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viernes, 3 de junio de 2022

LUIS RANZ HERRERA

RANZ HERRERA, Luis

[Fuencemillán, 21 de junio de 1855/ ]

Silvestre Luis Ranz Herrera nació en la localidad de Fuencemillán, en la comarca de la Campiña de Guadalajara, el día 21 de junio de 1855. Contrajo un primer matrimonio con Aquilina Gonzalo y, posteriormente, el 15 de noviembre de 1890 se casó en Madrid, en segundas nupcias, con Francisca Vega Vela. Tuvo cuatro hijos: Julia, que falleció en Guadalajara el día 8 de abril de 1890 a los cuatro años de edad, Alejandro, que se casó con Josefina Erroz, Baltasar y Daniel. Residieron en el domicilio familiar del piso 2º izquierda del número 11 duplicado de la calle de Madrid, en el Barrio de Cacharrerías.

Profesionalmente fue carpintero y casi toda su vida trabajó en el establecimiento de Luciano Fernández, que se especializó en servicios funerarios bajo el nombre comercial de La Fe. Allí sufrió un grave accidente laboral el día 1 de diciembre de 1894 cuando se produjo una explosión fortuita de pólvora, al ir a preparar el propietario unos cartuchos de caza, que arrancó de cuajo las puertas del taller y provocó heridas de consideración a Luciano Fernández, a su esposa, Josefa Motiño, al propio Luis Ranz y al aprendiz Primo Aragonés, aunque todos se recuperaron satisfactoriamente. En cualquier caso, sabemos que era muy aficionado a las armas y participó en varios campeonatos para obreros del Tiro Nacional junto a otros sindicalistas como Luis Martín Lerena, Isaac de la Rica o Pedro Waldermeer.

Su actividad política

El pequeño núcleo marxista madrileño, heredero de la Nueva Federación Madrileña internacionalista, se reunía desde 1876 en una tertulia, primero en el Café Brillante y luego en el relativamente más moderno Café de Lisboa en la entrada de la calle Mayor. A esos encuentros asistía Luis Ranz –“óptimo como operario y cabal como hombre”- desde Guadalajara, “donde había conocido las ideas de labios -entre otros propagandistas- de aquel Fernández Alonso, tipógrafo, que en marzo de 1878 firmó el ingreso de Iglesias en la Internacional”, según señala Juan José Morato. Formó parte del grupo fundacional del socialismo alcarreño junto a Modesto Aragonés y los cajistas de la Imprenta Provincial pero, quizás por no residir en Madrid, no acudió a las asambleas fundacionales del Partido Socialista Obrero Español en mayo de 1879. Es muy posible que poco después, y por un corto espacio de tiempo, se trasladase a vivir a Madrid, pues tenía el carné número 29 de la Agrupación Socialista Madrileña, pero en octubre de 1884 volvió a establecerse en Guadalajara.

Hasta el año 1881 el PSOE se vio forzado a actuar en la clandestinidad, como consecuencia de la restrictiva legislación del conservador Antonio Cánovas del Castillo, pero ese año, con la llegada de los liberales de Práxedes Mateo Sagasta al gobierno, se legalizaron los partidos y sindicatos que no acataban la restaurada monarquía de Alfonso XII. En una “reunión pública celebrada el 5 de enero de 1882 en un aula de las Escuelas Pías de San Fernando, bajo la presidencia de [Victoriano] Calderón y actuando de secretarios Matías Gómez y yo [Antonio García Quejido]; se nombraba públicamente el primer Comité del partido socialista. Ese Comité lo compusieron Victoriano Calderón, Antonio García Quejido, Juan Gómez Crespo, Modesto Aragonés, Deogracias Navarrate, Luis Ranz y Valentín Diego Abascal, según consta en el acta que aún se conserva”; así pues, en el primer comité del PSOE, en el que ni siquiera figuraba Pablo Iglesias, había tres militantes de Guadalajara: el tipógrafo Juan Gómez Crespo, el albañil Modesto Aragonés y el carpintero Luis Ranz.

En el mes de diciembre de ese mismo año de 1882 el partido obrero, ilusionado por la libertad recién conseguida, y a propuesta de Juan Gómez Crespo, acudió por primera vez a unas elecciones, aprovechando unos comicios para diputados provinciales en los que presentó una lista que estaba formada por unos afiliados socialistas que apenas podían cumplir las exigentes condiciones impuestas para ser candidato por la restrictiva legislación electoral de la época. La candidatura, que concurría en una circunscripción popular de Madrid, estaba integrada por el mecánico madrileño Manuel González, y los alcarreños Luis Ranz y Juan Gómez Crespo. Tras una modesta campaña electoral, en la que se pegaron por las calles medio centenar de carteles, obtuvieron un resultado testimonial.

Como ya hemos visto, Luis Ranz retornó a la capital alcarreña en 1884 y pasó a formar parte de la Agrupación Socialista de Guadalajara, que se disolvió a principios de la década de 1890 y que no se reconstituyó hasta el 15 de abril de 1912, nombrando un Comité que interinamente presidía Luis Martín Lerena y completaban Luis Ranz, Luis Martín Manzano, Ramón Herreros, Isidro Pérez y Baldomero Lorenzo. Fue una reorganización prematura, pues solo contaba con 26 afiliados y Luis Ranz era el único de los antiguos militantes que se mantenía fiel al PSOE, frente al desdén de los demás pioneros del socialismo alcarreño, como lo demuestra que Flores y Abejas ni siquiera se hiciese eco de la noticia olvidando su director, Alfonso Martín Manzano, sus pasados vínculos políticos y afectivos con el partido obrero.

Esta Agrupación Socialista de Guadalajara no consiguió implantarse con fuerza entre los trabajadores arriacenses, a pesar de la hegemonía de la UGT en la ciudad, hasta el punto de que cuando en octubre de 1915 celebró el PSOE su nuevo Congreso, la agrupación de la capital, que era la única de la provincia pues no habían sido capaces los socialistas de fundar otros grupos en los pueblos, ni siquiera acudió a este comicio. Arrastró una vida lánguida, hasta que hacia 1920 relanzó su actividad gracias a la reciente afiliación de funcionarios y profesionales, como Marcelino Martín y Miguel Bargalló, que rompieron con el estricto obrerismo del PSOE alcarreño, eligiendo en 1920 en asamblea un nuevo comité al que ya no pertenecía Luis Ranz.

Su actividad sindical

Si la implantación en Guadalajara del partido obrero fue difícil, la de la Unión General de Trabajadores fue muy exitosa desde que en 1888 Pablo Iglesias llevase al congreso constituyente de Barcelona la representación de los tipógrafos alcarreños, que fueron los primeros en organizarse. Pero disuelta la Agrupación Socialista, la UGT alcarreña sustituyó el marxismo del PSOE por una vaga doctrina obrerista, sin referencias ideológicas explicitas, que podía acoger por igual a trabajadores federales, anarquistas o marxistas, una especie de laborismo alcarreño que elegía y enviaba sus propios candidatos a los comicios municipales, que no eran reconocidos como suyos por el PSOE, y publicaba su prensa que tampoco se asumía como propia por el partido obrero.

Luis Ranz conservó, sin embargo, su protagonismo en la UGT alcarreña, sobre todo por presidir la Sociedad de Carpinteros. Así el domingo 17 de noviembre de 1901 la Sociedad de Obreros Albañiles La Unión Obrera convocó un mitin para protestar contra el proyecto de ley que restringía el derecho de huelga, en el que hicieron uso de la palabra Ignacio Aragonés, Luis Ranz, Sebastián Henche, Donato Sorli y Eleuterio Barrio, de Madrid. Volvió a intervenir públicamente en la celebración del 1º de Mayo de 1903 junto a su amigo Modesto Aragonés, que vino desde Madrid para intervenir en el acto, Diego Manchado, Baltasar Aragonés y Estanislao Jaraba; en el mitin se presentó la bandera de la Sociedad de Carpinteros, que había sido bordada por Micaela García y Julia Martín.

Ese mismo año de 1903 una amplia representación de la ciudad de Guadalajara, de la que formaban parte incluso los concejales republicanos, acudió al domicilio particular de la condesa de la Vega del Pozo para hacerle entrega de un lujoso álbum costeado y firmado por una gran mayoría de sus vecinos para mostrarle el agradecimiento de los alcarreños por sus numerosas obras de caridad; entre las delegaciones, estaba la de la Federación de Sociedades Obreras, representada por Luis Ranz y Manuel Luna.

En 1911 fue elegido concejal por el primer distrito de la capital de la provincia dentro de una candidatura obrera junto con Luis Martín Lerena; se presentaba, en ese distrito, contra el alcalde Miguel Fluiters y el candidato republicano Isidro Taberné. Pero, como resultado de un acuerdo entre liberales, republicanos y obreros, los tres grupos se repartieron los puestos y no se presentaron más candidatos que escaños había en juego, siendo elegidos sin necesidad de votación popular los liberales Miguel Fluiters, Cruz López Cascajero y Luis Ramírez, los republicanos Manuel Diges e Isidro Taberné y los obreros Luis Martín Lerena y Luis Ranz, que perteneció a las comisiones municipales de Beneficencia y Sanidad, Hacienda, Obras, Limpieza, Policía Rural y Reformas Sociales. Se aseguraban así los trabajadores una presencia en el concejo arriacense a pesar de que estaban suspendidas las garantías constitucionales, se había clausurado el Centro de Sociedades Obreras de Guadalajara y se había prohibido la publicación de la prensa socialista, dificultando la propaganda de la candidatura de los trabajadores.

Como concejal perteneció, junto con los dirigentes obreros Ramón Fernández Mayor y Federico Ruiz, a una comisión que se entrevistó con el conde de Romanones, al que arrastraron hasta el Instituto de segunda enseñanza en compañía del alcalde, Miguel Fluiters, y del arquitecto municipal, Benito Ramón Cura, para “comprobar con sus propios ojos lo que parte de la prensa local viene repitiendo hace algunos años: que aquello presentaba un aspecto deplorable, después de haberse invertido en esas obras más de 70.000 duros”.

Mucho menor presupuesto tenía la Casa del Pueblo de Guadalajara que las Sociedades Obreras decidieron levantar en un céntrico solar adquirido a propósito por ellas. La falta de recursos económicos retrasó considerablemente las obras, de tal modo que el semanario conservador La Palanca llegó a proponer abrir una suscripción para concluirlas, pudiendo en torno al 1º de Mayo de 1915 reanudarse los trabajos, que continuaron hasta su inauguración el día 5 de septiembre de ese mismo año. Como maestros de obras dirigieron la construcción Luis Ranz y el albañil Isidoro Fernández.

JUAN PABLO CALERO DELSO

domingo, 15 de mayo de 2022

MANUEL MEDRANO HUETOS

MEDRANO HUETOS, Manuel

[Guadalajara, 25 de diciembre de 1860 / Madrid, 2 de diciembre de 1906]

Manuel Medrano Huetos nació en Guadalajara el 25 de diciembre de 1860, siendo bautizado en la desaparecida iglesia parroquial de San Gil tres días después, y murió en Madrid el 2 de diciembre de 1906, pocos días antes de cumplir los 46 años. Era hijo legítimo de Félix Medrano, nacido en Guadalajara hijo de Manuel Medrano y Silveria Polo, y de Gregoria Huetos, nacida en Taracena hija de Benito Huetos y Gregoria Carralbal que falleció el 30 de marzo de 1891 cuando contaba con 66 años de edad. Tuvo cuatro hermanos: Gregorio, carnicero, que murió a los 54 años de edad el día 1 de enero de 1909; Joaquín, farmacéutico, que falleció el 19 de agosto de 1909 con 45 años; Concepción que murió el 20 de agosto de 1914, viuda de Diego de Bartolomé Boiteberg que había fallecido el 23 de agosto de 1896, y Manuel, que era visitador general recaudador en la provincia alcarreña de la Asociación de Ganaderos del Reino.

Manuel Medrano Huetos contrajo matrimonio con María de la Cruz Miguel Sánchez y tuvieron seis hijos: Juan Manuel, Elvira, Carmen, Ascensión, Amelia y Fernando Medrano Miguel. La familia vivió en Madrid, en el piso 1º derecha del número 3 de la calle de Pontejos y en el número 30 de la calle de Atocha.

Su actividad profesional como arquitecto

En 1876 completó sus estudios de Bachillerato en el Instituto de segunda enseñanza de su ciudad natal, y en el curso de 1879-1880 inició su aprendizaje en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, aprobando la reválida que le reconocía la capacitación profesional como arquitecto el día 1 de diciembre de 1884, después de diseñar una Casa de Socorro en un tiempo máximo de diez horas.

En un primer momento se planteó dedicarse a la enseñanza e impartió clase “por muchos años [en] la muy acreditada Academia preparatoria para ingenieros y arquitectos, á que dio nombre y crédito universalmente reconocido”. El 1 de julio de 1888 fue nombrado profesor accidental de Estereotomía y Sombras de la Escuela Superior de Arquitectura en Madrid, cesando en este puesto el 19 de junio de 1889. Siete años después, el 27 de noviembre de 1896, se presentó como aspirante para ocupar la cátedra de Geometría Descriptiva, Estereotomía, Perspectiva y Sombras en la Escuela Central de Artes y Oficios madrileña, aunque los exámenes se pospusieron hasta el mes de marzo de 1899. No consiguió la plaza, a pesar de que llegó a publicar en 1889 un pequeño volumen con el título de Apuntes de Geometría, resolución del problema círculo tangente á otros tres.

Aunque el 21 de marzo de 1888 fue nombrado auxiliar en la Inspección de Monumentos Históricos y Artísticos y en marzo de 1897 se presentó al concurso abierto por la Asociación de Propietarios de Madrid para proveer una plaza de abogado y otra de arquitecto de la citada sociedad, muy pronto se decantó por el ejercicio libre de su profesión, decisión en la que pesó extraordinariamente su estrecha amistad con Álvaro de Figueroa, el conde de Romanones, cuya familia le hizo numerosos encargos que representaron la mayor parte de su obra.

En el año 1899 diseñó para la familia Figueroa y Torres el majestuoso panteón del cementerio de Guadalajara para los marqueses de Villamejor y sus deudos; en 1904 proyectó el bloque de viviendas, propiedad de los marqueses, en el número 7 de la madrileña calle de Mariana Pineda y en 1906 el edificio del número 5 de la misma calle, también propiedad de la familia como el del número 3 de la calle del Maestro Victoria levantado entre 1902 y 1904 y que hoy es sede del Colegio Oficial de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de Edificación de Madrid; en 1905 construyó otro edificio en el número 4 de la calle del marqués de Villamejor, en el madrileño barrio de Salamanca, que era propiedad del conde de Romanones. Para el duque de Tovar, hermano de Álvaro de Figueroa, se encargó de levantar la casa del número 121 de la calle de Claudio Coello, una fábrica de pan en Madrid y la granja del Soto de Aldovea en Torrejón de Ardoz.

También fue el autor, entre otros, de los edificios que ocupan los números 7 y 9 de la calle Mayor, 58 y 60 de la de Preciados, 7 de la del duque de Rivas y 51 de la de Toledo, todas de Madrid, además de la escuela de Riva de Santiuste, en Guadalajara, de una gran vivienda unifamiliar en el pueblo soriano de Almazán y de otros trabajos en Santander, Ciudad Real y El Escorial. En el momento de su muerte estaba trabajando en el edificio del número 66 de la calle de Toledo de Madrid, que concluyó Luis Ferrero en 1907.

Esta labor como arquitecto fue reconocida por sus compañeros de profesión; en 1907 salió de imprenta un librito, con el título de La obra del arquitecto Manuel Medrano, con prólogo de Santiago Castellanos Urízar y en el que otro afamado arquitecto, Enrique Repullés Vargas, comentaba alguno de sus edificios más notables. Y, más recientemente, el profesor Miguel Ángel Baldellou publicó en 1996 un folleto de 64 páginas titulado Manuel Medrano Huetos, arquitecto. También fue nombrado socio honorario de la italiana Societá Unione Operaria Humberto I.

Aunque Enrique Repullés afirmaba que Medrano fue el primer arquitecto que levantó un edificio modernista en Madrid, lo cierto es que la mayoría de sus diseños están inspirados por un clasicismo contenido, muy del gusto de la conservadora burguesía madrileña de su tiempo, aunque merece la pena destacar el ritmo que imprime a las fachadas de sus edificios, poco común en esos años.

Su actividad política

Su amistad particular con el conde de Romanones le llevó también a la política, en las filas del partido liberal. En 1897, y siendo Álvaro de Figueroa el alcalde de Madrid, concurrió a las elecciones municipales de la capital que se celebraron en el mes de mayo. Se presentó por el distrito de Audiencia, en el que se elegían cinco concejales, y al que concurrieron el conservador Sebastián López de Castro; los liberales Manuel Medrano Huetos, Martin Ortiz de Zarate y Timoteo Vázquez Arias; Julián de Uruburu y D. José Clot Riera apoyados por el comercio y la industria y Marcelino Riaza Herreros y Vicente Sanchís Sebastián sin adscripción partidista. El día de las votaciones hubo altercados, algunas detenciones y el ya habitual pucherazo electoral de los embuchados, resultando elegidos Juan José Clot Riera, con 3.440 votos, Julián Uruburu con 3.433. y los liberales Martin Ortiz de Zarate con 1.978. Manuel Medrano Huetos con 1.792 y Sebastián López de Castro con 1.746 papeletas.

Él fue el primero a quien el conde de Romanones, como alcalde de la capital del reino, propuso para Teniente de Alcalde de Madrid, siendo nombrado para el distrito de Palacio. Destacó, en unos años marcados por la crisis de subsistencias finisecular, por su celo decomisando el pan que las tahonas ponían a la venta falto de peso. Además, en 1901 recibió, por instigación del conde de Romanones, el nombramiento como Jefe Superior de Administración Civil y ese mismo año fue elegido por el entonces alcalde madrileño Alberto Aguilera para ocupar el cargo de inspector especial de los servicios de fontanería y alcantarillado de la ciudad.

Aunque establecido en Madrid, Manuel Medrano Huetos no olvidó su patria chica y fue uno de los fundadores del Centro Alcarreño en la capital de España, del que fue elegido Presidente. Tampoco Guadalajara se olvido de él y, en homenaje a sus méritos, el concejo arriacense, tras su fallecimiento, le nombró Hijo Predilecto de la ciudad y puso su nombre a la calle de San Antonio, una vía junto a la ermita de la Virgen de la Antigua en la que había nacido y vivido, en el número 3, y que él saneó y ensanchó y en la que erigió un edificio de nueva planta para su familia.

JUAN PABLO CALERO DELSO

domingo, 1 de mayo de 2022

RAMÓN FERNÁNDEZ MAYOR

FERNÁNDEZ MAYOR, Ramón

[Bermillo de Sáyago, 1864 / Guadalajara, 3 de diciembre de 1921]

Ramón Fernández Mayor nació en la localidad zamorana de Bermillo de Sáyago en 1864, hijo de José Fernández y María Mayor, y falleció en la ciudad de Guadalajara el día 3 de diciembre de 1921 a los cincuenta y siete años de edad. Contrajo matrimonio en la parroquia de Santiago de la capital alcarreña con Petra Ortego Bachiller, nacida en Guadalajara en el seno de una familia obrera y sindicalista, que era seis años más joven que él, y con quien tuvo siete hijos: Abelardo Ramón, que fue nombrado Auxiliar de Telégrafos, Amparo, Herminia, Guadalupe y otros tres que murieron en la primera infancia: Gonzalo con cuatro años el 30 de enero de 1906, Carmen a los 13 meses el 2 de marzo de 1909 y Sigfrido de un año el 14 de noviembre de 1913.

Fue tipógrafo de profesión y, seguramente por mediación del conde de Romanones, se trasladó siendo muy joven desde su localidad natal de Bermillo de Sáyago, un distrito rural que era uno de los feudos electorales del cacique liberal, hasta Guadalajara, donde se empleó como cajista en la Imprenta Provincial en la última década del siglo XIX, estableciendo finalmente su domicilio familiar en el número 3 de la Calle del Doctor Benito Hernando, o del Museo.

En el año 1900 abrió un centro de suscripciones y de venta de periódicos y revistas primero en el número 5 de la calle de Bardales, donde ya se encontraba la imprenta La Minerva de Felipe Pérez Cerrada, se mudó a partir de 1905 al número 10 de la plaza de Dávalos y desde 1914 se trasladó a la calle del Museo número 12, junto a su domicilio familiar. Seguía así un proceso en el que ya se le habían adelantado Enrique Burgos Boldova y Ligorio Ruiz Moreno, también antiguos cajistas de la Imprenta Provincial.

Hombre emprendedor y con iniciativa para los negocios, además de los trabajos propios de una imprenta, lo mismo recibía encargos para hacerse un retrato fotográfico de gran tamaño para la casa fotográfica Manuel Soler de Barcelona, que se ofrecía como representante de un grupo de músicos para el contrato que ofertaba el Ayuntamiento de la capital alcarreña, o era el “único representante en esta provincia” de una prestigiosa editorial catalana, o se convertía en anticuario, o establecía un servicio de “planchado americano electro-mecánico” o, incluso, una tintorería.


Su actividad sindical

Pero más allá de su labor profesional, lo más destacado de la vida de Ramón Fernández Mayor fue su actividad sindical, que le convirtió, durante las dos primeras décadas del siglo XX, en el principal referente de la clase trabajadora en Guadalajara. Fallecido el también tipógrafo Tomás Gómez Martínez en 1892 y deshecha la agrupación local del PSOE, todos los líderes de la izquierda de la provincia, quizás con la excepción del carpintero Luis Ranz, eran conocidos empresarios o destacados burgueses; él fue el único trabajador que tuvo un papel destacado tanto en las luchas sociales como en los grupos republicanos de la provincia de Guadalajara. No deja de ser significativo que él fuese, en marzo de 1915, el encargado por la familia de comunicar al Registro Civil el fallecimiento de Isabel Muños Caravaca.

Naturalmente, no rehuyó la lucha política y en enero de 1896 fue elegido secretario del Comité Provincial del Partido Republicano Federal, que presidía Manuel Diges Antón, a pesar de que aún no había cumplido los treinta años y de que los federales eran entonces, casi con toda seguridad, el partido político más numeroso en la ciudad. Y cuando el 29 de junio de 1919 se reunieron en la Casa del Pueblo de Guadalajara los militantes del PSOE local para reconstruir la Agrupación Socialista de Guadalajara, eligieron para presidir el comité socialista arriacense a Ramón Fernández Mayor, a quien acompañaban Alfonso Martín Lerena, Enrique Saborit, Eduardo Bonis, Valentín Olmeda, Pedro Waldermer, Pedro Tejero e Isidro Lorenci. Pero su paso por el PSOE debió de ser corto y tormentoso, pues en la breve nota necrológica que publicó El Socialista apenas se hacía eco del suceso y enviaba “la expresión de nuestro sentimiento a la familia y compañeros del finado”, sin recordar su militancia en el PSOE y la UGT.

En cualquier caso, Ramón Fernández Mayor fue durante veinticinco años el mejor representante del sindicalismo de Guadalajara, marcadamente obrerista pero independiente del PSOE, a pesar de estar adherido a la UGT, y en el que se integraban con naturalidad y sin conflictos trabajadores republicanos, socialistas y anarquistas. En el verano de 1912, siendo presidente de la Federación de Sociedades Obreras y con motivo de una entrevista con el semanario La Crónica, se le preguntó por el Partido Socialista, cuya Agrupación local acababa de reconstruirse, y respondió “eso no me incumbe a mí. Es una agrupación aparte [de la Federación]”, al mismo tiempo que reconocía que “con los republicanos no podemos estar mejor” y aún añadía que “entre los obreros el Sr. Fluiters solo tiene amigos”. Y tanto, pues fue Ramón Fernández, como presidente de la Federación de Sociedades Obreras, quien propuso en 1917 el homenaje al liberal Miguel Fluiters Contera y que se bautizase con el nombre del alcalde la hasta entonces llamada Calle Mayor Baja.

Llegó a simultanear la presidencia de la Agrupación de Guadalajara del PSOE, de la Federación de Sociedades Obreras arriacense de la UGT y del Ateneo Instructivo del Obrero. Con discontinuidad desde 1908, e ininterrumpidamente desde 1916, fue en distintos períodos el presidente de la federación sindical obrera local y, como representante de los trabajadores de Guadalajara, participó en varias iniciativas ciudadanas; así, en febrero de 1908, formó parte de la comisión encargada por el gobernador civil, José Álvarez Peláez, de constituir una Caja de Ahorros en la provincia que, finalmente, no llegó a establecerse y en julio de 1919 perteneció a la Junta de Auxilios benéficos establecida también por el entonces gobernador civil. Si en abril de 1913 asistió con el resto de comisionados a una entrevista con el conde de Romanones, entonces presidente del Consejo de Ministros, para solicitar mejoras para la ciudad, en septiembre de 1920 acudió a Madrid con otros compañeros de la Casa del Pueblo alcarreña para interesarse por la edificación de una nueva sede de Correos y Telégrafos que aliviase el paro obrero en la construcción.

Durante su presidencia de la citada Federación se produjo la industrialización de la capital alcarreña con la instalación de las fábricas de La Hispano, cuya construcción comenzó en 1917. Los obreros de Guadalajara acogieron con satisfacción la noticia, y Ramón Fernández Mayor declaraba, en calidad de su presidente, que “los obreros, que amamos entrañablemente a nuestra tierra, saludamos con alegría el advenimiento de La Hispano, que ha de aumentar considerablemente el trabajo y las fuentes de riqueza de este pueblo, llamado en el porvenir a ser uno de los más industriales de España”. Fiel al espíritu unitario del sindicalismo alcarreño, aunque con la apertura de las factorías de La Hispano el potente sindicato metalúrgico local estuvo bajo la orientación de los anarquistas, se adhirió a la UGT local sin romper la unidad obrera.

Aunque podemos considerar que la consolidación definitiva del sindicalismo en Guadalajara se produjo el 1º de mayo de 1904 con la inauguración del Centro de Sociedades Obreras, bajo su presidencia la Federación obrera conoció un crecimiento extraordinario, con la publicación de sus cabeceras periodísticas, La Alcarria Obrera y Juventud Obrera, y el desarrollo de numerosas actividades educativas y culturales en el Centro de Sociedades Obreras arriacense, como las Conferencias Cervantinas celebradas en julio de 1913. También se enfrentó a crisis tan graves como la manifestación de mayo de 1915 y el mitin de noviembre de 1916 causados por la subida de precios provocada por la Primera Guerra Mundial, la huelga general de 1917 y los sangrientos disturbios del verano de 1918.

En esta misma línea de un obrerismo sin etiquetas partidistas, fue durante muchos años un activo socio del Ateneo Instructivo del Obrero, perteneciendo a su Junta Directiva desde el año 1907, cuando fue elegido vocal por primera vez junto a Luis Martín Lerena. Desde entonces, participó activamente en sus gestiones, como cuando formó parte de la comisión que en 1910 se entrevistó con el ministro de Instrucción Pública en solicitud de ayuda, y llegó a ocupar la presidencia de este centro desde 1919 hasta el momento de su fallecimiento. A él se debe la decisión de levantar un nuevo edificio para sede del Ateneo Obrero, marchando personalmente a Madrid para solicitar al Banco Hipotecario un préstamo de 100.000 pesetas. Aunque el proyecto culminó con éxito, Ramón Fernández Mayor murió antes de la inauguración.

También se presentó a los comicios municipales como candidato de las Sociedades Obreras de Guadalajara, unas listas electorales que durante años no fueron reconocidas como propias por el Partido Socialista Obrero. En 1909 concurrió por el primer distrito de la capital, en una lista obrera junto con Severiano Sánchez, Florentino Waldermer, Federico Ruiz y Martín Corral, y lo mismo hizo en la convocatoria de 1913, en una lista que completaban Manuel Cañadas y Julián Miedes, que fue el único que salió elegido concejal. El 8 de febrero de 1920, esta vez con la aprobación del PSOE, volvió a concurrir a las elecciones municipales con Manuel Cañadas, Pedro Waldermer y Ricardo Calvo Alba, sin que tampoco en esta ocasión pudiese obtener el escaño.

Además, en diciembre de 1916 se le nombró adjunto al Juzgado Municipal de Guadalajara y poco antes de su muerte fue designado presidente de la Junta municipal del Censo electoral. Fue también corresponsal en la capital alcarreña del periódico Sigüenza.

JUAN PABLO CALERO DELSO

lunes, 25 de abril de 2022

TOMÁS GÓMEZ MARTÍNEZ

GÓMEZ MARTÍNEZ, Tomás

[Palencia, 1839 / Guadalajara, 1 diciembre de 1892]

Tomás Gómez Martínez nació en la ciudad de Palencia en el año 1839, hijo de Manuel Gómez y Maximina Martínez, y falleció en Guadalajara el día 1 de diciembre de 1892, en su domicilio del número 7 de la calle de San Lázaro. Contrajo matrimonio con Cándida Vellisca González y tuvieron un hijo, Federico Gómez Vellisca, que permaneció soltero hasta su muerte, producida el 10 de marzo de 1901 cuando contaba 31 años.

Desde el punto de vista laboral, Tomás Gómez fue, seguramente a partir de 1865, tipógrafo en la imprenta de la familia Ruiz, establecida desde 1814 en la calle de San Lázaro de Guadalajara. Cuando en 1882 esta familia de impresores cerró su taller tipográfico, su maquinaria y enseres fueron adquiridos por Antero Concha, que ya tenía un modesto establecimiento dedicado sobre todo a confeccionar modelos de impresos para el Estado y particulares. El nuevo propietario pronto trasladó la imprenta al número 2 de la Plaza de San Esteban, en el edificio que había sido palacio del vizconde de Palazuelos, pero mantuvo a Tomás Gómez como regente, puesto en el que le sustituyó su hijo Federico, que también fue tipógrafo y que también murió siendo regente de la citada imprenta de Antero Concha.

Su actividad sindical

Aunque su trabajo como tipógrafo marcó profundamente su vida, tanto pública como privada, aún fue más trascendente su actividad política y sindical derivada de su labor profesional en la imprenta de la familia Ruiz, que fue durante décadas la única digna de tal nombre en la provincia y cuyos propietarios tenían desde siempre una evidente simpatía por los republicanos, Junto a ellos, Tomás Gómez se implicó en la vanguardia política, y sobre todo sindical, de la Guadalajara de su época.

El 29 de septiembre de 1868, con motivo de la Revolución Gloriosa que derrocó a Isabel II, Tomás Gómez acudió a la Casa Consistorial arriacense como uno de los comisionados del Partido Demócrata. Y cuando se rompió este partido, él se alineó con los republicanos; si en junio de 1870 era vocal del Comité Local Republicano de Guadalajara, que presidía el catedrático de Instituto de segunda enseñanza Hilarión Guerra, dos años después ya era el secretario del citado comité local. A pesar de la caída del régimen republicano, y de la consiguiente restauración monárquica, hasta su muerte siguió siendo fiel a sus ideales y era frecuente encontrarle participando en los banquetes que todos los 11 de febrero celebraban los republicanos de Guadalajara en conmemoración de la proclamación de la Primera República, También continuó ocupando puestos directivos en el partido federal, de hecho en 1886 era su presidente en la capital alcarreña, y mostrando una absoluta fidelidad a Francisco Pi y Margall.

En el otoño de 1871 la clase obrera de la ciudad de Guadalajara comenzó a organizarse con autonomía y en defensa de sus propios intereses. Por un lado, algunos trabajadores jóvenes que militaban en el Partido Republicano Federal, como el zapatero Antero Baños o el pintor Bernardino Martín que pertenecía como Tomás Gómez al comité de este partido, impulsaron la constitución de la federación local de la Primera Internacional en la capital alcarreña. Fruto de la actividad de este grupo promotor, de la que se hizo eco el semanario La Federación en su número correspondiente al 24 de diciembre de 1871, el día 10 de febrero de 1872 quedó constituida la Federación Local internacionalista de Guadalajara, que llevó una vida tan precaria que en junio el Consejo Federal reconocía que no había tenido ningún contacto reciente con ella y en octubre de 1872 la consideraba disuelta; aunque sabemos que seguía activa a finales de diciembre de ese mismo año.

Pero ese mismo otoño de 1871 se fundó, seguramente por iniciativa del mismo grupo de trabajadores, una Asociación Cooperativa de Obreros de Guadalajara que el día 28 de diciembre ya tenía su Reglamento aprobado por el gobernador civil y que en la sesión celebrada por el Ayuntamiento de Guadalajara dos días después mereció el respaldo de los concejales arriacenses, que consideraron “digno de todo elogio el noble pensamiento que emana de dicha asociación”, que presidía Tomás Gómez Martínez. Frente a la orientación revolucionaria de la Internacional, esta Asociación Cooperativa de Obreros de la capital alcarreña tenía una naturaleza mutual, llegando a disponer, por ejemplo, de su propia tahona para ofrecer el pan a precios más asequibles para los trabajadores y sus familias. Esta orientación prolongó su vida más allá del forzado paso a la clandestinidad de la Internacional en 1874 y de la represión monárquica a partir de 1875 y, siempre bajo la presidencia de Tomás Gómez, mantuvo abierta su sede social en la calle de Carbonerías hasta su disolución en el año 1883, desangrada por las luchas intestinas de una clase trabajadora que, tras la liberalización de Sagasta y los liberales en 1881, se asociaba en nuevas organizaciones.

Por un lado, los anarquistas con Antero Baños promovieron la constitución de alguna sociedad obrera, como la de zapateros, que se asociase a la recién nacida Federación de Trabajadores de la Región Española. Y por otra parte, los marxistas, que habían formado un pequeño núcleo a partir de los cajistas de la Imprenta Provincial, sostenían la Agrupación Local del Partido Socialista Obrero Español, aunque este pionero grupo marxista no pudo contar con el concurso de Tomás Gómez Martínez, que permaneció leal al Partido Republicano Federal.

Pero en 1882, y al calor de una huelga nacional de los trabajadores de artes gráficas, este pequeño núcleo de tipógrafos socialistas agrupó a todos los trabajadores de artes gráficas de la capital de la Alcarria, primero como una Subsección de la Asociación del Arte de Imprimir de Madrid y, a partir de la constitución de la Federación Tipográfica, formaron una Sección propia de la que Tomás Gómez fue su presidente, Ligorio Ruiz era su secretario y Julián Fernández Alonso ocupaba el cargo de tesorero.

Bajo su inspiración, estos tipógrafos fueron los pioneros del movimiento obrero consciente y organizado en la capital alcarreña; no por casualidad todavía en el año 1891 a la primera Junta Directiva del Ateneo Instructivo del Obrero, cuyo promotor había sido el cajista Alfonso Martín Manzano, pertenecían otros tres tipógrafos: Tomás Gómez, Juan Isidoro Ruiz y Tadeo Calomarde.


 Su actividad periodística

Esa profesión de tipógrafo y su militancia federal confluyeron fácilmente en la prensa provincial. En el año 1870 apareció La Voz de la Alcarria, un semanario que fue el primer portavoz del republicanismo federal en la provincia de Guadalajara y en el que colaboraron activamente Tomás Gómez, que también lo confeccionaba pues se imprimía en el taller tipográfico de la familia Ruiz, el farmacéutico molinés Federico Bru Mendiluce, el médico Manuel González Hierro y Manuel Mexía Sáez del Pedroso, entre otros.

El 9 de mayo de 1880, antes de que la llegada a la presidencia del gobierno de Práxedes Mateo Sagasta ampliase las libertades públicas, salió a la calle un nuevo periódico con la cabecera de La Verdad de orientación republicana federal, pero que para eludir la censura se subtitulaba “periódico semanal, científico, literario, de instrucción pública, intereses generales y materiales, noticias y anuncios”; tenía una periodicidad semanal, publicándose todos los domingos, y salió hasta el mes de julio de 1883. Lo fundó Tomás Gómez aunque, por exigencias legales del momento, figurasen como directores el abogado Tomás Sancho Cañas o José Ruiz, dueño del taller tipográfico en el que se imprimía y que además servía como sede de su redacción y administración. Colaboraban en sus páginas Manuel González Hierro y Manuel Mexía Sáez del Pedroso, a quienes ya vimos como redactores de La Voz de la Alcarria, junto a Miguel Mayoral Medina, Tomás Sancho, Calixto Rodríguez, Victoriano Fernández y Carlos Corrales. Se vendía a un precio muy asequible, dos reales al trimestre, y disfrutó de un amplio apoyo popular.

Del mismo modo, su militancia obrerista le permitió poner sus conocimientos como tipógrafo al servicio de la prensa sindical de Guadalajara. El día 13 de junio de 1882 salió el primer número del Boletín Oficial de la Asociación Cooperativa de Obreros de Guadalajara, una publicación mensual que se distribuía gratuitamente entre sus socios. Solo tenía cuatro páginas de tamaño folio y se imprimía, por el propio Tomás Gómez, en la Imprenta de Ruiz. Su redacción estaba en el número 7 de la calle de Carbonerías, domicilio social de la propia asociación, y tuvo una vida corta, pues su último número vio la luz en el mismo año de su aparición, víctima de las divergencias surgidas entre los socios.

Ese mismo año, según Juan José Morato, la subsección de Guadalajara de la Asociación del Arte de Imprimir, que presidía Tomás Gómez, comenzó a publicar un Boletín del Arte de Imprimir que apenas tiraba medio centenar de ejemplares en la Imprenta Provincial alcarreña. No costaba nada, pues los tipógrafos del establecimiento lo confeccionaban gratuitamente y dos antiguos empleados, los hermanos Cordavias, que ya estaban empleados en el servicio de Correos lo distribuían libre de franqueo. Su vida debió de ser muy breve pues no hemos encontrado más noticia del Boletín que la información que ofrece Juan José Morato.

A su muerte, en El Atalaya de Guadalajara se publicó una sentida necrológica en la que se podía leer: “El compañero estimable, el amigo cariñoso y el republicano consecuente y entusiasta, ha abandonado para siempre este mundo lleno de tristezas, amarguras y desengaños para los que como él, solo vivía trabajando moral y materialmente; lo primero para condolerse de nuestra sociedad egoísta y lo segundo para que no faltase el pedazo de pan a su honrada familia”. Y añadía: “numeroso concurso acompañó a su última morada al cadáver del infortunado presidente del Comité local [del Partido Republicano] federal, disputándose sus amigos y correligionarios el consuelo de llevarlo en hombros durante el trayecto hasta el cementerio, con la asistencia de la música de la localidad”.

A Tomás Gómez se le había concedido la cruz pensionada de María Isabel Luisa, una distinción reservada para los individuos de la tropa que se hubiesen distinguido en acciones de guerra, y durante el Sexenio Revolucionario fue miembro destacado de los Voluntarios por la Libertad.

JUAN PABLO CALERO DELSO

lunes, 11 de abril de 2022

FRANCISCO FERNÁNDEZ IPARRAGUIRRE

FERNÁNDEZ IPARRAGUIRRE, Francisco

[Guadalajara, 22 de enero de 1852 / Guadalajara, 7 de mayo de 1889]

Francisco Fernández Iparraguirre nació en Guadalajara el día 22 de enero de 1852 y falleció en la misma ciudad el 7 de mayo de 1889. Fue su padre Manuel Fernández de la Rubia, que había nacido en 1799 en Santa Cruz de Mudela, una pequeña localidad de la provincia de Ciudad Real, y que falleció en Guadalajara el 3 de febrero de 1870. Fue su madre Juliana Iparraguirre Sanz que nació, hija de Pedro y de Gregoria, en Guadalajara, ciudad en la que falleció el 18 de agosto de 1907 a los 87 años de edad. Además de Francisco, la pareja tuvo otros tres hijos: Manuel, que nació el 5 de octubre de 1857 y fue oficial de Caballería, Soledad, que murió el 15 de abril de 1860 cuando solo tenía un año de edad, y Julián Fernández Iparraguirre, que falleció el 25 de noviembre de 1864 a los 4 años de su nacimiento.

Francisco Fernández Iparraguirre contrajo matrimonio con Carmen Fritschi García, con la que vivió en el número 4 de la plaza de Santo Domingo de la capital alcarreña y con la que tuvo tres hijos, de los que dos fallecieron a corta edad: María del Pilar, que murió el 1 de febrero de 1887 con tres años y medio, y Manuel Augusto, que falleció el 21 de abril de 1888 a los 17 días de nacer. El tercero, Francisco Fernández Fritschi, nació en Guadalajara en 1889, pocos días antes de que su padre muriese tras una larga y cruel enfermedad, pero muy pronto se trasladó a Madrid con su madre y completó sus estudios de Bachillerato en el madrileño Instituto Cardenal Cisneros el 20 de junio de 1904 con la nota de Sobresaliente, ingresando en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos donde alcanzó el título correspondiente.

Francisco Fernández Iparraguirre cursó sus estudios de segunda enseñanza en el Instituto de Guadalajara, entre los años 1862 y 1868, obteniendo la calificación de Sobresaliente en la mayoría de las asignaturas y ganando siete premios en los concursos de final de curso. En 1868 se matriculó en la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Madrid y, a causa de la grave enfermedad que sufría su padre, aprobó en dos cursos todas las asignaturas de la carrera, obteniendo el título de Licenciado a los dieciocho años de edad. A partir de 1880, cursó y aprobó, como alumno libre, todas las asignaturas del Doctorado en dicha Facultad, practicando los ejercicios que eran preceptivos y mereciendo el grado de Doctor con una tesis sobre “División de la naturaleza y de la ciencia”, tema sobre el que pronunció una conferencia titulada “Clasificaciones de la ciencia” en el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Guadalajara en los primeros meses de 1878 y del que publicó en 1884 un folleto bajo el título de Discurso sobre las pretendidas divisiones de la naturaleza y de la ciencia.

De vuelta a Guadalajara, y siguiendo los pasos de su padre recién fallecido que también era farmacéutico de profesión, mantuvo desde 1870 la oficina de farmacia con laboratorio en la planta baja de su domicilio familiar, cuya rebotica se convirtió en el centro neurálgico de la agitación cultural en la Guadalajara de la Restauración y, al mismo tiempo, en el corazón de la investigación científica de su titular.

Actividad científica

Como farmacéutico, desde 1885 y hasta su muerte, cuatro años después, fue el Decano de los establecidos en Guadalajara y desempeñó en repetidas ocasiones el cargo de Vocal en las Juntas de Sanidad municipal y provincial. En 1882, junto a Pablo López Cortijo y Juan Almazán, formó la Comisión provincial de la Exposición Farmacéutica de ese año, organizada por el Colegio de Farmacéuticos de Madrid.

Participó en el 6º Congreso Internacional Farmacéutico, que se celebró en Bruselas en 1885, al que acudió corriendo personalmente con todos los gastos sin ninguna ayuda oficial. Fue nombrado vicepresidente del congreso y participó con una Memoria con el título de “Causes et remèdes du mépris que l’on porte partout à la classe pharmaceutique” que, al año siguiente fue publicada en el compte rendu del encuentro. A su vuelta, presentó un resumen del congreso que fue publicado por el Colegio de Farmacéuticos de Madrid junto a una traducción de su Memoria.

En la Exposición Provincial de Guadalajara que se celebró en la capital alcarreña en 1876 fue premiado con una medalla de bronce por una “Colección de plantas espontáneas en los alrededores de Guadalajara” que presentó en forma de herbario y en la que describía un tipo de zarza a la que Juan Texidor Cos, profesor de Farmacia en la Universidad de Barcelona, bautizó en su honor con el nombre taxonómico de Fernandezii. En 1884 publicó en la revista El Restaurador Farmacéutico un estudio crítico sobre esta variedad titulado “La zarza milagrosa de Pastrana (Rubus discolor, var. Fernandezii-Tex.)”, que no era el primer artículo que se recogía en las páginas de esta prestigiosa revista farmacéutica, fundada en 1844 por Pedro Calvo Asensio, pues en 1878 ya se publicó su texto sobre “Liquefacción de los gases llamados permanentes”.

El 3 de Febrero de 1882 fue nombrado individuo de la Junta para la Exposición Nacional de Minería, Artes Metalúrgicas, Cerámica, Cristalería y Aguas Minerales que se celebró en 1883 en el Parque del Retiro de Madrid, bajo la iniciativa del ministro José Luis de Albareda y del jefe del cuerpo de Ingenieros de Minas, Luis de la Escosura y Morrough, tan vinculado a la minería en la provincia de Guadalajara. Fue la primera exposición minera que se organizó en España y en la que hubo pabellones de varios países. Para ella el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco construyó un edificio que es conocido desde entonces como el Palacio de Velázquez.

 Actividad docente

Entre 1878 y 1882 Francisco Fernández Iparraguirre también completó, como alumno libre, la carrera de Magisterio, practicando los ejercicios de reválida y obteniendo el título de Maestro Normal el 9 de Octubre de 1882. Igualmente cursó los estudios de Métodos y Procedimientos para las enseñanzas especiales de Sordomudos y Ciegos, siendo habilitado para ello tras aprobar el examen realizado el día 15 de Octubre de 1884.

Desde 1870 y hasta el año 1880 se dedicó a la enseñanza privada de la lengua francesa y de otras asignaturas, bien fuese dando clases particulares o impartiendo estas materias en varias Academias y Colegios de preparación para carreras especiales. El día 6 de Noviembre de 1880 fue nombrado, por la Diputación Provincial de Guadalajara de la que dependía económicamente el centro, profesor auxiliar de Lengua del Instituto de segunda enseñanza de la capital alcarreña, siendo ratificado el 10 de Setiembre de 1883 por una Real Orden como Catedrático interino con un salario anual de tres mil pesetas. En 1887 concurrió con otros ciento veinte aspirantes a las oposiciones convocadas para proveer ocho cátedras de Francés, aprobando con el número uno de su promoción y fue propuesto por unanimidad para ocupar la cátedra del Instituto de Guadalajara, de la que tomó posesión el 10 de Mayo de 1887. Allí permaneció hasta su muerte, aunque en su último curso de docencia solicitó el traslado al mismo puesto pero en el Instituto de segunda enseñanza de Cádiz, lo que le fue concedido por una Real Orden según recogía La Correspondencia de España del 20 de julio de 1888, aunque no llegó a trasladarse a esa provincia andaluza.

Como profesor de lengua francesa, publicó en 1883 el folleto Estudios gramaticales. Concepto general del verbo y explicación racional del mecanismo de su conjugación, con noticias sobre las formas verbales en más de 20 idiomas; en 1885 otro folleto titulado Enseñanza intuitiva y racional de los idiomas que acompañaba a un artilugio bautizado como Cuadro mecánico para la conjugación en las seis lenguas novolatinas publicado en la Tipografía de Manuel Ginés Fernández de Madrid, y que fue premiado con Diploma de Mérito en la Exposición Literario-Artística de ese año; además de un Programa razonado para la enseñanza de la Lengua Francesa en dos cursos.

También, con su amigo Tomás Escriche Mieg, dio a la imprenta una Colección de diálogos con numerosos modismos de los más usuales y Trozos escogidos de Literatura Francesa, de la que conocemos su segunda edición de 1888 en la Imprenta Provincial de Guadalajara; sus Nociones de Gramática General aplicadas especialmente al Castellano de 1884, que ya anticipó en un artículo titulado “Estudios gramaticales. Concepto general del verbo y explicación racional del mecanismo de su conjugación” que salió el 15 de junio de 1883 en la Revista Contemporánea; los Cuadros sinópticos para practicar metódicamente por escrito, en cualquier idioma, la clasificación de palabras, que suele llamarse análisis gramatical y los Cuadros sinópticos para descomponer, en idéntica forma, las proposiciones en sus elementos, formando parte de lo que generalmente se denomina análisis lógico. Pero destaca, sobre todo, su Método racional de Lengua Francesa del año 1885, cuya segunda edición fue publicada en 1889 por los herederos de Fernández Iparraguirre sin el concurso de Tomás Escriche que era su coautor.

Por otra parte, se encargó de impartir distintos cursos en el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Guadalajara y en su sucesor, el Ateneo Caracense de la misma ciudad (taquigrafía, Lengua Francesa…), encargándose en el curso de 1887 a 1888 de la dirección de las enseñanzas en este último Ateneo. Y en 1881, con motivo de conmemorarse el Centenario de Pedro Calderón de la Barca, fue premiado en un certamen público con el primer premio por su “Juicio crítico de El Mágico Prodigioso”.


 Actividad cultural

Francisco Fernández Iparraguirre fue el primer firmante del llamamiento fundacional del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Guadalajara el 2 de febrero de 1877, y se le eligió como Tesorero-Contador de su primera Junta Directiva, en la que estaba acompañado por José Julio de la Fuente, Nicolás Ugarte, José Artola, Ramiro de Bruna, Cirilo López, Tomás Escriche, Román Atienza, Félix María Clemencín, Felipe Sánchez, Antonio Vidal, Eulogio Horcajo y Mariano Vallhonrat. Su iniciativa era más que meritoria, pues desde que en 1844 se inauguró el Casino Artístico Caracense, de corta vida, no había habido más Ateneo que uno subversivo y clandestino que fundaron en esos mismos años los jóvenes que luego animaron el periódico ¡Miel de la Alcarria!

Y, apenas un mes después, el día 11 de marzo se inauguró el Ateneo en una de las dependencias del Palacio del Infantado, con la presencia e intervención del entonces gobernador civil, Antonio Alcalá-Galiano. Pero, poco más tarde, y con motivo de instalarse allí el Colegio de Huérfanos del Ejército, se trasladó al número 2 de la calle de la Concepción, en la antigua y secularizada iglesia en la que se había instalado la Exposición Universal de 1876 y en parte de cuyo solar, una vez derruida, se erigió desde 1880 el palacio de la Diputación Provincial.

Su labor en este Ateneo que, con diversos nombres, se mantuvo vivo entre 1877 y los últimos años del siglo XIX, fue muy intensa; recién abiertas sus puertas impartió cursos abreviados de Taquigrafía los sábados y desempeñó los cargos de tesorero, bibliotecario, secretario de varias secciones y secretario general, siendo en este caso el responsable de la publicación de las Memorias anuales correspondientes. En 1880 este centro se transformó en el Ateneo Escolar Caracense, del que también fue uno de sus promotores y primer presidente de una Junta Directiva que tenía a José Julio de la Fuente como presidente honorífico. Más allá del Ateneo, también participó la vida social guadalajareña y en el mes de enero de 1889 fue elegido Bibliotecario de la sociedad La Peña de Guadalajara.

Sin embargo, no hemos encontrado ningún rastro de actividad política y, ni siquiera, alguna pista de su adscripción ideológica, a pesar de haber vivido años tan intensos como los de el Sexenio Revolucionario y los primeros pasos de la Restauración. Aunque Luis Cordavias sostenía que "jamás se mezcló para nada en política", en La Controversia, que se proclamaba “religiosa, científica y política”, hemos encontrado una referencia a la colaboración del “filólogo y naturalista Sr. Fernández Iparraguirre” en la Revista Religiosa, una publicación vinculada al diario integrista católico El Siglo Futuro, sin que sea suficiente para deducir una militancia tradicionalista de Francisco Fernández Iparraguirre.

 El Volapük

El 23 de abril de 1887 Fernández Iparraguirre dio en el Ateneo Caracense su primera conferencia sobre el volapük, una nueva lengua creada en 1879 por el sacerdote alemán Johann Martin Schleyer, con el objetivo de disponer de un idioma común que favoreciese el diálogo y limitase los efectos del nacionalismo, y que se anticipó al esperanto de Ludwik Lejzer Zamenhof, un estudioso del volapük que decidió perfeccionarlo y depurarlo con una nueva lengua a partir, precisamente, de 1887.

En cualquier caso, Francisco Fernández Iparraguirre se convirtió desde 1885 en un apóstol del volapük y atrajo a un grupo de intelectuales alcarreños que, alejados de la política, sólo confiaban en la ciencia para que la Humanidad disfrutase de un futuro mejor; entre ellos estaban los profesores Manuel Sanz Benito y Tomás Escriche Mieg o el ingeniero militar Nicolás de Ugarte, que concurrían a una tertulia volapükista que se reunía en la rebotica del número 4 de la plaza de Santo Domingo.

En el mes de mayo de 1887, y como consecuencia de esa primera conferencia, se fundó el Centro Volapükista Español, en el que Fernández Iparraguirre explicó un breve curso en cinco lecciones del que salieron varios alumnos traduciendo la nueva lengua y en julio y agosto hizo otro tanto con varios internos del Colegio de huérfanos de militares, que aprobaron todos el examen de la nueva lengua. Como resultado de toda esta actividad, antes de que acabase ese año, este Centro se fusionó con el Ateneo Caracense y él fue nombrado Presidente general de ambas sociedades.

De su mano, Guadalajara se convirtió en la capital del volapük durante casi una década: aquí se editaron libros y una revista, se dieron conferencias y se asistió a congresos nacionales e internacionales. Francisco Fernández Iparraguirre fue el primer socio honorario de la Asociación Francesa para la propagación del Volapük, de las de Munich, Nurenberg, Vercelli y otras. Por sus trabajos en la propagación de esta lengua universal o volapük, recibió sucesivamente, en 22 de marzo, 6 de noviembre de 1886 y 27 de Junio de 1887, los títulos de “volapükatidel, löpitidel y plofed”, siendo el primero que los recibía en España y, por último, en el Congreso Universal, celebrado en Munich en Agosto de 1887, para constituir una Academia internacional, su nombre figura el primero entre los miembros que han de formar el Consejo supremo de dicha Academia.

Publicó dos ediciones de un Resumen de las Lecciones de Volapük dadas en el Círculo Filológico Matritense. Gramática compendiada, con vocabularios y ejercicios para el estudio de dicha lengua, un Diccionario volapük-español y fue el editor de Literat volapükik, una colección de anécdotas, cuentos, pensamientos y máximas formada por un total de 71 artículos en prosa y 21 poesías, originales de 24 autores de 14 naciones distintas. Y, por último, dirigió El Volapük, una revista internacional dividida en secciones comercial, científica, políglota literaria, recreativa y de propaganda que se publicó mensualmente a partir del 1 de Enero de 1886.

Francisco Fernández Iparraguirre consiguió en vida una fama y prestigio extraordinarios; en febrero de 1889 vio la luz el libro Un Boticario y varios farmacéuticos. Perfiles y semblanzas profesionales o siluetas y bocetos del natural de distinguidos farmacéuticos contemporáneos, escrito por Luis Siboni y D. Ángel Bellogín que le incluían entre los cuarenta y seis profesionales retratados. Fue nombrado socio corresponsal del Colegio de Farmacéuticos de Madrid, socio honorario del Ateneo de La Habana y del Círculo Filológico Matritense, individuo de número de la Asociación de Escritores y Artistas de Madrid y de la Asociación Fonética de Profesores de Lenguas vivas de París y Miembro Correspondiente de la Junta Poética Malacitana, distinción que no aceptó.

También fue profeta en su tierra, y sus compañeros del Ateneo de Guadalajara le brindaron un homenaje tras su muerte. En el mes de marzo de 1901 el Ayuntamiento de su ciudad natal decidió cambiar el nombre a la Plaza de la Fábrica, desde entonces del conde de Romanones, y al Paseo de las Cruces, hasta ahora del doctor Fernández Iparraguirre, y poner sendas placas conmemorativas en las Plazas de Moreno y Marlasca.

JUAN PABLO CALERO DELSO