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martes, 14 de enero de 2014

JUAN DANTÍN CERECEDA

DANTÍN CERECEDA, Juan
[Madrid, 25 de diciembre de 1881 / 23 de octubre de 1943]

Nació en Madrid el 25 de diciembre de 1881 y falleció en la misma ciudad el 23 de octubre de 1943. No tenemos muchos datos de su familia, aunque sabemos que estuvo casado y que tuvo varios hijos.
En 1900 concluyó, con sobresaliente, sus estudios de Bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros de la capital de España; en 1904 consiguió, con premio extraordinario, la licenciatura en Ciencias Naturales en la Universidad Central madrileña, donde en 1912 alcanzó, también con premio extraordinario, el grado de doctor con una tesis titulada El relieve de la Península Ibérica. Ensayo de un estudio geográfico-geológico sobre la constitución e interpretación, que fue publicada por la Junta para la Ampliación de Estudios.
Juan Dantín Cereceda fue uno de los más eminentes geógrafos españoles del siglo XX, discípulo de los franceses Paul Vidal de la Blache y Emmanuel de Martonne, y es considerado el introductor en nuestro país de la escuela de la Geografía Regional y uno de los renovadores de la ciencia geográfica española, que para él debía dejar de ser “la escudera de la Historia”.
Su labor docente e investigadora
En 1909 ganó por oposición plaza de profesor de Agricultura en el Instituto de Baeza, trasladándose al año siguiente al de Albacete con la condición de catedrático. En 1912 llegó a Guadalajara, donde permaneció como profesor de su Instituto hasta el 24 de abril de 1922, ocupando la Secretaría del centro durante, al menos, el curso 1917-1918. En 1919 comenzó a impertir clases en el recién nacido Instituto-Escuela de Madrid, que nacía con el objetivo de aplicar a la enseñanza oficial los principios de la Institución Libre de Enseñanza, y en 1922 fue destinado al madrileño Instituto San Isidro, donde ocupó la Cátedra de Agricultura, de la que había sido su primer titular Antonio Botija Fajardo, que fue en repetidas ocasiones diputado por Sigüenza. Allí permaneció durante el resto de su actividad docente y durante la Segunda República ocupó el cargo de vicedirector.
Junto a esta meritoria labor educativa, realizó una intensa tarea investigadora que contribuyó a modernizar los estudios de Geografía en nuestro país. Entre 1904 y 1907 impartió clases en la Universidad Central y desde 1911 fue profesor ayudante en el Laboratorio de Geología del Museo de Ciencias Naturales de Madrid colaborando estrechamente con el profesor Eduardo Hernández Pacheco. En 1913 formó parte de una expedición a Marruecos de la Sociedad de Historia Natural. En 1917 acudió a Sevilla para participar en el VI Congreso Nacional de Ciencias junto a los profesores Modesto Bargalló y Alberto Blanco Roldán y en 1926 formó parte de los organizadores del XIV Congreso Geológico Internacional celebrado en Madrid.
En mayo de 1909 solicitó a la Junta de Ampliación de Estudios una beca para profundizar sus conocimientos sobre el “Estudio de las algas” en la ciudad francesa de Boulougne-sur-Mer. Como no se le concedió, la solicitó al año siguiente, en esta ocasión para ser pensionado en el Instituto Nacional Agronómico de París y, al serle rechazada de nuevo su solicitud, reiteró en 1912 su petición para seguir el curso de “Geología del suelo” en la Universidad de la Sorbona. En 1913 fue pensionado para estudiar Geografía Física y Geología en la Sorbona de París y en la Universidad de Estrasburgo, entonces bajo dominio alemán, con el profesor Karl Sapper. Como resultado de su estancia en París publicó su trabajo “Evolución y concepto actual de la Geografía moderna”, reincorporándose a su destino en Guadalajara en junio de 1914.
Mientras estuvo en Guadalajara se integró plenamente en la sociedad arriacense de su tiempo, y así se le podía ver impartiendo una conferencia a los niños de las escuelas de la ciudad para celebrar la Fiesta del Árbol, como participando en alguna charla en la Casa del Pueblo, sede de la Federación de Sociedades Obreras adherida a la UGT.
De regreso a Madrid perteneció a la Real Sociedad Geográfica y al Patronato Central de Protección de Animales y Plantas, se integró en el Centro de Estudios Históricos, un organismo filial de la Junta de Ampliación de Estudios que dirigía Ramón Menéndez Pidal, y en 1932 se incorporó al patronato del Museo Naval. Durante la Guerra Civil permaneció en Madrid y fue reelegido Decano del Colegio de Doctores y Licenciados en Ciencias y Letras de Madrid.
Acabada la contienda fratricida, mantuvo su plaza de Catedrático en el Instituto San Isidro de la capital y, otra vez de la mano del profesor Hernández Pacheco, colaboró con el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el nuevo organismo con el que las nuevas autoridades franquistas pretendieron recoger la acreditada herencia de la Institución Libre de Enseñanza.

Sus publicaciones
Es autor de numerosos libros y manuales. Destacamos Agricultura elemental española, que conoció varias ediciones, Catálogo metódico de las plantas cultivadas en España, Cómo se enseña la geografía, Ensayo acerca de las regiones naturales de España... Colaboró con la Editorial Calpe, fundada por Nicolás María de Urgoiti y de la que José Ortega y Gasset fue director editorial, que en su prestigiosa colección “Libros de la Naturaleza” publicó sus trabajos La vida de la Tierra, La historia de la Tierra y Las plantas cultivadas. Asimismo, merece la pena citar su libro Dry-Farming ibérico. Cultivo de las tierras de secano en las comarcas áridas de España, que fue publicado en 1916 en la Imprenta Gutenberg de la ciudad de Guadalajara. En esta obra se recogen numerosos datos sobre las tierras alcarreñas, resultado de sus trabajos de campo, que se resumen en un interesante y documentado Apéndice.
Por encargo de la Unión Ibero-americana, elaboró sobre un planisferio el “Mapa de la cultura hispánica”, en el que se señalaban las academias, colegios, colonias españolas, colonias sefarditas, sociedades culturales en América y Universidades de fundación española. Se hizo una tirada en tamaño mural de varios miles de ejemplares que se distribuyeron por los centros escolares de España y sus antiguas colonias.
En la prensa de Guadalajara, y sobre todo en Flores y Abejas, se publicaron artículos suyos, resultado de sus observaciones en las frecuentes excursiones que hacía por la provincia; a pesar de sus ojos expertos de geógrafo, sus textos son coloquiales y amenos, fijando la atención del lector tanto en la geografía física como en la humana. También escribió en otras cabeceras, como el diario madrileño Crisol, que dirigía Félix Lorenzo que en 1932 fundó Luz; en ambos escribió reseñas para su sección de Libros. Su actividad periodística más destacada fue la dirección del semanario Castilla, un periódico de ambición regional y orientación castellanista del que no hemos podido consultar ningún número, que salió en la primavera de 1918 y cuya dirección tuvo que abandonar en noviembre de 1918, atendiendo a “sus muchas ocupaciones”; como consecuencia, el semanario se integró en La Crónica de Guadalajara.
Menos conocida es su faceta de poeta, que también cultivó. Reproducimos los primeros versos del poema que publicó el 1 de mayo de 1915 en el semanario Flores y Abejas, de Guadalajara: “Tengo un paseo amado y solitario / donde hay unos ribazos florecidos: / y entre gualdas aliagas espinosas / hay matas de aromáticos tomillos. // He cogido en uno, entre pedregales, / su flor pequeñita, rosada y temprana… / ¡Cuán fragante, callada y humilde! / Tenía aún rocío… del de la mañana… // ¡Poder de lo interno, invencible dueño! / No pude cortarla sin vacilación: / su flor atrayente, rosada, temprana / fue, de un algo vivo, representación. // Eres, mujer mía, dulce compañera, / florecita humilde de mi pedregal… / ¡Sólo tu fragancia, tus tonos de rosa / han cicatrizado llagas de mi mal! // Como ese tomillo sólo en el camino / nadie te percibe: modesta sin par / cubres tus virtudes, como ciertas flores / usan de sus hojas para se ocultar. // Mas yo, deleitado, aspiro tu aroma. / Como los tomillos de orillas del río, / ¡Tu también me brindas, florecita humilde, / fresca y olorosa, gotas de rocío!”.
Políticamente, y más allá de su filiación castellanista, no destacó por su adscripción permanente a ningún partido o corriente ideológica, aunque puede adivinarse su orientación progresista; de hecho firmó algunos manifiestos públicos muy significativos, como uno para que los maestros de Primera Enseñanza quedasen excluidos de la obligación de impartir las clases de Religión Católica, como hasta entonces estaban encargados de hacer aunque violase su conciencia. También en 1918 firmó una suscripción pública en apoyo al catedrático Julián Besteiro, encerrado en el penal de Cartagena por formar parte del comité de la UGT que convocó la Huelga General del verano de 1917.
Durante sus años en Guadalajara fue presidente de la Liga Antigermanófila de Guadalajara, que reunía durante la Primera Guerra Mundial a los partidarios de los aliados occidentales, que solían ser los sectores más avanzados de la sociedad española, mientras que las corrientes tradicionalistas apoyaban a los Imperios Centrales, de lo que la incesante actividad de Claro Abánades es una buena prueba.
JUAN PABLO CALERO DELSO

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