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domingo, 26 de enero de 2014

ELENA SÁNCHEZ DE ARROJO

SÁNCHEZ DE ARROJO, Elena
[Madrid, 1857 / Guadalajara, 28 de junio de 1947]

Elena Sánchez de Arrojo nació en Madrid en 1857 y falleció a los 90 años de edad el 28 de junio de 1947 en Guadalajara, cuyo cementerio acogió sus restos mortales. Se casó con Víctor Martínez Cardenal y tuvo dos hijos: Víctor, que contrajo matrimonio con Ángela Sastre y que falleció antes que su madre, y César, casado con Carmen Rodríguez.
Era hija de Pascuala de Arrojo y Valdés, fallecida en Guadalajara el 22 de septiembre de 1922 a los 93 años de edad, y que había contraído matrimonio en segundas nupcias con César Tournelle, un poeta que había sido profesor del rey Alfonso XII y que falleció en 1906; su relación con la Familia Real era tan estrecha que la infanta Paz de Borbón acudió personalmente a Guadalajara para visitarla con motivo de su enfermedad. Del padre de Elena, el abogado liberal Emilio Sánchez, muy poco sabemos, pues murió siendo muy joven cuando ella era aún una niña. Tuvo el matrimonio otro hijo, Emilio, un oficial del Ejército que murió en Calaganang, durante la Guerra de Independencia de Filipinas de 1898.
Residió primero en Madrid en la calle de Hartzenbusch, en el barrio de Chamberí, y en Guadalajara vivió en el piso principal del número 27 de la calle de Jáudenes.
Su acción política
Elena Sánchez de Arrojo fue la primera mujer de la burguesía guadalajareña que destacó por su actividad pública; otras mujeres habían tenido un evidente protagonismo en la historia más reciente de la provincia de Guadalajara, y lo hicieron en muy distintos ámbitos, pero siempre rehuyendo la acción política partidista e institucional. Por el contrario, ella fue capaz de dar el paso desde las actividades caritativas propias de las damas de su clase social hasta la propaganda del catolicismo social y la política institucional.
El primer paso lo dio con la fundación hacia el año 1918 del Sindicato Obrero Femenino de la Inmaculada Concepción de Guadalajara, uno de los escasos, por no decir el único, sindicato confesional católico que no agrupaba básicamente a agricultores y que buscaba organizar a los trabajadores de las áreas urbanas, aunque en este caso fuese un sector tan particular como el de las modistas, costureras y empleadas domésticas. Su lema era “Trabajo cristiano, justicia y caridad en su organización, unión y solidaridad en los agremiados”, síntesis de un programa sindical que tenía demasiados residuos del caduco gremialismo católico y de la tutela patronal.
Tenía su sede social en la iglesia de Santiago Apóstol y era su consiliario el sacerdote Francisco Mariño, encargado de esa parroquia. Aunque a sus actos asistían casi un centenar de afiliadas, seguramente el número de trabajadoras no era tan elevado y algunas de las socias y cooperantes serían mujeres de las clases medias que las empleaban a su servicio; ese era el caso de Elena Sánchez de Arrojo, su presidenta, y de Inés Ugarte de Calvo, su tesorera.
Pero, sobre todo, fue la primera mujer que ocupó una concejalía en la provincia de Guadalajara. Suprimidas por la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera las elecciones y condenadas a la clandestinidad algunas corrientes ideológicas y los partidos y sindicatos que las sostenían, el Directorio primorriverista modificó el método de elección de los concejales, sustituyendo el sufragio universal por la libre voluntad del régimen o reservando concejalías a determinadas instituciones y corporaciones. Fue así como Elena Sánchez de Arrojo entró en el Ayuntamiento de la ciudad de Guadalajara en el mes de enero de 1927; curiosamente presidió la primera sesión por ser el concejal de mayor edad. Entró a formar parte de las Comisiones de Agua y Arbolado y de Beneficencia, Sanidad y Limpieza, pero sólo permaneció nueve meses en el municipio, y a partir del acta correspondiente al pleno municipal del 19 de octubre de 1927 no vuelve a asistir a las sesiones.
En enero de 1931, y con motivo de la fiesta onomástica del rey Alfonso XIII, se concedieron por el Ministerio de Instrucción Pública algunos títulos de comendadores de número, ordinarios, caballeros y cruces de la orden civil de Alfonso XII, los últimos que fueron concedidos por el rey, y ella se encontraba entre los condecorados.

Su actividad social
Siempre atenta a los asuntos de la mujer, fue en los años previos a la Dictadura la delegada en Guadalajara, con su nuera Ángela Sastre de Martínez, del Patronato Real para la represión de la trata de blancas, que había sido creado mediante un Real decreto del 11 de Julio de 1902 y que se había reorganizado en 1917; a él pertenecían las damas de la más rancia aristocracia bajo la presidencia de la Infanta Isabel de Borbón, conocida popularmente como La Chata.
También formó parte del primer grupo de Damas Enfermeras de la Cruz Roja Española, un cuerpo fundado por la Reina Victoria Eugenia. Su reglamento fue aprobado por Real Orden de 18 de mayo de 1917 con arreglo al artículo 4º del Real Decreto de 28 de febrero, e inmediatamente se abrió la inscripción para matricularse en el primer curso y posterior examen que debían aprobar todas las aspirantes. En el mes de junio de 1917 se realizaron los primeros exámenes, que en Madrid fueron aprobados por 132 mujeres que fueron las pioneras de este Cuerpo sanitario, la mayoría aristocráticas y damas de la alta sociedad que querían demostrar así su apoyo a la reina en esta iniciativa; y entre este grupo de mujeres se encontraba Elena Sánchez de Arrojo, a pesar de que ya cumplía sesenta años. Mujer con ideas y empuje, fue la autora de un acertado manual que fue declarado texto oficial para los exámenes de cursos sucesivos, y se mantuvo activa en la Cruz Roja de Guadalajara, de cuya sección de Damas fue vicepresidenta.
Asimismo, presidió una junta de mujeres de Guadalajara constituida para allegar fondos con el objetivo de abrir un hospital en el arriacense Paseo de las Cruces. La citada junta femenina llegó a organizar algún festival para cumplir sus objetivos y al celebrado en el Teatro Principal en abril de 1920 asistió la infanta Isabel de Borbón, tan relacionada con su presidenta.
En general, se la encontraba en infinidad de sociedades y actos caritativos, como en la entrega de 400 cartillas de ahorros a otros tantos escolares de la ciudad arriacense, una iniciativa de la sociedad La Mutualidad Infantil, que animaba en Guadalajara el capitán Víctor Martínez, y del Instituto Nacional de Previsión, o al frente de la Asociación del Rosario Perpetuo, o sentada en la Junta Directiva de la asociación La visita del soldado, fundada con motivo de la Guerra de Marruecos y que presidía la duquesa del Infantado.
Pero toda su actividad social y caritativa destilaba un rancio paternalismo burgués que rehuía el análisis de las causas de la pobreza y se limitaba a intentar taponar la herida que provocaba la profunda miseria de las clases populares. Ella misma nos ofrece su punto de vista en el siguiente texto: “¡Qué edificante y conmovedor lo que aquí observo! Ya es un grupo de señoritas enseñando labores a jóvenes obreras, fortificándolas en su dolorosa lucha por la vida, ya otras instruyendo a los obreros para apartarles de sus más mortales enemigos, aquellos que les arrastran a la abyección y la miseria, el alcoholismo y la blasfemia, otro grupo cosiendo para los pobrecitos, otro llevando a sus frías viviendas calor de caridad, auxilio y consuelo, otros uniéndose para cantar alabanzas a Dios en sus iglesias”.
Su obra escrita
Mujer polifacética, la obra escrita y publicada de Elena Sánchez de Arrojo se inscribe en muy distintos campos. En un principio se decidió por la prosa literaria, y los cuentos Hágase tu voluntad y Un ingrato a la ciencia fueron editados en un volumen conjunto en el taller tipográfico del Colegio de Huérfanos de Guerra de Guadalajara en el año 1906.
Después se orientó hacia el teatro, y así el 1 de diciembre de 1913 se celebró en el teatro Infanta Isabel de Madrid una gala benéfica organizada por Roma, el periódico de la rama femenina de Acción Católica, y en el curso de la misma se representó “una conferencia humorística sobre El hombre, original de Dª Elena Sánchez de Arrojo”, según rezaba la crónica que apareció en La Época al día siguiente.
En 1915 se publicó El padre Mabuti, una novela de casi un centenar de páginas con prólogo del padre Albino Menéndez Reigada y que fue la más famosa de sus creaciones literarias. Al año siguiente se dieron a conocer otras dos obras de teatro: Alma máter, una comedia en tres actos y en prosa impresa en el establecimiento tipográfico de Vicente Pedromingo de Guadalajara, y Juan Crisóstomo... ¡mártir!, un sainete en un acto y dos cuadros que salió de la imprenta del Colegio de Huérfanos de Guerra alcarreño. Curiosamente, Alma máter fue presentada por su autora veinte años después al concurso organizado por la sociedad madrileña Los amigos del teatro, que establecía en sus bases que las obras debían ser inéditas y ser presentadas bajo seudónimo; esta comedia, aunque había sido publicada veinte años atrás, resultó la ganadora junto a En el jardín de un templo chino, de Agustín Organero, en el apartado lírico. La sociedad preparaba la representación de la obra en el mes de febrero de 1936, aunque seguramente la Guerra Civil impidió su reestreno.
En 1920 se representó en el Teatro Principal de Guadalajara, con motivo de una gala benéfica, un sainete titulado La llave de la gloria. Era el suyo, como puede deducirse de sus títulos y de su biografía particular, un teatro de ideas, incluso de combate, y una herramienta de propaganda, siempre católica, quizás por eso la mayoría de sus obras solo fueron representadas por grupos aficionados con ocasión de galas benéficas católicas o actos de propaganda.
Sin embargo, a raíz de inscribirse como Dama de la Cruz Roja, dedicó su tiempo principalmente a la elaboración de libros de formación y divulgación sanitaria. El primero fue El consultor de la dama enfermera, un grueso volumen que fue libro de texto oficial para las Escuelas de Enfermería en 1918. Tuvo dos ediciones; la primera salió en 1918 de la imprenta de Vicente Pedromingo, bajo la marca comercial de Sucesores de Antero Concha, con 282 páginas; la segunda edición, con cuarenta páginas más, salió en 1920 del taller tipográfico del Colegio de Huérfanos de Guerra de Guadalajara. La obra tenía un prólogo del doctor Fernando Calatraveño y estaba dedicada a la reina.
Años después publicó Algo de puericultura, un librito de 60 páginas con prólogo del médico Juan Antonio Alonso Muñoyerro que fue impreso por Vicente Pedromingo en su taller tipográfico de Guadalajara en 1926. Por su utilidad, contó con un informe favorable emitido por el Consejo Superior de Protección a la Infancia.
Sabemos que también cultivó la poesía, y hasta llegó a presentarse al Certamen en honor de Ntra. Sra. de la Arrixaca, antigua Patrona de Murcia, que convocó la Pontificia y Real Academia Mariana de Lérida en diciembre de 1944, pero no debió de estar muy inspirada en esta ocasión pues el premio al que concursó quedó desierto y sólo se le entregó una mención. Otros poemas suyos fueron publicados en varias ocasiones en la prensa provincial y nacional; de la revista humorística Algo, de Barcelona, copiamos el siguiente epigrama: “La mujer, cuando se casa, / es como la lavativa: / si es buena, sirve de ayuda, / y si es mala..., te jeringa”. O bien fueron leídos con motivo de distintos actos, como la poesía que se leyó durante la visita pastoral del cardenal de Toledo Enrique Reig a Guadalajara en la velada literaria organizada por el Sindicato Obrero Femenino.
También escribió diversas colaboraciones en prensa, destacando en la de Guadalajara sus artículos en La Palanca, pero también los encontramos en otras cabeceras como Flores y Abejas.
JUAN PABLO CALERO DELSO

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