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sábado, 16 de diciembre de 2017

BONIFACIO FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA MARTÍNEZ

FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA MARTÍNEZ, Bonifacio
[Molina de Aragón, 5 de junio de 1787 – Madrid, 8 de marzo de 1868]

Bonifacio Fernández de Córdoba Martínez nació en Molina de Aragón el día 5 de junio de 1787 y falleció en Madrid el 8 de marzo de 1868. Era hijo de Juan Fernández de Córdoba Sánchez de RIvas y de Dominica Martínez Martínez; su padre había nacido en Alustante, también en el Señorío, y ejerció de notario en la ciudad de Molina de Aragón, donde había nacido su madre, y allí se destacó como uno de los reformadores de las normas de funcionamiento del Señorío molinés en las últimas décadas del siglo XVIII.
Contrajo matrimonio con Josefa Astiguieta Guerra, que había nacido en Mariana de Caracas (Venezuela) en 1796, hija de padres españoles: José Bernardo de Astiguieta, natural de Foronda, en Álava, y Jerónima Guerra, de Granada. Falleció en Madrid el 28 de enero de 1865. No tuvieron hijos.
En América Central
El estallido de la Guerra de la Independencia impidió que, como había hecho su padre, pudiese seguir los estudios de Leyes, y como consecuencia lógica del ambiente bélico que vivía España, ingresó en el ejército. El 2 marzo de 1809 era subteniente de la Comandancia Militar de Cuenca, provincia a la que entonces pertenecía el Señorío de Molina, participando en algunas acciones de guerra. A partir de octubre de 1810, tras el descalabro del ejército español ante los soldados napoleónicos, pasó a América Central, estableciéndose como secretario de la Subinspección General de Tropas de Guatemala. En el año 1813, al comenzar las guerras de emancipación de las colonias americanas, abandonó los puestos administrativos y asumió el mando directo de tropas, primero como teniente y capitán de los Dragones de Sonsonate (El Salvador) y luego como máxima autoridad en San Antonio de Chiapas (Méjico), donde además de ostentar la jefatura militar fundó la Sociedad Económica de Amigos del País de San Cristóbal de las Casas (Méjico).
Una vez que las naciones americanas consiguieron su independencia, siguió viviendo en aquel continente, pero entregado a sus asuntos particulares. Entre 1823 y 1828 residió en Méjico, ayudando a María Ana Gómez de la Cortina, condesa de Cortina, en la administración de su hacienda en ultramar. Ya de vuelta a la península, desde 1842 siguió colaborando con la condesa cuando ésta decidió abandonar el continente americano y depositar en España sus fondos y sus rentas, pero con el objetivo de establecer en Méjico la orden religiosa, las Hermanas de la Caridad o Hijas de San Vicente de Paúl, actuando Bonifacio Fernández de Córdoba como apoderado de la fundadora en todas las gestiones necesarias y para las que fue requerido, actuando como delegado de los promotores mejicanos antes las autoridades eclesiásticas en España, que el 9 de octubre de 1845 autorizaron el establecimiento de dicha orden en tierras mejicanas.
En España
De regreso a España, en el año 1829, retomó su carrera administrativa. El 17 de noviembre de 1832 fue nombrado Oficial Primero de Fomento y el 6 de julio de 1833 fue designado Secretario de Su Majestad con Ejercicio de Decretos. El 25 de mayo de 1835 alegó una grave enfermedad para ausentarse de la Corte y restablecerse en su tierra natal, quedando cesante desde septiembre de 1836, tras la formación de un gobierno progresista y la plena restauración de la Constitución de 1812.
Concluida su carrera administrativa, comenzó su actividad política ocupando distintos cargos de responsabilidad, siempre identificado con los gobiernos moderados y con la línea más conservadora del liberalismo. El 15 de enero de 1838 la Reina Gobernadora le ascendió a Jefe de Sección del Ministerio de Gobernación y desde marzo de ese mismo año fue Subsecretario del departamento de Fomento, siendo invitado en función de su cargo a la Junta Directiva de la Caja de Ahorros de Madrid que estaba organizándose bajo el impulso de Ramón de Mesonero Romanos y del marqués viudo de Pontejos. Al año siguiente era Contador General de Correos, destino en el que fue cesado el 7 de septiembre de 1840 por la Junta Provisional que dio el poder al general Baldomero Espartero y a los progresistas.
Retomado el poder por los moderados, volvió a ocupar cargos de responsabilidad. En 1843 fue nombrado Jefe Superior de Administración Civil y en 1847 era Gobernador Civil General de Galicia. En el año 1851 fue designado Director General de Establecimientos Penales, cargo en el que se jubiló el 20 de julio de 1853, después de elaborar diversas normas y reglamentos para el más eficaz funcionamiento de los presidios y el cumplimiento de las penas. En reconocimiento a su lealtad y servicios fue nombrado Gentilhombre de Cámara.
Durante los períodos de gobierno del liberalismo más conservador, y muy especialmente en la Década Moderada, obtuvo numerosos títulos, ascensos y recompensas. El 20 de noviembre de 1834 fue nombrado Caballero de la Orden de Carlos III, impugnando más adelante una Real Orden del 23 de noviembre de 1863 en la que se limitaba el cobro de haberes de los caballeros pensionados de la citada Orden, perdiendo en 1865 el pleito por decisión de la reina Isabel II. En 1838 fue nombrado caballero de la Real Orden americana de Isabel la Católica y el mismo año era académico de honor de la Academia de Ciencias Naturales de Madrid, el 17 de diciembre de 1843 fue nombrado académico de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y desde 1844 era socio del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, ámbitos culturales donde pudo exponer los conocimientos que había adquirido en América Central, en los Estados Unidos de Norteamérica, en Francia y en Inglaterra durante su estancia en estos lugares.

Elección y actividad parlamentaria
Después de aprobarse la Constitución progresista de 1837 se disolvieron las Cortes y se convocaron nuevas elecciones, que en la provincia de Guadalajara ganaron los moderados, aunque hubo muchas dudas y protestas por la limpieza del proceso, pues buena parte de la provincia estaba ocupada o asediada por los carlistas. En cualquier caso, los resultados fueron una clara victoria para el partido moderado, y Bonifacio Fernández de Córdoba fue elegido como senador suplente, aunque no hizo falta que ocupase el escaño.
En las elecciones celebradas el 3 de septiembre de 1844, que supusieron el triunfo de los moderados dentro de la coalición que expulsó al general Baldomero Espartero de la Regencia, fue elegido diputado suplente por la circunscripción de Teruel, vecina a su tierra natal, pero como no se produjo ninguna vacante tampoco fue necesario que se incorporase al parlamento.
Para diciembre de 1846 se convocaron nuevos comicios, de nuevo con un sufragio fuertemente censitario, y Bonifacio Fernández de Córdoba obtuvo el escaño del distrito de Molina de Aragón, triunfo electoral que repitió en 1850 y 1851, En las tres ocasiones, fue proclamado candidato electo con un número muy reducido de votos, que nunca llegó al centenar. En la legislatura de 1846 se excusó por su falta de asistencia a distintas sesiones parlamentarias al encontrarse enfermo, y en 1847 se enfrentó a una viva discusión sobre su capacidad para ser reelegido a causa de su nombramiento como Gobernador Civil de Galicia. Finalmente, causó baja en su escaño el 11 de diciembre de 1847 y fue sustituido por Fernando Urríes Bucarelli.
Mientras estuvo presente en la Cámara Baja fue un diputado muy activo, interviniendo en varias ocasiones en cuestiones de carreteras y con motivo de las impugnaciones a determinadas actas electorales, pues no en vano había desarrollado su carrera administrativa y política en los Ministerios de Fomento y Gobernación.
Del mismo modo, formó parte de diversas comisiones parlamentarias sobre estos mismos asuntos y en alguna otra que tenía una relación más directa con la reina, como las que se establecieron para felicitar a Isabel II en el día de su cumpleaños o para acompañarla al Santuario de Nuestra Señora de Atocha. También se integró en la que se encargó de devolver a los herederos de Manuel Godoy los bienes particulares que le habían sido embargados.
JUAN PABLO CALERO DELSO

sábado, 9 de diciembre de 2017

ÁNGEL CAMPOS GARCÍA

CAMPOS GARCÍA, Ángel
[Trillo, 2 de agosto de 1850 / Guadalajara, 13 de mayo de 1916]

Ángel Campos García nació en el pueblo de Trillo, en la provincia de Guadalajara, el día 2 de agosto de 1850 y falleció en la capital alcarreña el 13 de mayo de 1916 en su domicilio del número 4 de la Plaza de Moreno. Era hijo de Manuel Campos Delgado y de Marcelina García Delgado, que murió en Trillo el 3 de febrero de 1896. Después de un primer y breve matrimonio, se casó en segundas nupcias con Luisa García Gamboa, con la que no tuvo hijos y cuyo deceso se produjo el día 2 de julio de 1923.
Estudió en la madrileña Facultad de Medicina de San Carlos hasta completar sus estudios de licenciatura y ganar el doctorado con una tesis doctoral, leída en junio de 1881, dedicada a la "Importancia de la higiene y en especial de la profilaxis sifilítica; noción de los problemas que con esta se relacionan", aunque parece ser que también inició estudios de Farmacia en la misma Universidad Central. Al terminar su formación retornó a la Alcarria y durante muy poco tiempo ejerció como médico en Albares y en algún otro pueblo de la provincia.
Pero una vez que contrajo matrimonio con Luisa García Gamboa se dedicó, primero desde Madrid y, a partir de 1891 en Guadalajara, a la administración de las fincas agrícolas que el matrimonio había heredado y que habían convertido a su familia política en una de las más ricas de la provincia; si los vinos de su suegro ya habían sido galardonados, él mereció algún premio en exposiciones nacionales de ganado lanar. Además, en la capital alcarreña tenía otros negocios como un molino de aceite y una fábrica de cal.
Como propietario agrario impulsó la asociación de los campesinos alcarreños; en 1893 renovó el Cabildo de Hacendados y Labradores de Guadalajara, una entidad medieval circunscrita a la capital alcarreña y que bajo su dirección se convirtió en una importante asociación corporativa y en el mejor antecedente de la Cámara Agraria Provincial, y en 1898 fue miembro del Consejo de la Asociación de Agricultores de España, en la que su suegro, Diego García Martínez, había ocupado señalados cargos directivos, Sin embargo, en 1904 vio frustrado el proyecto de establecer en Guadalajara una Asociación Provincial de Labradores, a cuya asamblea fundacional estaba convocada la plana mayor del caciquismo romanonista. y en 1909 firmó con Rafael Pajares y Fernando Güici la convocatoria para constituir una Federación Agraria de Castilla-La Nueva, a cuya junta interina pertenecían.
Su acción política
Pero Ángel Campos se dedicó principalmente a la política, no sólo ocupando distintos cargos institucionales, sino también ejerciendo un activo periodismo político. Entró en la política provincial dentro de las filas del liberalismo dinástico, que dirigía su suegro Diego García Martínez, máximo dirigente de la élite provincial y cabeza de una familia que gobernaba la provincia desde la Guerra de la Independencia. Después de la muerte de su cuñado, Diego García Gamboa, todo parecía indicar que iba a ser él quien recogiese de aquél el testigo como próximo líder de la burguesía liberal alcarreña, puesto para el que no le faltaba vocación ni capacidad y que su familia política ocupaba desde hacía casi un siglo. Sin embargo, la irrupción en 1886 de Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones, en el panorama político provincial desde las filas del Partido Fusionista Liberal le privó de cualquier opción para ponerse al frente de la hegemónica corriente progresista de Guadalajara.
Desairado, en 1891 abandonó el liberalismo progresista y se integró en las huestes del republicanismo, dando repetidas muestras públicas de animosidad contra el conde de Romanones, al que se enfrentó en las elecciones legislativas de 1893, sufriendo una severa derrota y obteniendo un resultado poco más que testimonial. En 1893 ya pertenecía a la Junta Directiva del Círculo Republicano de Guadalajara, junto a personalidades como Manuel González Hierro, Miguel Mayoral Medina o Manuel Diges Antón, y en 1896 fue elegido presidente del Comité Republicano Progresista de Guadalajara.
Durante esos años desplegó una actividad tan continua como encomiable, fundando El Atalaya de Guadalajara, semanario del que fue director desde que vio la luz, el 11 de agosto de 1889, hasta enero de 1897, en que fue destituido por romper con los partidos republicanos que sostenían la publicación, siendo sustituido al frente del semanario por Felipe Pérez Cerrada; quedó en sus páginas el recuerdo de sus muchos editoriales y artículos escritos y rubricados con su nombre, con algún seudónimo o incluso sin firma. Fue El Atalaya de Guadalajara un semanario de confección muy atractiva, con colaboraciones de prestigio y calidad y abierto a las nuevas realidades sociales; con Flores y Abejas, cuya orientación política era menos evidente, renovó profundamente la prensa alcarreña y la preparó para afrontar los retos del siglo XX. Mientras tanto, colaboró con otras publicaciones alcarreñas, como Flores y Abejas o La Alcarria Ilustrada; en su nota necrológica, Flores y Abejas destacaba que “era un escritor notable y en diferentes publicaciones dejó el fruto de su privilegiado entendimiento”.
También fue redactor de La Legislación Sanitaria, revista profesional en defensa de los intereses médico-farmacéuticos que dirigía Joaquín García Plaza y que sacó su primer número el día 1 de marzo de 1898, sustituyendo como portavoz de los profesionales sanitarios de la provincia a El Atalaya de Guadalajara, que había sido elegido órgano de la Asociación Médico-farmacéutica, 
una sociedad que él personalmente promovió junto a otros colegas de profesión e ideales republicanos, como Manuel González Hierro o José López Cortijo, y a la que se sumó la práctica totalidad de los profesionales sanitarios guadalajareños. Fue secretario de la citada Asociación en 1892 y uno de sus principales dirigentes hasta su disolución.
Frustrada su carrera política en las filas republicanas por la hegemonía romanonista, se reintegró al liberalismo dinástico y aceptó el liderazgo del conde de Romanones, lo que le permitió entrar en las instituciones provinciales, aunque nunca pudo acceder a cargos de ámbito nacional, seguramente por el veto personal de Álvaro de Figueroa. En 1898 fue elegido diputado provincial por el distrito de Sigüenza y Atienza y ocupó el cargo de secretario de la corporación alcarreña. En 1901 se le propuso que se presentase como candidato a concejal en la lista del Partido Liberal, pero no aceptó por motivos de salud, accediendo a acudir en los siguientes comicios con el respaldo del liberalismo romanonista, llegando a convertirse en alcalde de la capital alcarreña entre el 21 de octubre de 1905 y el 8 de febrero de 1907; el 25 de diciembre de 1908 renunció a su acta de concejal, junto con los ediles Aurelio Oliver y Juan Alejandre, porque no se tomó en consideración una moción suya relativa a la traída de aguas a la ciudad.
De su labor como alcalde cabe destacar el arreglo del Jardinillo de San Nicolás, aunque se criticó que bautizase a la plaza con el nombre de su suegro Diego García, la conclusión de las obras de las Casas Consistoriales, cuyo retraso había sido usado por el conde de Romanones para inhabilitar a la mayoría republicana del concejo, y los primeros trabajos para traer a la ciudad arriacense las aguas de Torija.
Su labor social
Desplegó una actividad social muy intensa, como lo demuestra la dura crítica que recibió desde las páginas del semanario Flores y Abejas durante su período al frente de la alcaldía arriacense: “Es tan bondadoso, tan sumamente bondadoso, nuestro Alcalde Sr. Campos, que aún a trueque de arrostrar los más grandes contratiempos y de sufrir las mayores amarguras, es incapaz de desatender los requerimientos de la amistad, a la que siempre rindió fervorosísimo culto. De poco tiempo a esta parte, nuestro distinguido amigo el Alcalde viene siendo una especie de padrino universal. […] Un día acompaña hasta las gradas del altar a dos enamorados que concertaron unirse en matrimonio; otro sostiene ante la pila del bautismo a una que otra angelical criatura, en tanto que el sacerdote derrama sobre la cabecita del catecúmeno las redentoras aguas del Jordán”.
De su infatigable labor social destacamos que en 1891 fue Bibliotecario en la primera Junta Directiva del recién nacido Ateneo Instructivo del Obrero, en cuya fundación colaboró activamente con otros jóvenes republicanos, y que en 1895 era socio del Ateneo Escolar Caracense. Si en 1891 ocupó una vocalía en la Junta Directiva de la primera Cámara de Comercio de Guadalajara, en 1897 era elegido presidente del Casino de Guadalajara, que su suegro había fundado casi treinta años atrás. Formó parte de la Junta Directiva de la sección provincial de la Unión Iberoamericana, junto a conocidos republicanos, o de la directiva de la Tienda Asilo arriacense, a cuya junta promotora había pertenecido en 1892 como director de El Atalaya de Guadalajara.
Además en octubre de 1897 perteneció a la Junta Provincial de Socorros a inútiles de guerra, establecida a raíz del recrudecimiento del conflicto colonial ultramarino, y que presidía su suegro, Diego García Martínez. y durante varios años fue delegado provincial de la Cruz Roja, cuya Junta provincial presidía en el momento de su muerte y en la que le acompañaban Manuel María Valles, Telesforo Aurelio Olivier y Luis Cordavias. En premio a sus desvelos, en el año 1909 se le concedió la Placa de la Cruz Roja, la máxima distinción que otorgaba la Asamblea General de esta sociedad. Aunque Luis Cordavias le acusó, después de que hubiese fallecido, de haber pertenecido a la masonería, no hemos encontrado rastro de su actividad en las logias alcarreñas, y más bien nos parece un falso rumor fruto del rencor personal.
A su muerte, su viuda donó, como era voluntad del fallecido, su biblioteca personal, que sumaba aproximadamente medio millar de volúmenes, al Instituto General y Técnico de Guadalajara, por consejo del profesor Aurelio Olivier, según recogía el profesor Juan Dantín Cereceda en un hermoso artículo laudatorio publicado en Flores y Abejas el 22 de octubre de 1916.
JUAN PABLO CALERO DELSO

sábado, 2 de diciembre de 2017

BENITO PASARÓN LIMA

PASARÓN LIMA, Benito
[Madrid, 5 de junio de 1838 / Vitoria, 24 de agosto de 1908]

Benito Pasarón Lima, también conocido como Benito Pasarón y Sánchez-Lima y en ocasiones, por error, como Benito Pasarón Lastra nació en Madrid el 5 de junio de 1838, hijo de Ramón Pasarón Lastra y de Vicenta Sánchez Lima, y falleció en Vitoria, mientras pasaba allí unos días de vacaciones, el 24 de agosto de 1908, siendo trasladados a Madrid sus restos mortales. Contrajo matrimonio con Matilde Sanmartín e Ibáñez de la Rentería, que falleció el 16 de julio de 1906, y con la que tuvo varios hijos. A pesar de sus raíces familiares en ambas orillas del río Eo, el matrimonio siempre residió en Madrid, en las calles Lope de Vega 22, 2º derecha y Zorrilla número 23.
El ascenso social de la familia Pasarón Lastra, de la mano de una carrera política y militar que a lo largo de los años centrales del siglo XIX había superado los estrechos márgenes de la comarca del río Eo, fue evidente y se puso de manifiesto con los hermanos Pasarón Lima; si Benito se casó con la única hija del Comisario de Guerra Francisco de Sanmartín y Vinent, su hermana, María Dolores, contrajo matrimonio en 1864 con Eduardo Flórez e Ibáñez de la Rentería, hijo del conde de Casa Flórez.
Realizó estudios de Leyes en la Universidad Central madrileña y en 1860 obtuvo el doctorado en Derecho Administrativo, jurando como abogado del Colegio de Madrid el 2 de enero de 1862. Ejerció la abogacía, siendo administrador y albacea testamentario de varios personajes de la aristocracia y de la alta burguesía, gracias a sus contactos familiares. Durante algún tiempo fue juez municipal en la capital del reino; en diciembre de 1864 fue nombrado Juez de Paz en el distrito madrileño de Inclusa y Promotor Fiscal sustituto del Distrito de Palacio. Ya en la Restauración, fue Juez de instrucción interino de los distritos madrileños de Oeste y de Latina, y Juez municipal del Distrito de Audiencia.

Gobernador civil de Guadalajara
La deriva autoritaria del régimen moderado le animó a apoyar a la oposición más frontal al gobierno de Ramón María de Narváez, como puso de manifiesto en 1865 al remitir, junto con su padre, 500 pesetas para la suscripción abierta para los muertos y heridos de la Noche de San Daniel, cuando el 10 de abril la Guardia Civil cargó con fiereza contra la multitud que protestaba pacíficamente por la destitución del catedrático Emilio Castelar y del rector.
Como su padre y sus tíos, apoyó la Revolución Gloriosa de septiembre de 1868. Pero fue la influencia familiar, más que sus propios méritos, la causa de que fuese nombrado gobernador civil de la provincia alcarreña en junio de 1872, en sustitución de Juan de la Cruz Martínez, aunque hubo un nombramiento anterior que no llegó a incorporarse a su destino. La dificultad para encontrar un gobernador para Guadalajara quizás tuvo que ver con la oposición que Diego García Martínez, líder de la elite progresista provincial, mostró al nuevo gabinete de Manuel Ruiz Zorrilla.
Como gobernador civil, podemos señalar su carácter conciliador y su firme defensa del tradicional programa progresista: libertades ciudadanas, Milicia Nacional… A pesar de su juventud e inexperiencia, sabemos que contaba con un fuerte respaldo político, pues una semana después de su nombramiento consiguió que Manuel López Cuenca fuese designado nuevo Secretario del Gobierno Civil de Guadalajara, como consecuencia del apoyo institucional de su padre, que era diputado por Pastrana.
Durante su mandato tuvo que enfrentarse a la Tercera Guerra Carlista, que alcanzó en la provincia de Guadalajara una gran intensidad, con el levantamiento constante de partidas guerrilleras de campesinos en todas las comarcas y la connivencia de varios alcaldes con los alzados en armas a favor del pretendiente. Su propósito era “que el sentimiento liberal de esta provincia, fuerte por la fe, aunque oprimido por las tendencias de anteriores gobiernos, recobre todo su vigor y energía y lleve su espíritu a la nueva vida política que se inaugura y que tanto ha de contribuir a mejorar la condición moral de los pueblos y a desarrollar sus intereses materiales”.
A él se debe la reorganización de la Comisión Provincial de Monumentos, que decidió reunir todas las obras de arte que aún quedaban en el itinerante Museo Provincial, solo 326 de las 900 que se inventariaron en 1837, en una sala del Palacio del Infantado. Este Museo Provincial tuvo de nuevo una vida muy breve y en 1877, destinado el Palacio de los Mendoza a Colegio de Huérfanos de Guerra, se acogieron los cuadros y obras artísticas restantes a la hospitalidad de la Diputación Provincial.
Al proclamarse la Primera República el 11 de febrero de 1873, presentó su dimisión, pero no por eso se alejó de la actividad política. Antes al contrario, el protagonismo que disfrutaba Ramón Pasarón Lastra pasó a su hijo, que fue diputado por el distrito de Castropol en las elecciones celebradas el 10 de mayo de 1873, ganando por solo 25 votos al republicano federal Aramburu. En esa legislatura formó parte de la Mesa del Congreso, a pesar de ser candidato radical y no pertenecer al partido republicano; por eso, cuando el Parlamento fue disuelto violentamente por la irrupción del general Manuel Pavía y, para dar visos de legalidad al golpe militar, se decidió disolver las Cortes, quedó en activo una comisión parlamentaria encargada del palacio de la carrera de San Jerónimo de la que formó parte junto con los ex-diputados Manuel Becerra, Julián García San Miguel, Ventura Olavarrieta, Fernando León y Castillo, Ángel Mansi y Antonio Palau.

Sus últimos años
Durante la Restauración, se mantuvo fiel al espíritu progresista y fue uno de los promotores y accionistas de la Institución Libre de Enseñanza. Políticamente, formó parte de la corriente política que se identificaba con el dirigente lucense Manuel Becerra, y así, en 1885 le encontramos en la Junta Directiva del Círculo de la Izquierda Dinástica de la calle del Lobo de Madrid, que acogía a la corriente más avanzada del liberalismo.
En la legislatura que arrancó con las elecciones del 4 de abril de 1886 fue diputado liberal por el distrito de Sigüenza, en sustitución de Antonio Díaz Valdés que, a su vez, había sustituido a Antonio Botija Fajardo, en una elección parcial realizada el 9 de marzo de 1890. Como consecuencia, tomó posesión de su escaño el día 2 de abril de 1890 y solo permaneció como diputado hasta la disolución de las Cortes el 29 de diciembre de ese mismo año. En esta ocasión, su vuelta al Congreso de los Diputados se debió, muy seguramente, más a la influencia de Manuel Becerra, uno de los líderes más destacados del ala izquierda del Partido Liberal en la Restauración, que a la antigua influencia de su padre en tierras alcarreñas.
Esa relación le valió a Benito Pasarón para que el 22 de febrero de 1889 fuese nombrado Jefe Superior de Administración y director general de Administración y Fomento del Ministerio de Ultramar, a cuyo frente se encontraba por entonces Manuel Becerra, y posteriormente director general de Gracia y Justicia en el mismo departamento. Dimitió el 4 de julio de 1890 alegando su mal estado de salud.
Aunque el ejercicio de la abogacía fue su principal actividad profesional, también participó en algunos negocios mineros y de ferrocarriles, llegando a ser, en el año 1881, director general y gerente de la Compañía de los Ferrocarriles Carboníferos de Aragón, que afrontaba serias dificultades y cambios de titularidad, aunque pudiera ser que esta responsabilidad fuese debida a su condición de abogado ante los procedimientos legales de compra de la empresa por nuevos accionistas.
Tuvo una intensa vida social, propia de la burguesía madrileña de su tiempo, y así en 1890 le encontramos formando parte de la Junta de Socorros constituida por los vecinos del barrio de las Cortes para auxiliar a los enfermos de la última epidemia. Fue socio, desde el año 1902, de la Sociedad Filarmónica madrileña y en 1889 se le concedió la Orden de Isabel la Católica.
JUAN PABLO CALERO DELSO