidad catalana de Molins del Rey, lo que forzó a su viuda a instalarse de nuevo con sus cinco hijos en la isla de Menorca. En un primer momento vio denegada su pensión de viudedad, pero la Junta Suprema Gubernativa del Reino, acordó en junio de 1809 que se le librase la merecida pensión pero sobre otro fondo benéfico, pues el de la Mitra de Málaga sólo tenía carácter eclesiástico y no podía ser percibido por mujeres.

Su estancia en Alcalá de Henares
Terminada felizmente la francesada en 1813, la familia se estableció en Madrid, y Pedro Gómez de la Serna ingresó en el Real Colegio de las Escuelas Pías de San Antonio Abad, de donde pasó en octubre de 1820 al Colegio de San Isidro, predecesor del Instituto de igual nombre, donde cursó las asignaturas de Filosofía que eran entonces necesarias para seguir estudios superiores de Leyes. Se matriculó brevemente en la Universidad Central de Madrid hasta que, suprimida después del Trienio Liberal por haber sido una iniciativa del gobierno constitucional, se vio obligado a inscribirse en la vecina Universidad de Alcalá de Henares para poder terminar sus estudios.
En la ciudad complutense alcanzó el grado de Bachiller en Leyes en 1825, el de Licenciado en 1828 y el de Doctor en Derecho en ese mismo curso. Su aprovechamiento fue tan notable que al año siguiente ya concurrió a una cátedra en la Universidad alcalaína, siendo elegido en 1829 para ocupar la de Instituciones Civiles. Ayudó mucho a su éxito en esta oposición que, siendo todavía estudiante, ya hubiese sustituido ocasionalmente a algún profesor en la cátedra y que, ya Licenciado pero sin tener aún el grado de Doctor, se le nombrase como sustituto de la de Derecho Romano.
Si la Guerra de la Independencia había trastornado sus primeros estudios, la Primera Guerra Carlista le sacó del sosiego de su cátedra para empujarle a la lucha política contra el Antiguo Régimen. Fue nombrado corregidor de Alcalá de Henares, con el encargo especial de abortar las conspiraciones de los numerosos partidarios que el pretendiente Carlos María Isidro de Borbón tenía en la ciudad y mantenerla leal a la reina Isabel II, por lo que fue nombrado sucesivamente Subdelegado de Policía, de La Mesta, de Pósitos, de Montes y de Mostrencos, vacantes y abintestatos.
Con la lenta implantación del régimen político liberal se produjo la ineludible separación de poderes, y Pedro Gómez de la Serna renunció a sus responsabilidades políticas y optó por seguir la carrera judicial, ocupando el juzgado de Primera Instancia de Alcalá de Henares. En junio de 1836 fue elegido para ocupar el juzgado de igual categoría en Ciudad Real, pero no llegó a incorporarse a su nuevo destino pues se le encargó que se trasladase a Guadalajara para investigar la conducta de sus autoridades civiles, que habían abandonado precipitadamente la ciudad ante la amenaza de la columna carlista del general Manuel Gómez y sobre las que había dudas de su compromiso liberal; recelos que no eran infundados, pues el duque del Infantado se había ausentado de la capital alcarreña el día de la proclamación de la reina Isabel alegando una oportuna enfermedad.
Al frente del gobierno de Guadalajara
Por una Real Orden de fecha 23 de marzo de 1835 se cesó como gobernador civil de Guadalajara al que lo había sido primero José María Bremón, que marchó con igual cargo a la de Soria, y se le sustituyó por Martín de Pineda. El 16 de septiembre de 1836, Pedro Gómez de la Serna fue nombrado, en principio con carácter interino, Jefe Político de la provincia de Guadalajara y, por lo tanto, presidente de su Diputación Provincial. Aquí permaneció hasta que en noviembre de 1839 se le apartó de este destino. En dos ocasiones fue nombrado Jefe Político de otras provincias, de Murcia en mayo de 1837 y de Castellón en diciembre de ese mismo año, pero la presión de los ciudadanos de la provincia consiguió paralizar los traslados.
Durante los más de tres años que permaneció al frente de la provincia mostró una capacidad y una iniciativa poco común; a él se debe, realmente, la consolidación e institucionalización de la monarquía liberal en la provincia de Guadalajara; él fue el auténtico fundador de la Guadalajara contemporánea. Puso verdadero empeño en derrotar a las partidas carlistas que libremente se paseaban por el territorio provincial y organizó para combatirlas la Compañía de Salvaguardas de la Diputación, un cuerpo militar, con secciones de infantería y caballería, que fue uno de los precursores más evidentes de la Guardia Civil.
A su aliento se debe que Guadalajara fuese la primera provincia que solicitó un Instituto de bachillerato. La Diputación Provincial, bajo su presidencia, decidió el 17 de octubre de 1837 acogerse a una Real Orden del 17 de septiembre que extinguía la enseñanza de filosofía según los antiguos planes de estudios y la sustituía por Institutos de segunda enseñanza. Para el sostenimiento del nuevo centro educativo le adjudicó las rentas del colegio de San Antonio de Portacoeli de Sigüenza y ordenó se le enviasen sus ricos fondos bibliográficos, y cuando estos recursos económicos se mostraron insuficientes, buscó nuevas vías de financiación para el centro educativo arriacense.
No por eso se descuidó la primera enseñanza, y bajo su mandato se formó una Comisión Provincial de Instrucción Primaria, de acuerdo con una reciente ley que estaba en consonancia con la Constitución progresista de 1837. Estaba formada por Pedro Gómez de la Serna, que la presidía como Jefe Político, y los vocales Melitón Méndez, diputado provincial, Manuel García Flores, eclesiástico, y Luis de la Concha y Paulino Llorente, ciudadanos propuestos por la Diputación; bajo la supervisión de esta comisión se acometieron las reformas de la enseñanza primaria y de la formación de los maestros.
A él se debe también que el 19 de noviembre de 1838, para conmemorar el cumpleaños de la reina Isabel II, abriese sus puertas, por primera vez en la provincia, un Museo de Arte, que se emplazó en el convento desamortizado de la Piedad, en el que se acopiaron unas cuantas obras de arte salvadas de conventos y monasterios afectados por la legislación desamortizadora, y así “los naturales del país tendrán un establecimiento donde cultivar sus talentos; la nación la gloria de conservar monumentos científicos y artísticos de mérito extraordinario que el polvo y descuido hubieran consumido”. Tanto la conservación del convento, que “permite preservar de las ruinas un edificio magnífico”, como la apertura del museo se debían a su iniciativa particular.
Del mismo modo, encargó que los libros más interesantes y mejor conservados de los edificios desamortizados pasasen a nutrir una biblioteca provincial, aneja al Instituto de segunda enseñanza y también instalada en un ala del convento de la Concepción de Guadalajara, que se sumarían a los del seguntino colegio de San Antonio. Igualmente aprobó una circular para que se recogiesen antigüedades y objetos artísticos para el citado museo, así que fue también el pionero de la arqueología provincial, que tanta importancia tuvo en los años finales del siglo XIX.
Pero no sólo se preocupó del proteger la vida y libertad de los habitantes de la provincia o de proporcionarles el alimento espiritual de la cultura. También se preocupó de proteger a los más desfavorecidos. Tomó severas medidas para mejorar la salud pública de todos los alcarreños, insistiendo en la construcción de cementerios y obligando a los pueblos a contratar sólo a médicos, cirujanos y farmacéuticos debidamente titulados y acreditados, advirtiendo que castigaría a quienes consientan “una falsedad tan trascendental al bien de los pueblos”.
En 1838 fundó una Sociedad de Beneficencia o Junta de Damas dirigida a unir a mujeres de la burguesía provincial, “porque sólo este bello sexo bondadoso y lleno de ternura y caridad es capaz de llenar cumplidamente los penosos deberes que la humanidad reclama a favor de la infancia desvalida”, con el propósito de ayudar a los niños acogidos en la Casa de Maternidad para Expósitos abierta en la capital ese mismo año por decisión suya y que contaba con una inclusa agregada en el pueblo de Atienza. Sin rentas propias, pues la Diputación cubría todos sus gastos, los Jefes Políticos que le sucedieron desatendieron de tal modo esa iniciativa que en 1841 sólo se remuneraba a su directora con la mísera cantidad de dos reales diarios.
También decretó que los pobres reconocidos en esa condición por las autoridades de la provincia estaban obligados a llevar un escudo metálico que los identificase, para evitar que los mendigos fingidos recibiesen una caridad que no necesitaban; y como siempre hay quien saca provecho, el hojalatero y vidriero Pedro Regalado Núñez, con establecimiento abierto en la esquina de las calles Mayor y San Andrés, publicó un anuncio advirtiendo que los hacía de hojalata en su taller por el valor de medio real. No parecía muy buena idea que los que mendigaban porque no tenían para sobrevivir tuviesen que gastar ese dinero en una placa identificativa, pero atendía a la perspectiva de la mendicidad que tenía la burguesía liberal en la primera mitad del siglo XIX, que superaba la visión medieval de la caridad cristiana.

Su acción política
Para el gabinete moderado que gobernaba en España en diciembre de 1839 la presencia de un político progresista tan reconocido como popularmente aceptado, era un inconveniente para llevar a cabo su acción de gobierno en Guadalajara, por lo que finalmente, y a pesar de las protestas ciudadanas que en dos ocasiones anteriores habían frustrado su cese, se le destituyó y se nombró un nuevo Jefe Político en Guadalajara, cargo que recayó en Patricio de la Escosura Morrough.
Al ser cesado quiso volver a su cátedra en la Universidad, pero los moderados habían cubierto su plaza con un sustituto, así que no pudo volver a sus clases, lo que provocó una reacción del resto de sus compañeros del claustro universitario que en octubre de 1840 le propusieron como rector de la Universidad. No le hizo falta asumir esa responsabilidad pues, antes de tomar posesión del rectorado, el nuevo gobierno progresista, bajo la regencia del General Baldomero Espartero, le designó Corregidor político de Vizcaya, donde la Primera Guerra Carlista había llegado a su fin y donde mostró un talante reconciliador que a veces le enfrentó a los jefes militares.
En el mes de mayo de 1842 fue nombrado Subsecretario del Ministerio de la Gobernación, permaneciendo en este cargo durante un año, que dejó para ser nombrado ministro de Gobernación en el último y fugaz gobierno del general Baldomero Espartero, del 19 de mayo al 30 de julio de 1843. Derribada la regencia progresista, se refugió con el general Espartero en el navío de guerra inglés Malabar, en el que marchó a su exilio en Inglaterra, donde permaneció por espacio de tres años. Sólo su elección como diputado a Cortes por la circunscripción de Orense en diciembre de 1846 le permitió regresar a la Península al año siguiente.
En 1837 había sido elegido diputado suplente por Soria, una circunscripción a la que estaba unido por viejos lazos familiares, como indicó su hermano en una ocasión en que fue calificado como candidato cunero: “Si es candidato por Soria, [...] no lo debe á relaciones nuevas, sino á servicios antiguos, servicios ya hereditarios en la familia. Su apellido por largo tiempo estuvo al frente del regimiento provincial de Soria; y los hijos de la provincia, al lado de mi padre y de los hermanos de mi padre, pelearon y vencieron muchas veces”. Mientras estuvo al frente de la provincia de Guadalajara no se presentó a las elecciones, pero después fue elegido diputado por Soria en los comicios de 1841 y 1843, y en estos últimos también ganó el acta por Segovia.
Durante la Década Moderada militó en el partido progresista; en 1846 era Secretario de la junta del Distrito de las Vistillas en Madrid y en 1849 era presidente de la Junta del partido en el territorio de la Audiencia de Madrid. En las elecciones de 1851 fue el único progresista que se atrevió a luchar por un escaño en Guadalajara. Se presentó contra el moderado Francisco Muñoz Maldonado, mientras que en los demás distritos los candidatos moderados eran elegidos sin oposición: Luis María Pastor en Brihuega, Bonifacio Fernández de Córdoba en Molina de Aragón, Alfonso Peralta en Pastrana y José Muñoz Maldonado en Sigüenza. Naturalmente, no salió elegido.
Con la vuelta de los progresistas, y a su frente otra vez el general Baldomero Espartero, volvió Pedro Gómez de la Serna a prestar sus servicios a la nación. En los comicios celebrados a Cortes Constituyentes en 1854 se presentó en Guadalajara una candidatura progresista formada por José María Medrano, Diego García Martínez, Ramón Ugarte, José Guzmán y Manrique Ruiz y Pedro Gómez de la Serna, que además se presentó por la vecina demarcación de Soria y por la de Ávila, obteniendo en los tres distritos el acta de diputado. En la sesión celebrada por las Cortes el 11 de diciembre, optó por representar al distrito de Guadalajara.

Su labor como jurisconsulto
Pero Pedro Gómez de la Serna fue, sobre todo, un hombre de leyes, y en la jurisprudencia desarrolló una carrera profesional que pocos pueden emular: fugaz ministro de Gracia y Justicia en julio de 1854, presidente y fiscal del Tribunal Supremo desde 1869 hasta su fallecimiento, miembro fundador de la Academia de Jurisprudencia y Legislación, director de la Revista General de Legislación y Jurisprudencia y autor de diversos libros de Derecho como Elementos del derecho civil y penal de España, que con el Tratado académico forense de procedimientos judiciales publicó con el doctor D. Juan Manuel Montalván; las Instituciones del derecho administrativo español, primera obra de este género escrita en España; los Prolegómenos del Derecho Romano; la Introducción a las Partidas y el Curso histórico exegético del derecho romano comparado con el español.
También formó parte de numerosas asociaciones: fue vocal en la Junta Directiva de la Sociedad Económica de Soria, primer vice-presidente de la Academia de Jurisprudencia y Legislación, en 1862 era secretario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas...
JUAN PABLO CALERO DELSO

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