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lunes, 7 de abril de 2014

LUCIANO LANZA DOMÍNGUEZ

LANZA DOMÍNGUEZ, Luciano
[Alcocer, 6 de julio de 1807 / ]
Luciano Lanza Domínguez nació el 6 de julio de 1807 en la villa de Alcocer del Infantado, en la comarca de la Baja Alcarria, que entonces pertenecía a la diócesis y provincia de Cuenca y que desde 1833 formó parte de la provincia de Guadalajara.
Estudio Derecho en la Universidad de Alcalá de Henares, obteniendo el grado de Bachiller en Leyes el día 17 de mayo de 1826. Durante más de cinco años, hasta el mes de junio de 1832, ejerció como pasante de Pedro Julián Ampériz, abogado en la Corte, y al cumplir la edad preceptiva de 25 años solicitó el título que le permitía ejercer como abogado ante los Reales Consejos, categoría que obtuvo, después de superar el examen correspondiente, el 19 de septiembre de 1832.
Su entorno familiar
Era el único hijo de José Lanza Martínez, que también había nacido en Alcocer y que era hijo de Eugenio Lanza y de Josefa Martínez, y de Josefa Domínguez García, hija de Ramón Domínguez y Gregoria García y también natural de Alcocer. Luciano Lanza Domínguez estuvo casado con Ramona Boiteberg, que pertenecía a una de las tres familias de tejedores holandeses de las Reales Fábricas que permanecieron en Guadalajara tras el incumplimiento del contrato firmado con el barón de RIpperdá, y tuvo cinco hijos, de los que José falleció en Guadalajara el 14 de mayo de 1859, cuando contaba con diez años de edad, y Antonio murió el 9 de febrero de 1875 con diecinueve años.
La familia Lanza eran ricos labradores, que sin poseer una gran fortuna disfrutaban de tierras propias de mediana extensión y de los medios necesarios para trabajarlas. Una rama de la familia estaba asentada en Guadalajara y en el siglo XVIII ejerció algunos cargos concejiles; así sabemos que Domingo Lanza fue alcalde del común a partir de 1752 y Francisco Lanza Mayor fue Diputado del Común en 1784. Pero a partir del siglo XIX se diluyó su influencia política, aunque Joaquín Lanza aún fuese regidor de Guadalajara durante los primeros años del nuevo siglo y llegase a formar parte del primer ayuntamiento constitucional de la capital alcarreña.
Los Lanza que vivían en Alcocer eran también ricos propietarios agrícolas, con recursos suficientes como para enviar a Luciano a estudiar leyes en la Universidad de Alcalá de Henares. Pero su patrimonio creció extraordinariamente a partir de los procesos de Desamortización, en los que adquirieron diversos bienes en Alcocer y en otros municipios de la provincia, como Iriepal. A partir de 1840 Luciano Lanza se hizo con diversas fincas que procedían de los bienes desamortizados del convento de Santa Clara de su pueblo natal, en algunas ocasiones en lotes compartidos con Gregorio García Tabernero y con su hijo Diego García Martínez, que también fueron diputados por el partido progresista en diferentes legislaturas. En 1856 Luciano Lanza adquirió una tierra de labor y un viñedo de una fanega de extensión y la redención de cuatro censos sobre tierra, con un valor total de 1.675 reales, con motivo del nuevo proceso desamortizador puesto en marcha por el ministro Pascual Madoz en 1855.

Su acción política
En 1832 declaró públicamente que ni siquiera durante el Trienio Liberal había formado parte de ninguna de las asociaciones ciudadanas que se consideraban instrumentos del liberalismo: Milicia Nacional, Sociedades Patrióticas, logias secretas o clubes políticos, aunque no podemos dar mucho valor a esa declaración, pues era un trámite obligado para ser habilitado como abogado ante los Reales Consejos. En cualquier caso, Luciano Lanza se mostró muy pronto como partidario del liberalismo y, particularmente, de la corriente progresista. El 22 de julio de 1834 se levantó en las proximidades del Real Sitio de La Isabela una partida carlista y Luciano Lanza, comandante de la Milicia de Alcocer, se lanzó en su persecución con una veintena de voluntarios locales.
Como los guerrilleros carlistas ocasionaron diversos daños en La Isabela, que era un balneario del Patrimonio Real levantado por la reina Isabel de Braganza a orillas del río Guadiela muy cerca de Sacedón, se abrió una causa en el juzgado patrimonial contra los insurrectos y sus cómplices. Por Real Orden de 14 de septiembre de 1834, se nombró a Luciano Lanza asesor sin sueldo de La Isabela en esta causa. En 1851 solicitó ayuda para la instrucción de sus cinco hijos por declararse carente de medios para criarlos y educarlos, alegando los años que llevaba ejerciendo como asesor del balneario sin percibir remuneración alguna. La reina Isabel II rechazó su petición y sólo aceptó que se le pagase por los trabajos que desempeñase como asesor de La Isabela. Finalmente, con el triunfo de la Revolución de septiembre de 1868, fue nombrado Abogado Consultor del Real Sitio de La Isabela, con fecha del 16 de noviembre de ese año.
Mantuvo una señalada actividad política y fue continua su presencia institucional durante el reinado de Isabel II. En las elecciones del año 1837 obtuvo 55 votos, una cantidad insuficiente para hacerse con un escaño en el Senado, pero en 1838 fue elegido diputado provincial por el partido judicial de Sacedón, aunque en junio de ese año se vio forzado a renunciar al escaño por no cumplir todos los requisitos necesarios. La elección para sustituirle fue tan enconada que se establecieron nuevos pueblos para depositar los votos y el gobernador civil, Pedro Gómez de la Serna, hizo pública una alocución “ante el abismo que se abre a vuestros pies si fomentáis más esas funestas escisiones que dividen” a los liberales del partido judicial de la Baja Alcarria. En 1838 volvió a ser elegido como diputado provincial de Sacedón y, tras un largo paréntesis, cuando el mes de julio de 1847 se celebraron nuevas elecciones a diputados provinciales Luciano Lanza volvió a ser elegido diputado por el mismo partido judicial de Sacedón, ocupando ese escaño sin interrupción hasta el año 1853.
En 1854, al comienzo del Bienio Progresista, le encontramos entre los convocantes a una reunión para elegir en Guadalajara una candidatura progresista para las Cortes Constituyentes de ese año, junto a los líderes del liberalismo progresista. Como resultado del enfrentamiento abierto entre esta candidatura unitaria y la que avalaba Luis María Pastor Copo y José Manuel Collado, entonces ministro de Hacienda, en octubre de ese año se le declaró cesante de su puesto de promotor fiscal de Hacienda pública en la provincia de Guadalajara.
Encontró acomodo en la Diputación Provincial, aunque no como diputado, y ejerció de Secretario interino en ausencia de su titular, Casimiro López Chávarri. Sin embargo, en octubre de 1856, después del abrupto final del gobierno del general Baldomero Espartero, presentó su dimisión cuando los moderados se hicieron de nuevo con el poder.
Se mantuvo leal a sus ideas durante los gobiernos de la Unión Liberal y de los moderados y así formó parte del grupo dirigente que en Guadalajara había preparado el cambio político y dirigía la provincia después de que Isabel II fuese destronado en septiembre de 1868, como se puso de manifiesto cuando, con motivo de las elecciones de enero de 1869 para las Cortes Constituyentes, se presentó una candidatura unitaria de Concordia Liberal que fue avalada por Luciano Lanza y los más destacados liberales de Guadalajara.

Elección y actividad parlamentaria
Durante los primeros años del reinado de Isabel II actuó en varias ocasiones como miembro de las juntas de escrutinio general de votos. En 1840 solicitó personalmente la nulidad de varias actas electorales como comisionado de la Junta de Escrutinio de Sigüenza; aunque sus reclamaciones no fueron atendidas y el proceso se dio por válido, quedó la duda de que, de alguna manera, los moderados se habían aprovechado de las dificultades provocadas por el final de la Guerra Carlista, y la consiguiente desbandada de combatientes, para torcer la voluntad del cuerpo electoral de Guadalajara.
En las siguientes elecciones legislativas, celebradas en el mes de febrero de 1841 después de que el general Baldomero Espartero ocupase la Regencia, Luciano Lanza fue elegido diputado por Guadalajara junto a los también progresistas Esteban Peña y Ambrosio Tomás Lillo. Asistió por primera vez a las Cortes el día 20 de mayo de 1841, y el 1 de junio juró su cargo y tomó asiento en el Parlamento. Durante su estancia en el Congreso formó parte de las comisiones de Presupuestos municipales, de Cotización de la deuda extranjera, de Traslación de dominio y de Pensión a las viudas de conductores de Correos. Los libros de actas recogen sus intervenciones parlamentarias sobre la Dotación de culto y clero y sobre el Presupuesto y establecimiento de nuevas poblaciones.
JUAN PABLO CALERO DELSO

viernes, 4 de abril de 2014

SEGUNDO SABIO DEL VALLE

SABIO DEL VALLE, Segundo
[Madrid, 2 de julio de 1856 / 21 de noviembre de 1939]
Segundo Sabio del Valle nació en Madrid el día 2 de julio de 1856. Parece ser que su padre era de origen italiano, quizás de la región de Turín, y vino a España para trabajar como jardinero en el Palacio de La Granja, cambiando su apellido original, Savio, por Sabio para castellanizarlo.
Espíritu inquieto y profundamente interesado por la religión, pero completamente alejado de la Iglesia Católica, siendo aún muy joven se trasladó a Suiza donde se convirtió al protestantismo. En el país helvético contrajo matrimonio con una primera esposa con la que tuvo al menos una hija, Mercedes Sabio David, y que falleció en Zaragoza, a su regreso de Suiza. Contrajo segundas nupcias con Adela Dutoit y Wyttenbach, natural de la ciudad suiza de Lausanne, por lo que sus relaciones y visitas al país helvético fueron frecuentes. El matrimonio tuvo cuatro hijos, todos nacidos en España: la mayor, Amelie, vino al mundo en Zaragoza en 1888 y los otros tres (Rafael, Fernando y Segundo) lo hicieron en Madrid entre 1890 y 1896; todos fueron educados por su madre con severidad y con afecto. Uno de sus hijos, Rafael Sabio Dutoit, que nació en Madrid el 22 de octubre de 1890, se formó en la Academia de Ingenieros militares de Guadalajara.

Su inquietud religiosa
Cursó sus estudios de primera y segunda enseñanza antes de ingresar en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Central, alcanzando en 1896 el Doctorado con una tesis sobre el Aleces Logos o Discurso Veraz de Celso Aulio Cornelio. En Suiza cursó estudios de teología en la iglesia libre del cantón de Vaud, doctorándose en 1879 con la tesis "La controverse pélagienne", que trataba sobre el pecado original, el libre albedrío y la predestinación.
Regresó a España ese mismo año y se estableció en Zaragoza con el propósito de predicar la fe protestante; hasta 1882 ayudó como predicador a Thomas Gulik, que era secretario de la Alianza Evangélica Española, y más tarde abrió su propia capilla, con el nombre de Iglesia de la Salvación Gratuita, en la calle Tejedores de la capital aragonesa y dirigió una escuela evangélica, situada en el número 85 de la calle de San Pablo, que abrió sus puertas con setenta y tres alumnos matriculados. También fue agente de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera en Madrid, además de colaborar en 1905 con Juan Bautista Cabrera y Cipriano Tornos en una revisión de la Biblia Reina-Valera, la versión española de las Sagradas Escrituras utilizada tradicionalmente por las Iglesias protestantes en nuestro país, demostrando así sus amplios conocimientos filológicos. Pero durante su estancia en la capital aragonesa falleció su primera esposa, lo que seguramente le produjo una crisis de fe, que le llevó a abandonar la práctica religiosa hasta tal punto que sus cuatro hijos menores, los que tuvo con Adela Dutoit y Wyttenbach, no fueron bautizados.
Estrechamente vinculado al espíritu de las Iglesias Evangélicas, nació el movimiento abolicionista internacional contra la prostitución. En 1870 se publicó en el Daily News de Londres un manifiesto redactado por Josephine Butler, casada con un pastor anglicano, que se oponía a la legislación recientemente aprobada en el Reino Unido sobre la prostitución. Fue el germen de una Liga Abolicionista, que buscaba la prohibición absoluta de la prostitución combatiendo las causas reales que empujaban a la mujer a su práctica y promoviendo una educación moral que erradicase ese comportamiento. En España se desarrolló, en gran medida, gracias a los pastores protestantes, y Segundo Sabio del Valle fue aquí su representante más destacado desde el año 1884.
En Zaragoza ingresó en la masonería y se adscribió a la logia Caballeros de la Noche de Zaragoza, adscrita a la Gran Logia Simbólica Independiente, donde alcanzó el grado 33 y ganó un primer premio en un concurso literario organizado por el masónico Gran Oriente de España para trabajos en prosa que versasen, precisamente, sobre la prostitución y los medios para combatirla. Sin embargo, durante su larga estancia en Guadalajara no tenemos ninguna noticia de su posible actividad masónica, aunque desde 1925 hubo en la ciudad una nueva logia masónica, Arriaco, en la que no se integró.

Su actividad cultural
Al mismo tiempo, desarrolló una interesante actividad cultural, que se prolongó durante toda su vida. Ya durante su estancia en Zaragoza fue socio del Ateneo local, del que llegó a ser vicepresidente, pero desde que en 1890 volvió a instalarse en Madrid, con primera vivienda en el número 10 de la calle Unión, ingresó en el Ateneo Científico, Literario y Artístico madrileño, donde participó en diversos debates, impartió conferencias de los temas más dispares y en 1892 fue elegido secretario de su Sección de Ciencias Morales y Políticas. También fue vocal de la Sociedad Facultativa de Ciencias y Letras, que tenía por presidente honorario al alcalde Alberto Bosch, y colaboró en revistas científicas como Naturaleza, ciencia e industria.
En 1916 inscribió en el Registro del Ministerio de Fomento una curiosa patente de su invención, la llamada Música Espectral, que explicaba de este modo: “Con las vibraciones sonoras se ha compuesto la escala musical de siete notas: Do, Re, Mi, Fa, Sol, La y Sí. El espectro solar nos suministra también siete colores principales, que son: Rojo, Anaranjado, Amarillo, Verde, Azul, Añil y Violeta. Relacionando las gamas del sonido y del color y formando tantas escalas de color como escalas de sonido, la música, no sólo puede ser oída, sino también ser vista, y tenemos así la Música Espectral, o sea la interpretación o ejecución de composiciones musicales por medio de colores”.
Siempre amigo de lo heterodoxo, en 1890 se anunciaba en la prensa de Madrid como “Gran preservativo social y auxiliar poderoso para educar la juventud”, ofreciendo en español y francés cursos y lecciones de grafología “para aprender a conocer las virtudes y defectos de las personas por el estudio detenido de su escritura”, asunto sobre el que escribió algunos artículos. Los periódicos de Madrid, como por ejemplo El Heraldo del 17 de enero de 1892, hablaban de él como “la única persona en España que se dedica a esta novedad de conocimientos”, aunque no dedicó mucho tiempo a los estudios grafológicos.
Pero nunca abandonó estos intereses particularísimos, que a muchos parecían simplemente extravagantes y en 1915, ya viviendo en Guadalajara, tradujo la obra Ramilletes de siemprevivas, una selección de textos de Katherine Tingley, una conocida activista de la Sociedad Teosófica americana y fundadora de la escuela occidental de Raja-Yoga en su comunidad teosófica situada en Point Loma (California). Una prueba más de su permanente inclinación hacia una espiritualidad poco convencional.
Sus años en Guadalajara
A partir de 1892 se presentó sin éxito a las oposiciones para las Cátedras de Lengua Francesa en las Escuelas de Comercio. En 1893 empezó a trabajar como interino para esa Cátedra en el Instituto de Baeza, lo que levantó la indignación de la prensa católica por haber sido pastor protestante. Al año siguiente, ganó la plaza para la cátedra de Lengua Francesa del Instituto de Guadalajara, en la que sucedió a Francisco Fernández Iparraguirre.
Para entonces, ya superaba los cuarenta años de edad y era una persona respetada y conocida en distintos ámbitos, de lo que es buena prueba el banquete celebrado en Madrid para festejar la obtención de su cátedra, que estuvo presidido por José de Echegaray, Premio Nobel de Literatura en 1904, hizo los brindis el doctor Tomás Maestre, médico y catedrático de la Universidad Complutense, y asistieron personajes tan dispares como Julián Besteiro y Antonio Pirala.
Aunque en 1899 se presentó a la Cátedra de Lengua Francesa de la Escuela Central de Artes y Oficios de Madrid, lo cierto es que permaneció en el centro educativo alcarreño hasta su jubilación, en el año 1928. Se estableció en Guadalajara con su familia, viviendo primero en el número 17 de la calle Barrionuevo baja, después se trasladó a la calle Juan Catalina próxima al Instituto y, por último, residió en el número 23 de la Plaza de la Antigua. Aunque en los primeros años vivía junta toda la familia, más adelante su mujer se trasladó a Madrid con sus hijos, y más concretamente a Canillejas, y él se quedó solo en la capital alcarreña; todo parece indicar que el espíritu inquieto de su esposa, educada en una ciudad como Lausanne, no se acomodaba a la Guadalajara de la época, y sus viajes a Madrid eran casi constantes, como lo prueba su presencia en las actividades del Ateneo. Después de su jubilación, también él pasó a residir fuera de Guadalajara, despidiéndose públicamente de todos los alcarreños desde las páginas de la prensa.
Aquí vivió un terrible suceso familiar que conmocionó a toda la sociedad alcarreña: el asesinato de su sobrino Rafael Punselán Sabio y el intento de asesinato de su hermana, Amalia, a manos de un joven criado filipino de sólo dieciséis años, Julián de la Cruz, que les atacó por sorpresa el 2 de febrero de 1898. El criminal fue juzgado el 18 de enero de 1899 y se le impuso una larga condena de cárcel.
En el Instituto de Bachillerato de Guadalajara, a pesar de tantos años de permanencia no destacó especialmente; sólo tenemos noticia de que en 1904 fue designado vicedirector del centro, puesto del que dimitió a partir de 1908. No debía de contar con simpatías generales en el centro, pues en 1908 presentó una denuncia en el Juzgado de Guadalajara con motivo de los incidentes producidos en los exámenes en el Instituto de uno de sus hijos.
En cuanto a su labor pedagógica, sólo podemos citar que 1902 fue uno de los tres catedráticos del Instituto alcarreño, junto con Luis Catalá y Salvador Prado, elegido para asistir al festival académico organizado para conmemorar la coronación de Alfonso XIII, al que asistió el propio monarca. Completaban la delegación provincial los maestros Manuel Rueda y Adelaida Ronco, dos alumnos del Instituto y dos de la Normal de Maestras. Además, en 1904 publicó la obra Novísimo método para el estudio de las lenguas vivas: fonética francesa: estudio y juego de sonidos y de ruidos y en 1915 publicó el librito Sencillez, riqueza y matices de la conjugación española, una obra dedicada al aprendizaje de la lengua castellana con numerosos ejemplos.

Su actividad social
Durante su larga estancia en tierras alcarreñas no sólo no dejó pruebas de su proselitismo religioso sino que tampoco hemos encontrado otros rastros de su actividad cultural; no debió de encontrar en tierras alcarreñas un ambiente propicio para sus ideas. Sólo conocemos su participación en una conferencia que José Marcial impartió en el Ateneo Caracense sobre “Democracia religiosa”, con un fuerte contenido ateo y laicista, que él secundó desde el público.
No abandonó, sin embargo, sus ideales contrarios al catolicismo clerical, y en 1913 firmó un manifiesto para que los maestros de Primera Enseñanza quedasen excluidos de la obligación de impartir las clases de Religión Católica, como hasta ahora estaban encargados de hacer aunque violase su conciencia. Y años después, suscribió un manifiesto muy significativo en el que los firmantes expresaban su simpatía hacia el catedrático universitario Julián Besteiro, preso en el penal de Cartagena por pertenecer al Comité de la Huelga General de 1917.
Con un ambiente político tan crispado, que repetidamente enfrentaba a laicistas y clericales, no le tentó la política y cuando en 1901 los republicanos arriacenses le pidieron que se presentase para concejal de la ciudad en compañía del profesor Anselmo Arenas, rechazó la invitación. A cambio, fue más amigo del deporte, y en 1908 fue vicepresidente de la Junta Directiva provincial del Tiro Nacional, una organización dedicada a la promoción y práctica del tiro con armas de fuego con espíritu deportivo y de competición. Y en 1912 era el presidente de la Nueva Peña, una sociedad recreativa que hacía sombra al casino local.
También emprendió diversos negocios. Ya en Madrid había ejercido el préstamo con usura, con un interés del 4% mensual, y llevó a los tribunales a una viuda pensionista de Clases Pasivas que, por no poder devolverle el dinero, fue condenada al embargo parcial de la pensión hasta que quedase saldada la totalidad de la deuda. Hasta noviembre de 1899 fue delegado en Guadalajara de la Compañía de Seguros La Unión Ibérica y en 1900 recibió el nombramiento de Habilitado de Clases pasivas, y más concretamente de los maestros y maestras jubilados, y ocupó este cargo varios años. También fue accionista del Banco Hispano-Americano.
JUAN PABLO CALERO DELSO