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miércoles, 26 de abril de 2017

MANUEL GONZÁLEZ HIERRO

GONZÁLEZ HIERRO, Manuel
[Guadalajara, 10 de junio de 1825 / mayo de 1896]

Pedro Manuel González Hierro nació en Guadalajara el 10 de junio de 1825, en la llamada casa de la Botillería, y falleció en la misma ciudad el 27 de marzo de 1896. Era hijo de Antonio González y de Marta Hierro y contrajo matrimonio con Juana Melgar Chicharro, con la que no tuvo hijos.
Fue concejal de la capital alcarreña, diputado provincial y diputado en el Congreso por la circunscripción de Guadalajara, siempre militando en las filas del Partido Republicano Federal del que fue su líder más destacado en toda la provincia durante la segunda mitad del siglo XIX, además de uno de los médicos más queridos en la provincia y de ser redactor y director de diversas publicaciones.
Se instruyó en la ciudad de Guadalajara hasta que en 1842 marchó a Madrid para cursar la carrera de Medicina. Para costearse sus estudios, desde su segundo curso universitario simultaneó su aprendizaje en las aulas con su trabajo como practicante en el Hospital de San Carlos. Acabados con provecho sus estudios, regresó a Guadalajara, residiendo en el número 21y 23 de la Calle Mayor Alta semiesquina con el Jardinillo de San Nicolás, en donde años después estuvo el Casino de la ciudad.
En la ciudad arriacense ejerció la medicina durante casi medio siglo, destacando por su espíritu filantrópico, que le llevaba a atender a los más necesitados de forma gratuita y, en muchas ocasiones, a pagar de su bolsillo los gastos de cuidados y medicinas, un comportamiento que le hizo ganarse el cariño y la gratitud de las clases populares arriacenses. Además, se prestó voluntariamente para atender a los enfermos afectados por la epidemia de cólera de Loranca de Tajuña y la de viruela de Molina de Aragón, siendo condecorado por ello con la cruz de Isabel la Católica y la placa de la Orden de Carlos III, honores que rechazó por coherencia republicana.

Su acción política
Desde su paso por las aulas universitarias destacó por su adhesión a las ideas democráticas, consiguiendo ganarse la confianza y amistad particular de José María Orense y, sobre todo, de Francisco Pi y Margall, al que siempre fue leal en las filas del republicanismo federal. Participó activamente desde las barricadas en las frustradas jornadas revolucionarias de 1848 y, veinte años después, fue miembro de la Junta Revolucionaria alcarreña nacida de la Revolución Gloriosa de septiembre de 1868. Reorganizada la Milicia Nacional en 1869, fue elegido jefe de los Voluntarios de la Libertad de Guadalajara y no dudó en salir a combatir personalmente la reacción carlista en defensa de la República.
Durante el Sexenio Revolucionario presidió la Junta Provincial Republicana, en la que le acompañaban Inocente Fernández Abás como vicepresidente, Benito Manzano y Eduardo Calamita como secretarios, Cesáreo Cana, Fidel López Cortijo, Tomás Guijarro, Julián Baños, Federico Bru y Cesáreo Jimeno como vocales, y Juan Paniagua como tesorero. El Comité Local de la capital alcarreña lo componían Hilarión Guerra Preciado, Gregorio Herráinz, Emilio Carrasco, Vicente García Ron, Crispín Ortega, Agapito Gutiérrez y Fernando Artega. Así pues, con la proclamación de la Primera República pasó al primer plano de la actividad política alcarreña, siendo elegido diputado por Guadalajara en las elecciones a Cortes Constituyentes republicanas del 10 de mayo de 1873, con una amplísima mayoría, aunque la rápida disolución de la Cámara le impidió destacar en la acción parlamentaria.
Durante la Restauración siguió militando activamente en las filas del republicanismo federal, presentándose con éxito a los comicios para diputado provincial, en 1883 como candidato republicano y en 1886 en una candidatura pactada con los liberales, permaneciendo varios años en la Diputación provincial. No fue elegido concejal en las elecciones municipales convocadas en 1891, las primeras que se celebraron con sufragio universal masculino, pero gano el acta para el concejo arriacense en los comicios celebrados dos años después. No hay mejor prueba de su prestigio y del eco que encontraban sus ideas entre los guadalajareños que esta declaración de Juan Diges Antón: “solamente D. Manuel González Hierro puede presentar lucida hueste [entre los partidos políticos], pues él solo capitanea 300 federales, aumentados todos los días con nuevos adeptos”.
Hasta el final de sus días, siguió siendo el más destacado dirigente del Partido Republicano Federal en la provincia alcarreña, y uno de los más destacados militantes republicanos. Ya en mayo de 1886 participó, con Miguel Mayoral, en los actos celebrados en Madrid para ratificar la coalición republicana que ese año firmaron, entre otros, Nicolás Salmerón, Francisco Pi y Margall o Laureano Figuerola. Siempre fiel a ese espíritu unitario, en 1893 formó parte de la Junta Directiva del Círculo Republicano de Guadalajara, que agrupaba a todas las tendencias republicanas, junto a personalidades como Miguel Mayoral Medina, Manuel Diges Antón o Ángel Campos García.

Su labor cultural
Activo propagandista, siempre difundiendo su ideario federal, tuvo una destacada actividad periodística. En el Sexenio Revolucionario fue director de La Voz de la Alcarria, que seguramente fue el periódico político más antiguo de la provincia, y que supuso un cambio significativo en la prensa provincial, que se convirtió desde entonces en altavoz de ideas políticas, abandonando una supuesta neutralidad ideológica. Después siguió escribiendo en la prensa progresista de Guadalajara y fue redactor de La Verdad, un semanario republicano fundado en 1880 por el tipógrafo Tomás Gómez y que dirigía el diputado Calixto Rodríguez, colaborador de Flores y Abejas, etc.
Pero, sobre todo, en 1892 y 1893 fue director de El Atalaya de Guadalajara, periódico fundado por Ángel Campos que durante esos años actuó como portavoz de los republicanos en la provincia alcarreña. No hay mejor prueba de su honestidad y de su respeto a la libertad de prensa que la dimisión de su cargo de director de El Atalaya de Guadalajara desde que fue elegido concejal en esta ciudad, con el propósito de evitar que su labor política en el Ayuntamiento interfiriera en la objetividad con la que el periódico debía tratar los asuntos municipales.
Como orador participó en numerosos mítines y actos por toda la provincia hasta su muerte, ganándose el reconocimiento público por sus virtudes humanas, su generosidad como médico y su defensa de los intereses de la provincia, como se puso de manifiesto a su muerte, acordando el pleno municipal poner su nombre a una de las plazas del centro urbano.
También fue presidente del Casino de la capital y en 1892 fundó y presidió la Asociación Médico-Farmacéutica de Guadalajara, que fue la primera agrupación corporativa del personal sanitario de la provincia, y que tuvo al periódico El Atalaya de Guadalajara como su portavoz; bajo su presidencia, reunió a todos los médicos de la provincia con la única excepción de cinco facultativos del partido judicial de Cogolludo y a todos los farmacéuticos, excepto dos. En esos años también fue vocal de la Junta Provincial de Sanidad.
JUAN PABLO CALERO DELSO

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