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martes, 18 de abril de 2017

MIGUEL BARGALLÓ ARDEVOL

BARGALLÓ ARDEVOL, Miguel
[San Sadurní de Noia, 24 de agosto de 1892 / Tijuana, 26 de septiembre de 1975]

Miguel Bargalló Ardevol nació en San Sadurní de Noia (Barcelona) el 24 de agosto de 1892, donde su padre, también llamado Miguel y también maestro de profesión, estaba destinado desde el mes de febrero de ese mismo año, trasladado allí desde la localidad tarraconense de Montroig. Falleció en su exilio en la ciudad mejicana de Tijuana, en el Estado de la Baja California, el 26 de septiembre de 1975. Permaneció soltero y durante su larga estancia en la ciudad de Guadalajara residía en la casa de su hermano Modesto, al que siempre estuvo muy unido.
Estudió magisterio en las Escuelas Normales de Huesca y Madrid. Durante el curso 1911-1912 estuvo becado por la Junta para la Ampliación de Estudios en la Escuela Normal de la ciudad francesa de Montpellier. Una vez completados sus estudios, por una Real Orden del 25 de junio de 1915 fue destinado a Guadalajara como profesor numerario de Historia en la Escuela Normal de Maestros de esa capital provincial, iniciando así su larga andadura por tierras alcarreñas, junto a su hermano Modesto, nombrado al mismo tiempo profesor de Física, Química, Historia Natural y Agricultura en la misma Escuela.

Miguel Bargalló en Guadalajara
Desde que se instaló en la ciudad arriacense, el profesor Miguel Bargalló Ardevol desarrolló una intensa actividad que acabó convirtiéndole, en muy pocos años, en una de las personalidades más activas y destacadas de toda la provincia durante el primer tercio del siglo XX. Muy pronto destacó en los claustros docentes de la Escuela Normal y del Instituto de Bachillerato, donde también impartió clases, y en la vida política de la ciudad.
En 1918 ingresó en el Sindicato de Oficios Varios de la UGT, única organización sindical de la provincia que acogía a socialistas, comunistas, anarquistas y republicanos. Al año siguiente se afiliaba a la Agrupación Socialista de Guadalajara, que en 1879 había sido pionera en la constitución del PSOE pero que había tenido que ser reconstruida en 1912. Gracias a él, que la presidió entre 1927 y 1931, y al profesor Marcelino Martín González del Arco, la citada Agrupación creció extraordinariamente y salió del estrecho marco de la capital gracias a giras de propaganda en las que Miguel Bargalló participó activamente. Personalmente, asistió como delegado al XII Congreso del PSOE, donde fue ponente en las Comisiones de Enseñanza y de la Editorial Pablo Iglesias, y al Congreso Extraordinario de 1931, donde formó parte de la Comisión que sentó las bases del programa constitucional del partido socialista.
Durante la Dictadura de Primo de Rivera siguió impartiendo clases con normalidad, pero no estuvo libre de las insidias y acusaciones de sus rivales políticos. Así Alberto Blanco Roldán, republicano y catedrático de la Normal de Maestros, denunció al director de la Escuela con acusaciones graves, y como el resto de profesores del claustro se puso del lado del director, aquél comenzó a atacar a unos y otros desde La Palanca. En respuesta a un artículo en Avante de Miguel Bargalló, y en el que el profesor Blanco creía que le despreciaba llamándole pelafustán, le acusó de vivir en la casa del conserje de la Escuela, de haberse convertido en gerente de la casa de huéspedes en que esa vivienda se había transformado, de querer convertir la Escuela Normal en una fragua de socialistas, de haber sido un joven criado a biberón en la Institución Libre de Enseñanza, de odiar a los militares y simultáneamente dar clases en las academias preparatorias para ingresar en el ejército y alguna cosa más. Miguel Bargalló le llevó a un acto de conciliación ante el juez municipal, el profesor Blanco se retractó de sus palabras si eran consideradas ofensivas y el acta de conciliación la publicó la prensa local.
La complicidad entre los socialistas y la Unión Patriótica del dictador, que permitió a Miguel Bargalló ser concejal del Ayuntamiento de Guadalajara entre 1924 y 1928, se tradujo en repetidas críticas de los opositores al régimen primorriverista, como el republicano Antonio Cañadas que escribió un significativo poema sobre él: “Figurando en las filas del socialismo / es que allí vio un destello de salvación. / Yo rebusco y no encuentro que en el Marxismo / se desempeñe un cargo sin elección. / Por la mejora lucha del proletariado / la propiedad condena, pues es un dolo. / ¡Hay quien dice que lleva un escapulario, / al que se come a besos cuando está solo!”.
Volvió a ser elegido en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 que trajeron la Segunda República. Ese mismo mes de abril fue nombrado representante del distrito de Guadalajara y Cogolludo en la Comisión Gestora que se hizo cargo de la Diputación Provincial, que tenía a Enrique Riaza como Presidente y a él como vicepresidente. En el mes de junio fue elegido diputado para las Cortes Constituyentes por la circunscripción alcarreña, después de que Eduardo Ortega y Gasset renunciase a su acta por Guadalajara.

En el Congreso de los Diputados se hizo notar en los debates sobre asuntos pedagógicos, como el que trató de la enseñanza en Cataluña según quedaba establecida por el Estatuto catalán; no en vano en noviembre de 1931 había sido nombrado Director de la Escuela Normal de Guadalajara. Porque su activismo político nunca le hizo desentenderse de su vocación pedagógica. Durante su estancia en Guadalajara impartió cursillos de Historia del Arte, breves ciclos de conferencias destinados a ampliar los conocimientos reglados, y formó parte del equipo que se hizo cargo de la Revista de Escuelas Normales, que dirigió su hermano Modesto desde 1922 hasta 1928, cuando la redacción se trasladó a Cuenca.
Ese mismo año asistió al congreso que celebró en Gotemburgo la SAT (Sennacieca Asocio Tutmonda-Asociación Esperantista de Trabajadores), una organización fundada en Praga en 1921 de carácter internacionalista e izquierdista, recogiendo sus impresiones en un artículo titulado “Sensibilidad bolchevique. Apostillas a un Congreso de esperantistas” que fue publicado en El Socialista el día 20 de septiembre de 1928.
Además, fue uno de los promotores de la Logia Arriaco de Guadalajara, la única documentada en la provincia durante todo el siglo XX. Miguel Bargalló se inició formalmente en la masonería el 8 de abril de 1925 en la Logia Triunfo de Madrid, integrando con Miguel Benavides Shelly y Marcelino Martín el triángulo masónico arriacense, que levantó la Logia Arriaco en 1927.
Al comenzar la Guerra Civil continuó residiendo en Guadalajara y siguió al frente de la Escuela Normal alcarreña hasta que cesó de su cargo, a petición propia, el 17 de septiembre de 1936; pero siguió viviendo en la zona Centro, pues en abril de 1937 aparecía como Vocal del Tribunal de oposición para el ingreso en la Escuela Normal 2ª de Madrid. Finalmente, el 15 de junio de 1937 se le concedió el traslado, en comisión de servicios, a la Escuela Normal de la Generalitat de Cataluña, de la que fue nombrado director el 5 de diciembre de 1938, cuando las tropas franquistas ya amenazaban a la capital catalana.
No tenemos datos suficientes para documentar el papel que, indudablemente, jugó Miguel Bargalló en la experiencia pedagógica de los Institutos para Obreros, centros educativos destinados a hijos de la clase trabajadora que, avalados por CNT y UGT, ingresaban en régimen de internado después de una dura selección para cursar el bachillerato, superando dos cursos lectivos cada año, y acceder a la Universidad para forjar los cuadros dirigentes de un futuro que nunca llegó. No por casualidad, de los cuatro Institutos para Obreros, dos estaban en la provincia de Barcelona, en la Ciudad Condal y en el Sabadell que Miguel Bargalló conoció de niño, y el de Madrid estaba dirigido por su amigo Marcelino Martín del Arco.

Miguel Bargalló en México
Acabada la Guerra Civil, Miguel Bargalló se vio obligado a exiliarse pues fue acusado de “masón y gran propagandista, inspirador e inductor de los asesinatos cometidos en Guadalajara” durante los primeros meses de la Guerra Civil. Desde Francia, embarcó en el Sinaia que, junto con su hermano Modesto y su familia, les llevó a México donde, como tantos otros españoles trasterrados, continuó desarrollando una importante tarea cultural y pedagógica.
Mientras su hermano Modesto permanecía en la capital federal, Miguel Bargalló marchó al Estado de Tijuana con otros alcarreños, como su sobrina María Luisa Bargalló, profesora de química, y el también alcarreño Aurelio Magro, que había sido Inspector de Hacienda y que en tierras americanas creó una Academia de Cultura en donde se impartían estudios mercantiles, cálculo y contabilidad.
Miguel Bargalló y Laureano Sánchez Gallego inauguraron el Centro Escolar de Agua Caliente donde, por primera vez en el Estado de Tijuana, se impartieron clases de las diversas materias correspondientes a la enseñanza de las humanidades en los niveles medio y medio superior. Él daba clases de geografía, lógica, ética, psicología y francés, y por las tardes acudía, de forma altruista, a enseñar en la escuela preparatoria. Además, fue fundador y profesor del Instituto Tecnológico Industrial de Tijuana. Una labor educativa que hoy se sigue reconociendo y recordando en México.
JUAN PABLO CALERO DELSO

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