CEREZO CEREZO, Ignacio
[Torresaviñán,
1 de febrero de 1898 - Molina de Aragón, 24 de octubre de 1959]
Ignacio Cerezo
Cerezo nació a las seis y media de la noche del día 1 de febrero de 1898 en el
domicilio familiar del número 13 de la calle de la Travesaña de Torresaviñán,
una pequeña localidad de la provincia de Guadalajara, situada a una docena de
kilómetros en línea recta de Sigüenza, en la que por entonces residían poco más
de un centenar de habitantes. Y murió en Molina de Aragón el día 24 de octubre de
1959.
Era hijo de Ezequiel
Cerezo Casado y de Elena Cerezo García, ambos nacidos y vecinos de
Torresaviñán, siendo sus abuelos paternos Antonio Cerezo y Fermina Casado y los
maternos Mamerto Cerezo Guijarro y Petra García. Aunque él sostenía que “mi padre,
mis hermanos, mis tíos, toda mi familia son labradores en Torresaviñán y en los
pueblos limítrofes”, lo cierto es que su familia ocupaba una posición
desahogada y su padre fue secretario del Ayuntamiento de Torresaviñán y asumió
otras responsabilidades municipales.
Ignacio Cerezo
Cerezo contrajo matrimonio con Carmen de Diego Ortega, que falleció el 20 de
abril de 1985, y tuvieron cuatro hijos: Elena, Ulises –nacido en julio de 1936
en Sigüenza-, Prometeo -que vino al mundo en Almazán en 1938-, y Alfonso Cerezo
de Diego, a tres de los cuales puso nombres relacionados con la cultura clásica griega de
la que era declarado admirador.
Su vida laboral
Parece ser que
Ignacio Cerezo solo acudió a la escuela primaria, pues su hijo Prometeo
afirma que su padre era autodidacta, y siendo joven debió de colaborar con
las labores agrícolas en las fincas de la familia –“yo mismo he ido a labrar,
como cualquier otro campesino de la provincia”-, aunque declara de sí mismo que
a los 21 años “comprendí que tenía más aptitudes para el trabajo intelectual
que para el corporal y estudié para Correos”, preparando la oposición mientras
cuidaba las ovejas de su padre. En cualquier caso, fue un hombre culto que
dominaba la lengua francesa y con inquietudes literarias, llegando a reunir una
notable biblioteca particular.
En el año 1920 se
presentó a las oposiciones para ingresar en el cuerpo de funcionarios de
Correos, aprobando los ejercicios y siendo Ceuta su primer destino como Oficial
de 3ª interino. Finalmente, con fecha del 16 de julio de 1923, fue destinado a
la estafeta de Correos de Sigüenza, fijando su residencia en el número 3 de la
calle de Santa Bárbara de esa ciudad, oficina de la que más adelante fue
nombrado administrador, ocupando ese cargo hasta el final de la Guerra Civil,
con breves paréntesis, en comisión de servicios, en las carterías de Alcolea
del Pinar y del balneario alavés de Zuazo con motivo de las vacaciones
veraniegas.
Solo abandonó ese
puesto por motivos políticos. Como consecuencia de su activa oposición a la
Dictadura del general Miguel Primo de Rivera, el 1 de diciembre de 1929 fue
obligado a trasladarse a la oficina principal de Correos de Bilbao, de donde
solo puedo regresar tras la caída del dictador, siendo ascendido al año
siguiente a Oficial 2º con igual destino. Del mismo modo, como resultado del
obligado expediente de depuración al terminar la Guerra Civil, en 1942 fue
desplazado forzoso a la administración de Correos de Molina de Aragón, donde
permaneció hasta su fallecimiento.
Su actividad sindical
A pesar de su empleo
como funcionario de Correos, Ignacio Cerezo Cerezo fue uno de los dirigentes
sindicales agrarios más destacados de la provincia de Guadalajara en los años
previos a la Guerra Civil. En las comarcas septentrionales que dependían de la
diócesis de Sigüenza existía desde 1902 una red sindical agraria de carácter
confesional dirigida por el canónigo seguntino Hilario Yaben, que la mantenía
al margen de la Confederación Nacional Católico-Agraria, mientras que en
aquellos pueblos de la provincia alcarreña que dependían del arzobispado
toledano se había ido construyendo desde 1917 otra red agraria católica, más
débil e inestable, gracias a propagandistas como los sacerdotes Juan Francisco
Correas y Conceso Alario.
Pero la mentalidad
integrista de Hilario Yaben, su personalidad autoritaria y la subordinación de
la acción sindical a su ideario político, que en 1918 le llevó a presentarse a
las elecciones legislativas en disputa con el conde de Romanones, ya habían
provocado algunas disensiones en la constitución del sindicato de Atienza. Por
eso en 1926 se fundó en la ciudad mitrada una Asociación de Labradores
aconfesional y apolítica que se extendió por las comarcas de Sigüenza, Atienza
y Jadraque, con relaciones y simpatías en otras áreas de la provincia, y que
tenía a Ignacio Cerezo como cabeza visible, como demuestra su participación en
el primer Congreso Nacional Cerealista convocado en Valladolid desde el 25 de
septiembre de 1927.
El extraordinario crecimiento
de la Asociación permitió, entre otras iniciativas, que en 1929 se acordase
crear un fondo, al que todos los socios aportarían 20 pesetas o una fanega de
trigo, para conceder “crédito de abonos y granos a los labradores que lo
necesiten” y comprar al por mayor cereales y ganado para ofrecerlo a mejor precio
a sus socios, lo que representaba un abierto desafío a la red confesional de
Hilario Yaben, que basaba parte de su éxito en las Cajas Rurales locales, con
las que rivalizaba la recién nacida Caja de Ahorro y Crédito de la Asociación
Mutua de Labradores.
Quizás por ese
motivo el gobernador civil de la Dictadura primorriverista, Manuel Cabello
Lapiedra, decidió intervenir la junta directiva de la Asociación y cubrir los
cargos con miembros de la Unión Patriótica, además de desterrar a Ignacio
Cerezo a Bilbao, como ya señalamos. A los pocos días del final de la Dictadura,
los socios de la “Asociación a la que pertenece la mayoría de agricultores de
la comarca” se enfrentaban en una asamblea con la junta designada por el último
gobernador civil primorriverista, exigiendo “a grandes voces que se marchasen y
entregasen los fondos de la Asociación”, a lo que respondieron los de Unión
Patriótica que “a ellos les nombró el gobernador y no se marcharán en tanto no
sean destituidos gubernativamente”, lo que, naturalmente, no tardó en
producirse.
Como podemos
suponer, su activismo sindical en un período tan convulso se tradujo en una
militancia política. Seguramente, las raíces familiares de Ignacio Cerezo
Cerezo eran republicanas, pues en 1903 el médico Ignacio Cerezo Contrera fue
uno de los firmantes, junto a Valentín de la Peña, Julio Gordo, Cecilio
Vicioso, Fidel y Lorenzo Ochoa y Carmelo Lafuente, de un manifiesto de los
republicanos de Sigüenza en el que recomendaban el voto para los candidatos a
diputados provinciales Ramón Martínez Conde y Salvador Rangil. Por eso mismo, no es de extrañar que fuese en las filas
del republicanismo donde Ignacio Cerezo Cerezo iniciase su trayectoria política, pues durante
su corta estancia en Bilbao se hizo socio del Casino Republicano de la ciudad
el 14 de diciembre de 1929.
Al caer el Directorio
de Primo de Rivera el 30 de enero de 1930, Ignacio Cerezo regresó a su puesto
en la estafeta de Correos de Sigüenza y se afilió al PSOE, presidiendo el
primer comité de la recién nacida Agrupación Socialista de Sigüenza,
seguramente impulsada por él y Teodoro Torreira, y que se constituiría antes de
acabar el año 1930, llegando a firmar, como los más destacados intelectuales
del partido obrero, un artículo en el número extraordinario que El Socialista publicó el 1 de enero de
1931, además de otras colaboraciones en el órgano del partido socialista entre
diciembre de 1924 y abril de 1931.
Además, de vuelta a
su tierra natal se puso de nuevo al frente de la Asociación de labradores, que
no pudo sustraerse al ambiente fuertemente politizado de aquel bienio y se
orientó decididamente hacia el republicanismo, como reacción a la injerencia
del régimen de Alfonso XIII, con una marcada simpatía hacia el PSOE que se
ponía de manifiesto en su Boletín Agrario.
Una vez proclamada
la República, el 16 de mayo de 1931 se reunió la Junta Directiva de la citada
sociedad de agricultores y acordó designar a Ignacio Cerezo como su candidato
para los próximos comicios a Cortes Constituyentes, decisión que también aprobó
dos días después la de Jadraque. Como agrupaba a 3.300 afiliados en 84 pueblos
de las comarcas septentrionales de la provincia, se decía que eso supondría el
respaldo de unos 5.000 electores –cifra que se confirmó tras el escrutinio-, y
se pretendía que, con ese aval, Ignacio Cerezo figurase en la candidatura común
de la Conjunción republicano-socialista, cuya victoria en las elecciones
municipales del 12 de abril de ese año había traído la república. Sin embargo,
no fue elegido para su terna electoral, que finalmente incluyó a Marcelino
Martín González del Arco, José Serrano Batanero y Eduardo Ortega y Gasset.
Su acción política
No por eso
desistieron, tanto la Asociación como su presidente, de concurrir a las
elecciones. Pero, en contra de lo que se ha dicho, esta candidatura de Ignacio
Cerezo Cerezo en junio de 1931 ni fue estrictamente personal ni acudió a la
lucha electoral como independiente, pues formaba parte de un proyecto político
de ámbito nacional, la Agrupación Social Republicana Independiente, nacida como
brazo político de la Liga Nacional de Campesinos bajo el impulso del
propagandista del catolicismo social Antonio Monedero Martín, que también había
roto con la Confederación Nacional Católico-Agraria, y de Manuel Machimbarrena
Aguirrebengoa. Su lema, “¡Adelante los pequeños!”, ya mostraba con claridad su apuesta
por la defensa de los modestos propietarios, sin la tutela de los
terratenientes vinculados al régimen monárquico que lastraba a la Confederación
católica. Aunque mantenía su raíz confesional “invocando el precepto de la
fraternidad cristiana, el más grande y noble de todos los sentimientos y el que
mejor da la medida del grado de cultura de los pueblos”, se identificaba sin
fisuras con la nueva República: “Igualdad, Libertad y Fraternidad bien
entendidas son los tres grandes faros que han de alumbrar y vivificar la
naciente república y que la Agrupación Social Republicana hace suyos”.
No parecía, a
priori, que esta lista agraria republicana careciese de oportunidades para
sentar a alguno de sus candidatos en el Congreso de los Diputados. Al notable
respaldo que Ignacio Cerezo tenía entre los pequeños agricultores del norte de
Guadalajara, se le sumaba la popularidad de Antonio Monedero entre los vecinos
de los pueblos de la provincia, pues ya había hecho alguna gira de propaganda,
siendo la más reciente la que le llevó en 1927 a Masegoso y Cifuentes,
reuniendo en esta última localidad a 2.000 agricultores y ganaderos convocados
por su Liga Nacional Campesina.
A la vista de la
documentación que se conserva podemos afirmar que tampoco es fácil adscribir a
Ignacio Cerezo a la derecha republicana, como prueban algunas de las propuestas
de su programa electoral: “yo soy partidario de la nacionalización o
socialización de los ferrocarriles, tranvías, teléfonos, etc.”, proponía que
“hasta que se llegue al desarme general, los jóvenes no deben permanecer en el
ejército nada más que el tiempo que tarden en aprender la instrucción: quince o
treinta días” y solicitaba la gratuidad de la enseñanza secundaria y
universitaria. Sin embargo, se oponía al divorcio y más tarde señaló su rechazo
al sufragio femenino. En cualquier caso, la competencia electoral de
esta Agrupación Social Republicana de Guadalajara con el conde de Romanones,
con Hilario Yaben y con la Conjunción republicano-socialista ratifica la
autonomía de esta tercera vía y nos obliga a reevaluar el panorama político y
social de Guadalajara en ese momento.
Pero los resultados
no acompañaron a esta opción electoral; frente a la victoria indiscutible de
los tres candidatos de la Conjunción republicano-socialista –con 24.000 votos
aproximadamente para José Serrano Bataneo y Marcelino Martín-, y del conde de
Romanones, que con 18.000 papeletas solo se pudo imponer por menos de mil votos
a Eduardo Ortega y Gasset –el candidato cunero de la Conjunción-, se constató
el fracaso tanto de Hilario Yaben –que recabó 10.000 papeletas- y del resto de
candidatos católicos –José Arizcun y Francisco de Paula Barrera-, como de los
republicanos ajenos a la coalición gubernamental –Antonio Moscoso, Luis Casuso
y Manuel Altimiras-. Por parte de Acción Social Republicana, Antonio Monedero
sumó casi 7.500 papeletas, Ignacio Cerezo rozó las 6.000 y Manuel Machimbarrena
solo cosechó 3.124 sufragios.
El fracaso de la
candidatura y el escaso desarrollo del partido, desembocaron en la ruptura
entre Antonio Monedero e Ignacio Cerezo que, en la primavera de 1936, criticó
públicamente a los sindicatos de la Liga Campesina, aduciendo que “este señor y
sus agentes han constituido Ligas de Campesinos en miles de pueblos, que en la
inmensa mayoría de los casos han desaparecido ya o no existen más que en el
papel. Los labradores no han mejorado nada con tales Ligas, pero en cambio
dicho Sr. Monedero y sus agentes les sacaron a los labradores de cada uno de
los pueblos de esas Ligas unos cientos de pesetas, y contra reembolso de esas
pesetas les enviaban unos libros en blanco y un sello de caucho que valdrían en
junto ocho o diez pesetas”.
Aunque todavía en
1935 participó en la suscripción impulsada por el diario La Libertad en favor de los huérfanos de los trabajadores
insurgentes fallecidos con motivo de la Revolución de Octubre en Asturias, a lo
largo del período republicano se fue alejando tanto del PSOE como del
republicanismo progresista y se fue aproximando a posiciones ideológicas cada
vez más moderadas. Fue públicamente calificado como trásfuga y
político reaccionario, primero por Francisco Gonzalo, cartero y presidente de
la Casa del Pueblo de Sigüenza, y más tarde por el dirigente comunista Vicente
Relaño desde las páginas del semanario Abril
en su número del 31 de agosto de 1935. Aunque él rechazó con vehemencia estas
acusaciones, también dejó entrever que en las elecciones de febrero de 1936 no
había votado por el Frente Popular y había apoyado al candidato centrista Luis
Casuso, con el que se había enfrentado en 1931 y que tampoco en esta ocasión
salió elegido diputado.
En
cualquier caso, su deriva conservadora, en alianza con sus antiguos rivales en
el sindicalismo agrario, se hizo evidente. En 1932 formaba parte de la Cámara
Agraria Provincial, reducto habitual de los grandes propietarios, llegando a
firmar un acuerdo de colaboración entre la Asociación de agricultores y la Cámara,
que fue incumplida por esta última institución. Y en 1933 ya era agente para
Sigüenza y Atienza de la Asociación de Agricultores de España, cuyo delegado en
la provincia era Fernando Palanca Martínez-Fortún, un militar y terrateniente
que había sido alcalde de la capital alcarreña durante la Dictadura de Primo de
Rivera.
Pero a pesar de
estos enfrentamientos políticos con destacados militantes de la izquierda
provincial, durante los meses del verano de 1936 en los que Sigüenza y su
comarca estuvieron bajo el control del gobierno republicano, Ignacio Cerezo no
fue molestado y siguió ejerciendo como funcionario del cuerpo de Correos. En
ese período, en el que la afiliación sindical era muy recomendable, se
inscribió en el Sindicato Único de Telecomunicaciones de la CNT, e incluso
contribuyó con 10 pesetas a la suscripción abierta por el periódico CNT de Madrid en favor de las víctimas
del fascismo, como se recoge en el número correspondiente al 25 de septiembre
de 1936 de esa publicación.
Tras la caída de la
ciudad episcopal en manos del ejército rebelde, Ignacio Cerezo siguió viviendo
en Sigüenza y trabajando, en un primer momento, como empleado de Correos en la
estafeta local, según se deduce de una cuestación para la reconstrucción de la
catedral seguntina que fue publicada en El
Henares del 27 de diciembre de 1936, donde aparece la suscripción de
“Ignacio Cerezo, oficial de Correos” con la cantidad de 15 pesetas. Durante el
resto del conflicto, según reconoce su hijo Prometeo, trasladó a su familia a
la vecina localidad soriana de Almazán que estaba más alejada del frente de
guerra y donde residían algunos familiares del matrimonio Cerezo de Diego.
Después de pasar el
preceptivo expediente de depuración de las autoridades franquistas, en su caso
incoado por el Juzgado Especial de la Dirección General de Correos y
Telecomunicación, fue apartado del servicio durante algún tiempo y desterrado a
Molina de Aragón, hasta que en 1942, degradado en su categoría, fue asignado a
la administración de Correos de Molina de Aragón, como ya señalamos, localidad
a la que se trasladó con toda su familia y en la que siguió residiendo, en el número 8 de la calle Quemadales, hasta su
fallecimiento, aunque visitaba Sigüenza con frecuencia.
Durante los años que
estuvo suspendido de empleo y sueldo como consecuencia del expediente de
depuración se ganó la vida impartiendo clases particulares en su propio domicilio
y con la representación comercial de algunas compañías de seguros y de maquinaria
agrícola, coadyuvando de ese modo a la modernización de la agricultura en los
pueblos del Señorío, que recorría en bicicleta hasta que sufrió un accidente.
También vendía máquinas de coser y, con la ayuda de su hija Elena, daba cursos para aprender a coser a máquina.
Su actividad periodística
Estrechamente
vinculada a su labor sindical estuvo su actividad periodística. En la segunda
década del siglo pasado fue redactor del semanario seguntino La Defensa, y en calidad de colaborador
de esa cabecera en 1925 fue admitido en la Asociación de la Prensa de
Guadalajara. También publicó artículos esporádicamente, siempre sobre temas
agrarios, en El Sol, Flores y Abejas, El Progreso de Lugo, El
Avisador Numantino o el semanario Renovación
de Jaén, entre otras publicaciones; además de colaborar con El Socialista, como ya indicamos.
También es posible que fuese corresponsal del diario progresista madrileño La Libertad, a juzgar por la crónica
puntual y detallada de las actividades de la sociedad de labradores seguntina
que ofrecía este periódico.
Pero sobre todo
destacó por su dirección del Boletín
Agrícola de la mencionada Asociación de agricultores, cuya junta directiva
aprobó iniciar su publicación en una reunión celebrada en Sigüenza el 12 de
septiembre de 1928. Su primer número salió del taller tipográfico seguntino de
Cándido Rodrigo el 10 de octubre de ese mismo año y su último número se publicó
el 5 de mayo de 1936. Se distribuía gratuitamente a los afiliados al sindicato
y se vendía por diez céntimos al público en general. Durante el destierro de
Ignacio Cerezo en Bilbao, se interrumpió temporalmente la publicación y fue
sustituido interinamente en la dirección del Boletín por su hermano José Cerezo.
Además de sus
artículos periodísticos, también escribió varios cuentos y relatos y fue autor
de un guión para una película de temática medieval, basado en el Libro del caballero Zifar, pero los
altos costes de rodaje desanimaron a un productor cinematográfico de llevarlo a
la gran pantalla.
JUAN PABLO CALERO DELSO